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Determinar la fecha de los evangelios es muy importante. Si se puede establecer que los evangelios fueron escritos antes del año 70 d.C., entonces, tendríamos buenas razones para creer que quienes los escribieron fueron los mismos discípulos de Jesús; así, su fiabilidad, autenticidad y exactitud serán mejor apoyadas. Además, si los evangelios hubieran sido escritos en una época más temprana, esto significaría que no habría habido suficiente tiempo para que el mito entrara en los registros de los evangelios, ya que los mismos, testimoniaban de la vida de Cristo y la razón por la que estos se escribieron. Aún más, aquellos en contra de Cristo y del naciente cristianismo, y que estaban vivos al momento de los eventos, hubieran podido argumentar los registros de los evangelios; pero como no tenemos escritos contradictorios acerca de estos, tanto la autoría temprana, como también la autoría apostólica, se volvería aún, más fundamental.
Lucas y Hechos: La destrucción del templo en el año 70 d.C. 
Ninguno de los evangelios menciona la destrucción del templo judío en el año 70 d.C. Esto es significativo ya que Jesús había profetizado su destrucción: “Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas, dijo: 6 En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida.” (Lucas 21:5-6, ver también Mateo 24:1; Marcos 13:1). Esta profecía fue cumplida en el año 70 d.C. cuando los romanos saquearon a Jerusalén y quemaron el templo. Al hacerlo, el oro del templo se derritió entre las paredes de piedra y los ambiciosos romanos removieron piedra por piedra estas paredes para obtener así el oro derretido. Tan claro cumplimiento de la profecía de Jesús hubiera tenido que ser registrado por los escritores de los evangelios si ellos hubieran escrito después del año 70 d.C. Además, si los evangelios fueran inventos de eventos míticos o leyendas, entonces, todo aquello usado para reafirmar las reclamaciones mesiánicas, tales como la destrucción del templo como la profetizó Jesús, seguramente habría sido incluido. Pero el hecho de que no se incluyeron, sugiere que los evangelios; por lo menos el de Mateo, Marcos y Lucas, fueron escritos antes del 70 d.C.
De igual manera, este argumento es importante cuando consideramos la fecha del Libro de los Hechos, el cual fue escrito después del evangelio de Lucas, siendo Lucas el autor de ambos. Hechos es el relato histórico de la iglesia cristiana después de la ascensión de Jesús. Este libro, tampoco menciona los eventos increíblemente significativos del año 70 d.C., los cuales hubieran sido extremadamente relevantes y proféticamente importantes y naturalmente, se hubieran tenido que incluir en este libro si estos hubieran sucedido antes de que Hechos hubiera sido escrito. Recuerde que Hechos es un libro que trata acerca de la historia temprana de la iglesia. El hecho de que la destrucción de Jerusalén y del templo –eventos significativamente importantes– no se hayan registrado, es un fuerte indicio de que Hechos fue escrito antes del 70 d.C. Si a esto le agregamos el hecho de que no incluye los registros de “la persecución por parte de Nerón a los cristianos en el año 64 d.C. o la muerte de Santiago (62 d.C.), Pablo (64 d.C.), y Pedro (65 d.C.)” [1] tenemos entonces evidencias adicionales de que fue escrito mucho antes que los eventos antes mencionados y no mucho después de la ascensión de Jesús al cielo.
  • Hechos 1:1-2: "El primer registro que compuse, Teófilo, acerca de todas las cosas que Jesús empezó a hacer y a enseñar, 2 hasta el día en que fue tomado arriba, después de que había dado órdenes por el Espíritu Santo a los apóstoles a quienes Él había escogido."
Muchos eruditos afirman que Hechos fue escrito por Lucas y que Teófilo (del griego “Dseófilos”, “amigo de Dios”), "podría haber sido el patrón de Lucas el cual financió el escrito de Lucas y Hechos." [2] Esto significa que el evangelio de Lucas fue escrito antes que Hechos (Hch 1:1).
  • "El Libro de Hechos no pudo haber sido escrito antes de la señal cronológica que se encuentra en el libro—la de Festo señalado como procurador (24:27), la cual, y con base en fuentes independientes, parece haber ocurrido entre los años 55 y 50 d.C." [3]
  • "Es cada vez más aceptado que el Documento Q, el cual data de una época temprana, antes del 50 D.C., como el evangelio de Marcos y Hechos, escrito por Lucas, fueron escritos cuando Pablo todavía se encontraba vivo. El evangelio de Lucas es antes que Hechos (Hch 1:1). La fecha de Hechos todavía se encuentra en disputa, pero la más temprana (cerca del año 63 d.C.) está ganando aceptación.”[4]
Para claridad, se supone que Q es una de las fuentes documentales usadas tanto por Mateo como por Lucas para escribir sus evangelios. Si Q realmente existiera, entonces esto llevaría a los primeros escritos de las palabras y hechos de Cristo aún más en el pasado, disminuyendo así el tiempo, para que el mito hubiera entrado lentamente de manera tal, que le agregaría validez y veracidad a los registros de los evangelios. Si es verdad lo que se dice en Hechos, esto podría significar que Lucas escribió, por lo menos, antes del 63 d.C., y posiblemente antes, entre el 55 al 59, ya que Hechos es el segundo en la serie de escritos de Lucas. Esto significaría que el evangelio de Lucas fue escrito dentro de los siguientes treinta años después de la muerte de Jesús.

