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Un repaso general de los asombrosos sistemas irreduciblemente complejos del cuerpo humano


Nota del Editor: Desde aquí queremos expresar nuestro agradecimiento al doctor Glicksman por su contribución con una espléndida serie, «El Cuerpo Diseñado», durante el pasado año y medio. Los médicos, como hemos ido observando desde el principio, ocupan un lugar especial entre los pensadores que han elaborado el argumento en pro de un diseño inteligente de la vida. Quizá se deba a que, más que los biólogos evolutivos, están familiarizados con el reto que significa mantener en marcha un sistema complejo, el cuerpo humano. El doctor Glicksman ejerce medicina paliativa para una organización de cuidados paliativos. Para los artículos de esta serie traducidos al español,haga clic aquí. Para la serie completa en inglés, vea aquí.

Al final de su introducción a What We Can't Not Know [Lo que no podemos desconocer], el filósofo y miembro del Centro para la Ciencia y la Cultura J. Budziszewski cita a George Orwell, que escribió que «Ahora nos hemos hundido tan bajo que reformular lo evidente es el primer deber de los hombres inteligentes». En esta serie, que concluyo hoy, he tratado de seguir su ejemplo.

Es un misterio apabullador aquello que permite que los billones de células en tu cuerpo vivan siguiendo las leyes de la naturaleza. Cada célula funciona como una micromáquina computerizada constituida por muchos componentes. Todos estos componentes deben recibir suficiente energía para producir muchas diferentes moléculas para sus estructuras y funciones. Se tienen que proteger del mundo exterior por una membrana plasmática que la rodea. Para conseguir lo que necesita para vivir y para librarse de lo que puede matarla, la célula tiene que dejar pasar sustancias químicas a través de su membrana plasmática, lo que la hace vulnerable a las fuerzas de difusión y de ósmosis.

Los científicos saben que si la célula no resiste estos efectos de la naturaleza, ésta morirá debido a su incapacidad de controlar su volumen de agua y contenido químico. Para compensar este efecto natural, la célula tiene un millón o más de bombas de sodio-potasio en su membrana plasmática que bombean constantemente iones de sodio y que introducen iones de potasio al interior para mantenerse con vida. La célula obtiene la energía que necesita para impulsar esas bombas y realizar todo lo demás que necesita para vivir usando unas enzimas específicas para descomponer la glucosa en presencia de oxígeno en un proceso llamado respiración celular. Pero, ¿cómo consigue la célula su suministro de oxígeno, agua, glucosa y todas sus otras necesidades?

El cuerpo tiene muchos diferentes sistemas orgánicos que, conjuntamente, ayudan a llevar y transportar las sustancias químicas que necesitan sus células, y que eliminan las dañinas. El sistema respiratorio introduce oxígeno en el cuerpo, y elimina el dióxido de carbono. El sistema gastrointestinal introduce agua, sal, azúcar y otras sustancias químicas vitales y el sistema renal elimina el exceso de agua, sal, ácidos y desechos metabólicos. Todas estas sustancias químicas  son transportadas en la sangre que circula por el cuerpo por el sistema cardiovascular. Pero esto no es suficiente para permitir que el cuerpo sobreviva dentro de las leyes de la naturaleza.

El sistema neuromuscular no sólo nos indica cuándo respirar, beber y comer, sino que también lo hace posible. Nos hace conscientes de nuestro medio, controla nuestra respiración y nuestro sistema cardiovascular, y nos da la capacidad de movernos alrededor y de manipular objetos. los huesos dan soporte y protección a los órganos del cuerpo. También proporcionan una estructura sólida para los músculos, a fin de posibilitar nuestras actividades. La piel proporciona una barrera frente al mundo exterior, a la vez que realiza numerosas tareas adicionales. El sistema inmune protege al cuerpo de invasiones de microorganismos. El sistema de coagulación de la sangre impide que nos desangremos debido a heridas triviales. El sistema endocrino ayuda al cuerpo a controlar muchos aspectos de su crecimiento, desarrollo y metabolismo. Y el sistema reproductor permite nuevas vidas humanas.