Mateo

La iglesia primitiva en forma unánime, sostiene que el evangelio de Mateo fue el primer evangelio escrito por el apóstol del mismo nombre (Mateo 10:2-4: “Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; 3 Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, 4 Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó”). Finalmente, la prioridad de Mateo como el primer evangelio escrito ha llegado a estar bajo sospecha con relación a Marcos, el cual, es considerado por muchos como el primer evangelio escrito. Pero el debate está lejos de terminar.
El historiador Papias menciona  que el evangelio de Mateo estaba escrito originalmente en arameo o hebreo y le atribuía su autoría a Mateo, el apóstol. [5]
  • "Ireneo (alrededor del 180 d.C.) continuó con el punto de vista de Papias acerca de Mateo y Marcos agregando su creencia de que Lucas, el seguidor de Pablo, escribió en un libro el evangelio predicado por ese apóstol, y de que Juan, el Discípulo Amado, publicó su evangelio mientras estaba viviendo en Asia. En el tiempo de Ireneo, Hechos también fue relacionado con Lucas, el compañero de Pablo.”[6]
Esto podría significar que si Mateo escribió originalmente en arameo, él podría haber usado a Marcos como guía, agregando y aclarando ciertos eventos como los recordaba él. Pero esto no se sabe con certeza.
La cita más temprana que se hace de Mateo se encuentra en Ignacio, quien murió alrededor del 115 d.C. Por lo tanto, Mateo estaba en circulación mucho antes de que Ignacio apareciera en escena. Las fechas, tan ampliamente variadas, sostienen como posible tiempo de los escritos de los evangelios los años del 40 al 140 d.C.  Pero Ignacio murió alrededor del 115 d.C. y él había citado a Mateo; por lo tanto, Mateo tuvo que haber sido escrito antes de que Ignacio muriera. Aun así, generalmente se cree que Mateo fue escrito antes del año 70 d.C. y tan temprano como el 50 d.C.

Marcos

Marcos no fue testigo ocular de los eventos de la vida de Jesús. Él, fue discípulo de Pedro e indudablemente fue Pedro quien le informó a Marcos de la vida de Cristo y le guió al escribir el evangelio conocido con su nombre.
  • "Papias reclamaba que Marcos el Evangelista, el cual nunca había escuchado hablar de Cristo, fuera el intérprete de Pedro, y que él cuidadosamente llevó un registro de todas las cosas que recordaba de la predicación de Pedro." [7]
Generalmente se dice que Marcos fue el evangelio más temprano con una autoría del mismo entre los años 55 al 70 d.C.

Lucas

Lucas no fue testigo ocular de la vida de Cristo; él fue compañero de Pablo quien a su vez, tampoco fue testigo de la vida de Cristo. Sin embargo, ambos tuvieron una gran oportunidad de conocer a los discípulos que sí conocieron a Cristo y aprendieron, no solo de ellos, sino también de otros en el área. Algunos podrían considerar esta situación como dañina en cuanto a la validez del evangelio, pero es todo lo contrario. Lucas fue un gentil convertido a Cristo el cual, estaba interesado en los hechos y debido a esto, habría, obviamente, entrevistado a los testigos oculares y escrito el registro del Evangelio, así como también, el de Hechos.
  • Hechos 1:1-13: “En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, 2 hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; 3 a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.”
Note como habla Lucas: “a los apóstoles”, “a quienes”, “apareciéndoseles”; o sea, aquellos que habían tenido encuentros personales con Cristo. Lucas está simplemente narrando los eventos contados por los discípulos. Debido a que Lucas está de acuerdo con Mateo, Marcos y Juan y debido también a que no existe información contradictoria dada por los discípulos con relación a que Lucas no fuera veraz, y el hecho de que Lucas había demostrado ser un historiador muy veraz, podemos entonces concluir que el registro de Lucas es muy exacto.
En cuanto a la fecha del evangelio, Lucas fue escrito antes que el Libro de Hechos y éste, no menciona “la persecución de los cristianos por parte de Nerón en el 64 d.C., o las muertes de Santiago (62 d.C.), Pablo (64 d.C.), y Pedro (65 d.C.).” [8]
Por lo tanto, podemos concluir que Lucas fue escrito antes del 62 d.C.
  • “El evangelio de Lucas va antes que el Libro de los Hechos (Hch 1:1). La fecha de Hechos está todavía en discusión, pero la fecha temprana (alrededor del 63 d.C.) está ganando apoyo constantemente." [9]

La introducción de la historia de la Navidad en el evangelio de Lucas resulta familiar para muchos de nosotros...


Y aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. [Lucas 2:1-3, The Holy Bible, New King James Version.]


En este pasaje del evangelio de Lucas, leemos de un edicto de Augusto César por el cual todo el mundo debía pagar impuestos, y todo el mundo debía regresar a sus ciudades de nacimiento para un censo formal. También leemos que este concepto de registro y pago de impuestos fue decretado por primera vez cuando Cirenio (también conocido como Quirinio) gobernaba Siria. Bien, por siglos, este texto entero fue considerado una invención, ya que no existía ningún registro secular de tal censo romano, o de que la gente había tenido que regresar a sus ciudades de origen. También, el único registro de Cirenio (Quirinio) como "gobernador" de Siria fue del 6 al 7 d.C. (Josefo), demasiado tarde para coincidir con el registro bíblico. 

¿Adivinen qué? Descubrimientos recientes revelan que los romanos sí tenían un registro regular de pago de impuestos, y mantenían un censo formal cada 14 años, comenzando en el reinado de Augusto César. [E. M. Blaiklock, "Quirinius," The Zondervan Pictorial Encyclopedia of the Bible, vol. 5, Zondervan Publishing House, 1976, 6. Ver también: http://users.rcn.com/tlclcms/census.html#Anchor4] Adicionalmente, una inscripción y otras evidencias arqueológicas revelan que Cirenio "gobernaba" realmente en Siria alrededor del 7 a.C. (aunque no con el título oficial de "gobernador", él era el líder militar en el territorio). [Ronald Marchant, The Census of Quirinius: The Historicity of Luke 2:1-5, Interdisciplinary Biblical Research Institute, Research Report #4, 1980, 4-6, http://www.ibri.org/04census.htm.] Finalmente, un papiro descubierto en Egipto discute generalmente el sistema de los impuestos romanos, declarando lo siguiente: "Debido al próximo censo es necesario que todos aquellos que residan por alguna causa lejos de sus ciudades, deben de inmediato prepararse para regresar a sus gobiernos originales para que puedan completar el registro familiar del empadronamiento..." [http://users.rcn.com/tlclcms/census.html#Anchor4. Citado en Maier, Fullness, 4, quien esta citando de A. H. M. Jones, ed., A History of Rome through the Fifth Century, Harper and Row, 1970, II, 256f. ]

Tuve que admitir que Lucas pasó mi noción de "prueba de credibilidad." De hecho, su estilo distaba mucho del fanatismo religioso que yo esperaba. Como yo, su único objetivo al escribir sus relatos era el recopilar la evidencia y presentar el "caso" histórico de Jesús y sus enseñanzas. Para mí, era impresionante que Lucas escribiera su texto entero como un trabajo de investigación -- "un relato ordenado" -- para un oficial romano llamado Teófilo. He aquí el comienzo del relato de Lucas:

"Me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido."

Entonces, como un comentarista de historia de autoridad, Lucas pasó mi prueba con creces.

Juan

El escritor del evangelio de Juan fue obviamente un testigo ocular de los eventos de la vida de Cristo, ya que él habla desde la perspectiva de haber estado presente durante muchos de los eventos sucedidos en el ministerio de Cristo y demuestra un buen conocimiento de la geografía y costumbres de Israel.
El fragmento del papiro 52 de John Rylands encontrado en Egipto acerca del evangelio de Juan y fechado en el año 125-135 contiene porciones de Juan 18, versículos 31-33. 37-38. Es el último de los evangelios y parece haber sido escrito entre los años 80 y 89. Muchos eruditos dicen que éste fue escrito al inicio del 90. Esto significa que el lapso de tiempo entre el escrito original de Juan y su copia más temprana (fragmento) es de aproximadamente de 35 a 45 años.
Es importante hacer notar la falta de mención de la destrucción del templo judío en el 70 d.C., pero esto es entendible ya que Juan no se estaba enfocando en eventos históricos y escribió el evangelio tal vez unos 20 años antes de la destrucción del templo. Juan se enfocó en el aspecto teológico de la persona de Cristo y enumeró Sus milagros y palabras que afirman la deidad de Cristo.
Aunque todavía existen algunos debates acerca de las fechas de cuándo los evangelios fueron escritos, estos, muy seguramente fueron terminados antes de que finalizara el primer siglo y fueron escritos por testigos oculares o bajo la dirección de testigos oculares.
En el evangelio de Juan, Jesús sana a un hombre en el Estanque de Betesda. Juan describe que el estanque tenía cinco pórticos. [Juan 5:1-15] Hasta recientemente, este lugar era un punto de escepticismo por parte de los expertos. Entonces, a poco más de doce metros debajo de la tierra, los arqueólogos descubrieron un estanque con cinco pórticos, y un área alrededor que coincide perfectamente con la descripción de Juan. [http://www.digbible.org/tour/bethesda.html.] Más adelante en el texto, Juan describe el Estanque de Siloé, [Juan 9:7] otro lugar de contención por cientos de años. Bien, arqueólogos descubrieron este estanque en 1897. [http://www.bible-history.com/jerusalem/firstcenturyjerusalem_pool_of_siloam.html.]
Más adelante en el evangelio de Juan, Juan describe a Poncio Pilatos hablando con Jesús, desde su silla de juicio, en un lugar llamado "el Pavimento" ("Gabbatha" en hebreo). 5 Por cientos de años, expertos han usado este "mito" para rechazar el relato de Juan acerca de Jesús y el juicio de Pilatos, porque no existía ningún registro histórico de una corte llamada Gabbatha o "el Pavimento" en Jerusalén. Sin embargo, el famoso arqueólogo William Albright reveló que ese lugar fue, de hecho, la corte de la Torre de Antonia, la cual fue destruida por los romanos entre el 66 y 70 d.C. Permaneció enterrada cuando Jerusalén fue reconstruida en los tiempos de Adrian, pero fue recientemente descubierta durante excavaciones allí. [William Albright, The Archaeology of Palestine, Penguin Books, 1960.]
Bien, esto es excelente para el "soporte del lugar," pero ¿qué hay de esos "gigantescos" personajes tales como Poncio Pilatos, el procurador de Roma quien presidió el juicio de Jesús? 
Bien, en 1961, arqueólogos descubrieron un fragmento de una placa en Cesarea, una ciudad romana a lo largo de la costa mediterránea de Israel. La placa fue escrita en latín e incrustada en una sección de escalones que conducen al Anfiteatro de Cesarea. La inscripción incluye lo siguiente: "Poncio Pilatos, Prefecto de Judea ha dedicado al pueblo de Cesarea un templo en honor de Tiberio." El emperador Tiberio reinó desde el 14 al 37 d.C., coincidiendo perfectamente con el relato del Nuevo Testamento que escribe que Poncio Pilatos se desempeñó como gobernador desde el 26 al 36 d.C. [Price, The Stones Cry Out, 307-308.] 
Pero... ¿no fue el Nuevo Testamento escrito cientos de años después de Cristo?
Aunque algunos dicen que el Nuevo Testamento fue escrito entre 100 y 300 años después de que Cristo murió, la verdad es que éste fue escrito antes de que se terminara el siglo 1º por aquellos que conocían personalmente a Cristo, que habían tenido encuentros con Él o que estaban bajo la dirección de aquellos que fueron los discípulos de Jesús. [10]