Sin embargo, la mera posesión de cada de uno de estos sistemas en su lugar para realizar sus diversas funciones no significa automáticamente que un cuerpo específico y la raza humana en general seguirán sobreviviendo. Como nuestra supervivencia depende de que nuestras células tengan suficiente oxígeno para operar apropiadamente, la ruta común final hacia la muerte, no importa cual sea la causa, es el paro cardiopulmonar. Esto es cuando tu corazón se detiene, o tu respiración se detiene, o ambas cosas se detienen simultáneamente. La experiencia clínica demuestra que una disfunción significativa de uno o más de los sistemas anteriormente citados tiene el potencial de conducir el cuerpo por esta ruta. Entonces, ¿cómo lo hacen estos sistemas orgánicos para permitir la supervivencia? Sin todos ellos, nuestros más antiguos antepasados nunca hubieran podido vivir el tiempo suficiente para reproducirse y proseguir la lucha por la supervivencia de los más aptos.

El sentido común nos dice que para controlar algo es preciso tener un sensor que pueda detectar lo que se tiene que controlar; un integrador que capte esta información, que decida lo que se debe hacer, y enviar instrucciones; y unefector que reciba las órdenes y realice lo necesario para mantener el control. Un buen ejemplo de esto es cómo un conductor sabe si su automóvil está funcionando de manera adecuada. El fabricante sitúa sensores exactamente donde son necesarios para poder seguir la situación de cosas como el combustible, el aceite y el fluido refrigerante anticongelante. La información de estos sensores se integra enviándola a unos medidores calibrados en el salpicadero. Cuando alguno de esos medidores indica un problema potencial, el conductor, que actúa aquí como efector, se detiene en una estación de servicio para solucionar el problema.

Así también, en el caso de sustancias químicas (como el oxígeno) y de parámetros fisiológicos (como la presión de la sangre), el cuerpo tiene unos sensores específicos situados exactamente donde necesitan estar (como en las arterias principales) que envían la información a un integrador (como el cerebro) donde esta información se analiza, y se toman decisiones acerca de lo que es necesario hacer, y desde donde se envían instrucciones (como a los sistemas respiratorio y cardiovascular).

El doctor Michael Behe dice que un sistema irreduciblemente complejo es «un sistema único compuesto de varias partes bien conjuntadas que interaccionan y que contribuyen a la función básica, siendo que la eliminación de cualquiera de las partes hace que de hecho el sistema cese de funcionar». La experiencia clínica muestra que no sólo todos nuestros sistemas orgánicos son como un todo irreduciblemente complejos a nivel macro, porque sin cualquiera de ellos el cuerpo cesa de funcionar, sino que cada uno de ellos es también irreduciblemente complejo al nivel micro.Esto se debe a que sin sensores, o integradores o efectores específicos que permitan a cada uno de ellos asumir el control de un parámetro químico o fisiológico determinado, el cuerpo también ya se puede considerar como muerto.

Se precisa de una imaginación muy vívida para creer que todas las partes necesarias para mantenerte con vida se unieron entre sí exactamente en los lugares correctos y con la capacidad de realizar las funciones correctas en precisamente los momentos precisos, sólo por casualidad y por las leyes de la naturaleza. Esto es precisamente lo que creen y enseñan los biólogos evolutivos: que la vida se originó a partir de sustancias químicas originadas al azar y que se unieron para formar células primitivas que a su debido tiempo se desarrollaron para formar organismos multisistémicos con unos complejos planes corporales, como nosotros mismos. Pero el punto de partida de los biólogos evolutivos es sólo la apariencia de la vida, y no cómo realmente funciona, en particular cómo funciona dentro del marco de las leyes naturales para sobrevivir. Después de todo, el cuerpo está constituido de materia, y, por ello mismo, igual que todos los átomos y las moléculas, resulta afectada por las leyes de la física y de la química. Y estas leyes se deben tener en cuenta.