Muchos ateos piensan que ya que la resurrección de Jesús no puede ser probada científicamente, entonces no es real. Pero el método científico no puede demostrarlo todo; sólo sirve para experimentos que pueden ser repetidos en un ambiente controlado. Si sólo existiera el método científico, no podrías demostrar que hoy has estado en clase a primera hora de la mañana.  Para demostrar si un hecho histórico fue verdadero o no, recurrimos a la prueba histórica legal, basada en el testimonio oral, escrito y exhibición de objetos, y que sirve para demostrar que algo es un hecho fuera de toda duda razonable. Cuando hablamos de Jesús y decimos que Él fue el Hijo de Dios, que obró milagros y proezas y que resucitó es frecuente escuchar a un ateo preguntarte: “¿Pero cómo podemos saber que eso fue realmente así? ¿Cómo fiarnos de esos textos? Quién sabe si es todo inventado. Además, fueron escritos muchos años después de la muerte de Jesús y en todo este tiempo se han podido exagerar los hechos y forjar una leyenda que creció poco a poco”. Pero ¿y si aplicáramos esta misma vara de medir a todos los demás libros?

Al respecto, el escritor Josh McDowell comenta: “Tenemos a nuestra disposición la historia escrita por Tucídides (460-400 AC), la cual se basa sólo en ocho manuscritos que datan del año 900 DC, es decir de 1300 años después de que lo escribiera. Los manuscritos de la historia de Herodoto son de una fecha igualmente posterior y escasos pero como indica F.F. Bruce “ningún erudito en la literatura clásica estaría dispuesto a escuchar el argumento de que la autenticidad de Herodoto o Tucídides sea puesta en duda por el hecho de que los manuscritos más primitivos de sus obras que podemos leer fueron escritos 1300 años después de escritas las obras originales”. Aristóteles escribió su obra Poética alrededor del 343 AC. Sin embargo la más antigua copia data del 1100 DC. Esto quiere decir que entre el original y la copia hubo un período de 1400 años. Sólo existen cinco manuscritos de esta obra. César compuso su Historia de las guerras gálicas entre el 58 y el 50 DC. La autoridad de su obra, en lo que se refiere a manuscritos, se basa en manuscritos escritos mil años después de su muerte”.

En contraste, del Nuevo Testamento hoy existen más de 20.000 copias manuscritas y la mayoría de especialistas concuerda en que los textos fueron redactados en el siglo I DC, es decir, sólo unas pocas décadas después de que ocurrieran los hechos y en el caso de los discípulos por fuentes de primera mano además, es decir, por testigos oculares, por hombres que conocieron a Jesús en persona y que vivieron y trabajaron codo a codo con él. ¿Pero cuándo fueron redactados los Evangelios?  ¿Muchísimo después de la muerte de Jesús como dicen los ateos? ¡Nada más lejos de la realidad! Sir Frederic Kenyon, quien fue director y bibliotecario del Museo Británico, afirmó: “El intervalo entre las fechas de la composición original y la más primitiva evidencia existente es tan pequeño que, verdaderamente, es insignificante”. Por su parte William Albright, considerado el más destacado arqueólogo bíblico a nivel mundial, escribió: “Podemos afirmar con absoluta seguridad que ya no hay ninguna base sólida para determinar el tiempo en que se escribió el Nuevo Testamento en fecha posterior al 80 DC”.


Dicho de otro modo, obras esenciales de la Historia nos han llegado en número de manuscritos muy inferior a los Evangelios y en textos separados por un número de siglos que se acerca al milenio, pero nadie duda de su veracidad. ¿Por qué aplicar un criterio diferente a los Evangelios que nos  han llegado en un número mucho mayor y en manuscritos mucho más cercanos a la obra original? ¿Por qué la Biblia ha de ser la excepción a la regla? La Biblia -y en modo especial el Nuevo Testamento- supera con sobresaliente la prueba histórica legal ya que tanto los testimonios escritos así como la exhibición de objetos que los prueban (a través de la arqueología por ejemplo) no hacen sino reforzar la idea de que esta obra no es únicamente la Palabra de Dios sino también la fuente historiográfica más importante de toda la Antigüedad. ¿Cómo aceptar como veraz un texto separado del acontecimiento descrito por más de mil años y luego desconfiar de uno separado del hecho por apenas cincuenta años? No existe ninguna razón de peso para ello salvo el prejuicio, que dicho sea de paso constituye un criterio muy poco científico.
Anteriormente, se demostró que Mateo, Marcos, y Lucas fueron escritos antes del año 70 d.C. Básicamente, el libro de los Hechos fue escrito por Lucas; pero en Hechos, Lucas no menciona la destrucción de Jerusalén sucedida el año 70 d.C., ni tampoco menciona las muertes de Santiago (62 d.C.), Pablo (64 d.C.), y Pedro (65 d.C.). Debido a que Hechos es un documento histórico que trata acerca de la iglesia, esperaríamos ver, naturalmente, importantes eventos registrados si Hechos hubiera sido escrito después de los eventos antes mencionados. Hechos 1:1-2 menciona que éste, es el segundo escrito de Lucas; por lo tanto, el evangelio de Lucas fue escrito aún antes que el libro de Hechos. Jesús también profetizó la destrucción del templo en los evangelios: “Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas, dijo: 6 En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida.” (Lucas 21:5-6 ver también Mateo 24:1; Marcos 13:1). Sin duda, si Mateo, Marcos y Lucas hubieran sido escritos después de la destrucción del Templo, estos, la habrían incluido, pero debido a que no fue descrita en ninguno, es un fuerte indicio que fueron escritos antes del año 70 d.C.
Se supone que el evangelio de Juan fue escrito por el apóstol Juan, desde la perspectiva de un testigo de primera mano de los eventos de la vida de Cristo. El fragmento 52 del papiro de John Rylands del evangelio de Juan, fechado entre los años 117 al 138 d. C., contiene partes de Juan 18:31-33, 37-38. Este fragmento fue encontrado en Egipto y fue necesario que pasara mucho tiempo para la circulación del evangelio antes de que llegara a Egipto. Éste, es el último de los evangelios y parece haber sido escrito en los años 80 a 90 D.C.
Una anotación importante con relación a este evangelio, es la falta de mención de la destrucción del templo judío en el año 70 d.C. Pero esto es entendible ya que Juan no menciona la profecía de Jesús de la destrucción del templo debido a que no se estaba enfocando en los eventos históricos. En vez de esto, él se enfocó en el aspecto teológico de la persona de Cristo y enumeró Sus milagros y palabras que afirmaban la Deidad de Cristo. Esto tiene sentido debido a que previamente conocía los escritos de los evangelios.
Aún más, 1ª, 2ª y 3ª de Pedro también contienen el mismo estilo de escritura así como el evangelio de Juan y el libro de Apocalipsis el cual se supone que fue escrito al final de los 80 o principios del 90 de la Era Cristiana.

Los escritos de Pablo: Romanos, 1ª & 2ª Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1ª & 2ª Tesalonicenses, 1ª & 2ª Timoteo, Tito, Filemón

El apóstol Pablo fue convertido al cristianismo y Hechos 9, habla de su conversión. Como vimos, Hechos fue escrito antes del año 70 d.C. y Pablo escribió las Epístolas Paulinas antes de su muerte en el 64 d.C. Aún más, en 1ª Corintios 15:3-4 hay un credo temprano de la iglesia cristiana donde Pablo menciona que Jesús había muerto y resucitado. “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Co 15:3-4). Note que en el versículo 3 Pablo dice que él recibió esta información muy probablemente de los apóstoles debido a que había interactuado con ellos (Ver, Gálatas 1-2). Esto significa que Pablo recibió la versión del evangelio a través de un testigo. Los apóstoles y Pablo fueron contemporáneos y murieron antes de que se acabara el siglo 1º. Por lo tanto, los escritos de ellos fueron terminados dentro del tiempo de vida de los apóstoles de Jesús.

Hebreos

No se sabe con seguridad quién escribió el libro de Hebreos. La autoría de éste se le ha atribuido a Pablo, Bernabé (Hch 4:36), Apolos (Hch 18:24), etc. La única área geográfica mencionada es Italia (He 13:24). La fecha más tardía posible para la escritura de Hebreos es el año 95 d.C., pero la época más temprana en la que pudo haber sido escrito es el año 67 d.C. Hebreos habla del sacrificio del Sumo Sacerdote en el presente (He 5:1-3; 7:27); esto significa posiblemente a que la destrucción del templo de Jerusalén en el 70 d.C. no había sucedido todavía.

Santiago

Esta epístola afirma haber sido escrita por Santiago: “Santiago, siervo establecido de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están dispersas en el extranjero: saludo,” (Stg 1:1). La pregunta es: “¿Cuál Santiago?” ¿Es este Santiago (Nota del Traductor: En algunas versiones en castellano, Santiago se traduce como Jacobo), el hijo de Zebedeo (Mt 10:2-3); Santiago, el hijo de Alfeo (Mt 10:2-3), o el Santiago más común y aceptado que fue el hermano de Jesús? “¿No es este el hijo del carpintero? ¿No se llama María Su madre, y Sus hermanos, Santiago (Jacobo) y José y Simón y Judas? 56 Y sus hermanas, ¿no están todas con nosotros?” (Mt 13:55-56). Note que el contexto de los versículos sugiere la familia cercana desde que éste menciona a la madre de Jesús, hermanos y hermanas. Es probable que Santiago no creyera en Jesús como el Mesías, hasta que se le apareció después de Su resurrección, como se menciona en 1ª Corintios 15:7: “entonces se le apareció a Santiago (Jacobo), después a todos los apóstoles.” Santiago fue martirizado por orden del sumo sacerdote Ananus después de la muerte del “procurador Festus en el año 61 d.C. (Josefo, Antigüedades 20.9).” Por lo tanto la epístola de Santiago fue escrita antes del 61 d.C. [11]

1ª y 2ª Pedro

Ambas epístolas establecen claramente que fueron escritas por Pedro, un testigo de la vida de Jesús y las apariciones posteriores a Su resurrección. Aun cuando algunos han dudado de la autoría de estas dos epístolas, las declaraciones claras y abiertas de cada una nos dicen que Pedro fue el autor: “Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto…” (1 P 1:1) y “Simón Pedro, siervo establecido y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra:” (2 P 1:1). Parece muy lógico que Pedro sea por lo tanto el autor de las cartas que llevan su nombre. Pedro murió en Roma durante la persecución de los cristianos por parte de Nerón alrededor del 64 d.C. Por lo tanto,  las epístolas fueron escritas antes de ese tiempo.