La experiencia clínica nos enseña que justo porque un sistema sea irreduciblemente complejo y pueda funcionar no significa que pueda operar lo suficientemente bien para hacer lo necesario. Si ponemos un motor con una potencia demasiado pequeña en un automóvil demasiado grande y pesado, podrá descender por una pendiente, pero no tendrá suficiente energía para contrarrestar la inercia, la fricción y la resistencia aerodinámica que encontrará en una carretera llana, o la gravedad cuando trate de ir cuesta arriba. Cualquier ingeniero te podrá explicar por qué: cuando se trata de realizar tareas dentro de las leyes de la naturaleza, los números reales tienen consecuencias reales. Si el motor no tiene suficiente potencia para superar el peso del automóvil y las otras fuerzas de la naturaleza que impedirían su movimiento, no funcionará correctamente, así de sencillo.

Del mismo modo, cualquier científico médico sabe que ninguna cantidad de imaginación podría haber permitido la supervivencia de la raza humana, excepto si su cuerpo mantuviera los niveles adecuados de oxígeno, dióxido de carbono, ión hidrógeno, agua, sodio, potasio, glucosa, calcio, hierro, amoníaco, albúmina, proteínas transportadoras, insulina, glucagón, hormona tiroidea, cortisol, testosterona, estrógeno, aldosterona, paratohormona, enzimas digestivos, bilis, eritrocitos, leucocitos, plaquetas, factores de coagulación y anticoagulación, complementos, anticuerpos, temperatura, ritmos cardíaco y respiratorio, tensión arterial, volumen pulmonar, velocidad de las vías aéreas, gasto cardíaco, función hepática y renal, función hipotalámica, y velocidad de los impulsos nerviosos —para nombrar los descritos en artículos anteriores de esta serie.

Cuando se trata de esos cuarenta factores, gobierna el principio de Ricitos de Oro. Por esto se significa que, a no ser que todos estén en su medida precisa y correcta, la vida es imposible. Así, los sistemas orgánicos y los mecanismos que usan para mantener el control son irreduciblemente complejos, pero además deben poseer también lo que yo llamo capacidad natural de supervivencia y conocer de manera inherente cuáles han de ser los niveles de esos cuarenta factores.

Es una experiencia universal plantearnos preguntas acerca de qué significa ser humano, por qué estamos aquí, cómo debiéramos vivir, y cuál es la naturaleza de nuestro destino. Pero, ¿cómo puede nadie comenzar siquiera a buscar respuestas a esas preguntas si han sido engañados acerca de su origen? El intelecto humano está dirigido a la verdad. Es sólo la persona irracional la que quiere que se le mienta cuando hacen una pregunta sincera. Cuando Darwin propuso su teoría, no sabía nada de biología molecular y celular, ni nada en particular de fisiología humana. Como dice Stephen Meyer (véase The Information Enigma [El enigma de la información]), la causa en operación que impulsa la vida es la información, específicamente información digital o tipográfica que, como nos enseña la experiencia, procede de una mente, no de un proceso material. En otras palabras, cuando se trata de la vida capaz de sobrevivir dentro de las leyes de la naturaleza, todo se reduce a números. No hay suficiente con una información para constituir la estructura y las funciones de la célula y para desarrollar sistemas de órganos irreduciblemente complejos. Los seres vivos deben tener también la capacidad de supervivencia natural para conocer qué deben hacer y cuándo y hasta qué grado, y con cuánta rapidez, todo lo cual puede medirse de manera objetiva de forma digital.

Algunos creen que la vida —todo lo que hay— llegó a existir exclusivamente por azar y por las leyes de la naturaleza. Otros aplican una reflexión crítica y usan los métodos de la ciencia histórica para inferir la explicación más verosímil. Concluimos que las evidencias, consideradas de manera objetiva, apuntan a un diseño inteligente. Como he tratado de exponer en esta serie de artículos, esta evidencia incluye nuestros cuerpos y sus funciones. Y es ciertamente un misterio. Mírate al espejo, y maravíllate.
17:11

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