1ª, 2ª, 3ª Juan

El escritor de 1ª Juan no se identifica a sí mismo en la carta. El escritor de 2ª y 3ª Juan se refiere a sí mismo como el “anciano” (2 Jn 1; 3 Jn 1). Con relación a la primera epístola, la autoría se puede determinar razonablemente como de Juan, el apóstol. El inicio de Juan está escrito desde la perspectiva de alguien que estuvo con Jesús (Jn 1:1-4).
  • “Eusebio (Historia Eclesiástica, 3.39) dice de Papías, un oidor de Juan, y amigo de Policarpa que ‘Él uso testimonios de la Primera Epístola de Juan’. Ireneo, de acuerdo a Eusebio (Historia Eclesiástica, 5.8), con frecuencia citaba esta Epístola. Así que en su trabajo Contra las Herejías (3.15; 5.8) él cita a Juan utilizando su nombre, 1ª Juan 2:18…Clemente de Alejandría (Miscelánea, 2.66. página 464) se refiere a 1ª Juan 5:16 así como en la Epístola más larga de Juan.’”[12]
  • “En las listas canónicas más tempranas, las cuales datan de finales del segundo siglo, 1ª Juan ya aparece. Es más, la epístola de 1ª Juan es citada como fidedigna por el Obispo Policarpo de Esmirna (un discípulo de Juan el apóstol) antes de la mitad del siglo 2º. El testimonio de 2ª Juan es casi tan bueno. No existe ninguna referencia a 3ª Juan en el siglo 2º pero no es de extrañar, ya que ésta trata con un tema específico, local.” [13]
Aún más, el estilo de las tres epístolas es muy similar al del evangelio de Juan. 1ª Juan menciona la “palabra de vida” (1 Jn 1:1) como lo hace el evangelio de Juan 1:1, etc. Parece que las epístolas fueron escritas después del evangelio ya que éstas parecen asumir un conocimiento de los hechos del evangelio. Las fechas de estos escritos varían desde el 60 d.C. a los inicios de los 90. [14]

Judas

Judas se identifica a sí mismo como el hermano de Santiago (Jud 1). Es probable que Judas, en verdadera humildad cristiana, no quiera igualarse a sí mismo como el hermano de Jesús como se sustenta tradicionalmente y por la misma Escritura: “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? 56 ¿No están todas sus hermanas con nosotros?” (Mt 13:55-56).6 En lugar de esto, se menciona a sí mismo como siervo de Jesús, de la misma forma como lo hace Santiago. La fecha del escrito parece estar entre los años 68 d.C. a inicios de los 90 d.C. Recuerde que si Judas era hermano de Jesús nació después de Él, lo que significaría lo tardío de la fecha del escrito: El de Judas fue posterior al de Santiago. No se menciona la destrucción de Jerusalén la cual podría haber estado incluida en el escrito considerando que Judas menciona los juicios de Dios tanto sobre los creyentes como los no creyentes (Jud 5-12). Sin embargo, parece ser que Judas pudo haber citado a Santiago.
  • Judas 17-18: “Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; 18 los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos.”
Compárelo con,
  • 2ª Pedro 3:3: “sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,”
Si esta es una cita, colocaría la epístola después del escrito de 2ª Pedro.[15]

Apocalipsis

Juan, es el autor del libro de Apocalipsis:
  • Apocalipsis 1:1: “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,”
“El Mártir Justino (Diálogo con Trypho, página 308) (139-161 D.C.) cita al libro de Apocalipsis, como el trabajo de Juan el apóstol.”[16]
Apocalipsis fue escrito probablemente al final de la vida del apóstol Juan. Algunos sostienen que fue en los años 90 d. C. y que éste, fue el último libro escrito del Nuevo testamento.
¿Por qué no estaba escrito el Nuevo Testamento inmediatamente después de la época de Jesús?
¿Por qué los escritores del Nuevo Testamento esperaron tanto tiempo antes de escribir acerca de los acontecimientos de Jesús? ¿Por qué ellos no escribieron de los eventos en la medida en que estos sucedían? Por ejemplo, si los evangelios fueron escritos antes del año 50 d. C. ¿no significa esto que pasaron casi 20 años entre los acontecimientos reales y su registro? ¿No significa también que la veracidad no puede ser creíble ya que entre los acontecimientos y sus registros pasaron muchos años?
Nosotros no somos capaces de entrar, ni en la mente de Dios ni en la de los escritores del Nuevo Testamento, y decirle por qué pasó tanto tiempo o por qué Dios esperó para que esos acontecimientos se registraran.
Primero: Es una suposición decir que ellos no escribieron, sino después de muchos años. Sin duda, es posible que los acontecimientos fueron registrados, usados para escribir la base de los evangelios, y después, que el producto terminado fuera difundido a través de la iglesia cristiana. Este, no es un argumento muy fuerte. Es simplemente ofrecido como una posibilidad debido a que parece haber evidencia de un documento común que existía antes de Mateo, Marcos, Lucas y Juan; y uno , o más de ellos, pudo haber tomado de este cuando escribieron los evangelios. El documento es conocido como “Q”. Y la letra, significa, “quelle” o “fuente”.
Segundo: No necesariamente las personas escriben al momento en que suceden las cosas. Primero, lo experimentan, y después, sabrán si fue o no significativo como para escribirlo. Posteriormente, y con frecuencia, se pasa a la colaboración con otros testigos para que relaten lo sucedido, para que de esta forma, se registre un informe veraz.
Tercero: No todos sabían leer y escribir. Estamos tan acostumbrados a la idea de que somos capaces de leer y escribir, que asumimos que todas las personas del tiempo del Nuevo Testamento hacían lo mismo. Pero el hecho, es que la gran mayoría de personas en esa época, no leían ni escribían. Muchas personas podrían contratar escribas para que les escribieran sus documentos, los cuales eran considerados como el escrito original de la persona. Por lo tanto, muchos de esos escritos no ocurrirían sino hasta después.
Cuarto: Solo porque alguien escriba 10, 20 o más años después de un acontecimiento, no significa que este no sea confiable. El pueblo judío de ese tiempo eran narradores, pero no en el sentido de inventarlo. La verdad era lo importante para ellos. Después de todo, el Antiguo Testamento incluyó declaraciones como, “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20:16), y “…y no engañaréis ni mentiréis el uno al otro” (Levítico 19:11). Por lo tanto, cuando se escribía acerca de algo –aun después de varias décadas– la verdad era lo que importaba, y los judíos practicaban el decir la verdad a través de las historias y la memorización. Aún más, los registros podían ser verificados por otros que habían sido testigos de esos acontecimientos.
Quinto: Aunque no todos los testigos estaban vivos, una mayoría sí lo estaba. No llevaría mucho tiempo a los escritores tener acceso a las personas en el área para verificar las historias. Después de todo, las personas trabajaban donde vivían, y la mayoría de las personas no se aventuraban a alejarse más de 40 o 50 kilómetros de sus hogares.
Sexto: Dios fue capaz de inspirar a los escritores del Nuevo Testamento, para que fueran capaces de recordar los acontecimientos de forma apropiada. Además, Dios podría colocar a varias personas en el camino de los escritores para obtener de ellas, información que pudo haber sido verificada y registrada.
¿Podemos creer en el Nuevo Testamento como un documento histórico?
Muchas personas no creen que la Biblia sea un documento fidedigno histórico. Pero el hecho es que la Biblia sí es un documento histórico bastante fidedigno. Si miráramos un cuadro comparativo de los documentos bíblicos con otros documentos antiguos, veríamos que la Biblia representa en sí misma, una clase de documento único en cuanto al número de copias antiguas, su veracidad y fiabilidad. Por favor, considere el siguiente cuadro. [17]

Es claramente indiscutible, que los documentos bíblicos, especialmente los del Nuevo Testamento son superiores en cuanto a cantidad, además, el lapso de tiempo entre los acontecimientos que narran sus escritos es más corto que el de los otros documentos, proveyendo así, una mayor y mejor fiabilidad textual.

La Biblia es un libro de historia

Se podría decir que la Biblia es un libro de historia. La Biblia describe lugares, personas y eventos en forma detallada. Es, esencialmente un registro histórico del pueblo de Dios a través de miles de años. Si Ud. abre cualquiera de las páginas de la Biblia se encontrará con el nombre de un lugar o persona. Muchos de sus sitios descritos pueden ser legitimados por la arqueología. Aun cuando esta no puede probar que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios, la arqueología tiene la capacidad de probar o no si algunos eventos y sitios descritos en esta, son verdaderos o falsos. Sin embargo, no existe un solo descubrimiento arqueológico que de alguna manera, desmienta a la Biblia.
Sin embargo, muchos pensaban que la Biblia tenía numerosos errores históricos tales como el registro de Lucas acerca de Lisanias, tetrarca de Abilinia alrededor del año 27 D.C. (Lucas 3:1: “En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia”). Por años los eruditos usaron este “error de hecho” para probar que Lucas estaba equivocado ya que el conocimiento común era que Lisanias no era un tetrarca sino el gobernante de Chalcis o Calcida (ciudad griega) más de 50 años antes que lo descrito por Lucas. Pero una inscripción arqueológica encontrada dice que Lisanias era el tetrarca en Abila una de las ciudades de la Decápolis, cerca de Damasco en la época que Lucas escribe. Resulta que sí hubo dos personas llamadas Lisanias y Lucas habría registrado con bastante precisión los hechos.
También, los destruidos muros de Jericó han sido encontrados tal y como están descritos en la Biblia. Muchos críticos dudaron de que Nazaret alguna vez hubiera existido, pero los arqueólogos han encontrado una inscripción de una sinagoga del primer siglo en Cesarea confirmando su existencia. Los descubrimientos han confirmado la existencia de Herodes el Grande y de su hijo Herodes Antipas. Los restos de la casa del apóstol Pedro se encontraron en Capernaúm. Huesos con cicatrices en pies y muñecas realizadas por clavos han sido también revelados demostrando así la realidad de la crucifixión. Los huesos del Sumo Sacerdote Caifás fueron descubiertos en un osario (una caja usada para guardar huesos).
Por cierto, existen una gran cantidad de excavaciones arqueológicas que corroboran los registros bíblicos tales como Betsaida, Betania, Cesarea de Filipos, Capernaúm, Chipre, Galacia, Filipo, Tesalónica, Berea, Atenas, Corinto, Éfeso, Roma, etc.
Si desea más información, tenemos un argumento para esto y es el argumento arqueológico e histórico.
  1. “Fue encontrada una piedra grabada la cual hace referencia a Poncio Pilato, nombrado Prefecto de Judea.”[18]
    1. Lucas 3:1: “En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato,…”
  2. “Un decreto de Claudio fue encontrado en Delphi (Grecia) describiendo a Galión como procónsul de Acaya en el año 51 d.C., demostrando así una correlación con el ministerio de Pablo en Corinto (Hechos 18:12).”[19]
    1. Hechos 18:12: “Pero siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se levantaron de común acuerdo contra Pablo y lo trajeron delante del tribunal.”
  3. Las excavaciones han revelado un texto nombrando al benefactor Erastus el cual podría ser una referencia relacionada al tesorero de la ciudad de acuerdo a Romanos 16:23. [20]
    1. Romanos 16:23: “Os saluda Gayo, hospedador mío y de toda la iglesia. Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto.”
  4. En Éfeso, partes del templo de Artemisa han sido revelados como se menciona en Hechos 19:28-41. [21] “Es sabido que Cirenio fue hecho gobernador de Siria por Augusto en el año 6 d.C. El arqueólogo Sir William Ramsay descubrió varias inscripciones que indican que Cirenio fue, efectivamente, gobernador de Siria en dos ocasiones. La primera vez fue muchos años antes de esta fecha…la arqueología ha suministrado algunas respuestas inesperadas y de gran apoyo. Adicionalmente, mientras se suministraban los antecedentes detrás de estos eventos, la arqueología también nos asiste en establecer muchos otros hechos. (1) Un censo que servía para la recolección de impuestos era un procedimiento bastante común en el imperio romano y éste, ocurrió particularmente en Judea. (2) Era un requisito que las personas regresaran a sus ciudades natales para poder así cumplir con los requisitos del proceso. (3) Estos procedimientos eran aparentemente utilizados durante el reinado de Augusto (37 a.C.-14 d.C.), ubicándolos dentro del marco de tiempo general del nacimiento de Jesús.”[22]
    1. Hechos 19:28: “Cuando oyeron estas cosas, se llenaron de ira, y gritaron, diciendo: ‘¡Grande es Diana de los efesios!’”
  5. "La honradez histórica de Lucas ha sido certificada por un sinnúmero de inscripciones. Las 'autoridades' (politárjes) de Tesalónica (Hechos 17:6, 8) eran magistrados, los cuales son mencionados en cinco inscripciones de la ciudad en el 1º siglo d. C. Algunas inscripciones cerca de Listra registran, por parte de algunos de los ciudadanos licaoniences, la dedicación a Zeus por medio de una estatua a Hermes; y cera, había también un altar de piedra dedicado al 'Escuchador de Rezos' (Zeus) y Hermes. Esto explica la identificación equivocada que la gente local tuvo de Bernabé y Pablo como si fueran Zeus (Júpiter) y Hermes (Mercurio) respectivamente (Hechos 14:11: "Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros"). Derbe, el siguiente lugar de parada de Pablo, fue identificado en 1956 por Ballance con Kaerti Hüyük cerca de Karaman (AS 7, 1957, pp. 147ff.). La referencia más reciente de Lucas a *Cirenio como gobernador de Siria antes de la muerte de Herodes I (Lucas 2:2) y a *Lisanias como tetrarca de Abilinia (Lucas 3:1) han recibido igualmente soporte debido a las inscripciones".[23]
Existen muchas más cosas arqueológicas verificables de los eventos y lugares bíblicos. Podemos entonces preguntarnos: ¿Es la Biblia digna de confianza? ¡Totalmente! Recuerde que ningún descubrimiento arqueológico ha contradicho la Biblia. Por lo tanto, ya que ha sido verificada una y otra vez a través de los siglos podemos continuar creyendo en esta como un documento histórico veraz.
Referencias:
1. McDowell, Josh, "Una Defensa Lista" ("A Ready Defense") Thomas Nelson Publishers; Nashville, Tennesse., 1993, pág. 80.
2. Walvoord, John F., y Zuck, Roy B., "Comentario del Conocimiento de la Biblia" ("The Bible Knowledge Commentary"), Wheaton, Illinois: Scripture Press Publications, Inc. 1983, 1985.
3. Mays, James Luther, Ph.D., Editor, "Comentario Bíblico Harper" ("Harper’s Bible Commentary"), Nueva York: Harper y Row, Publishers, Inc. 1988.
4. Robertson, A.T., "Una Armonía de los Evangelios" ("A Harmony of the Gospels"), Harper & Row; Nueva York 1950. páginas 255-256.
5. Douglas, J. D., Comfort, Philip W. & Mitchell, Donald, Editors, "Quién es Quien en la Historia Cristiana" ("Who’s Who in Christian History"), Wheaton, Illinois: Tyndale House Publishers, Inc.; 1992.
6. Achtemeier, Paul J., Th.D., "Comentario Bíblico Harper" ("Harper’s Bible Dictionary"), San Francisco: Harper y Row, Publishers, Inc. 1985.
7. Douglas, Comfort, and Mitchell, 1992.
8. McDowell, Josh, "Una Defensa Lista" ("A Ready Defense"), Thomas Nelson Publishers; Nashville, Tennesse, 1993, pág. 80.
9. Robertson, A.T., "Una Armonía de los Evangelios" ("A Harmony of the Gospels"), Harper & Row; Nueva York, 1950. páginas 255-256.
10. De hecho, la gran mayoría de los eruditos escépticos del Nuevo Testamento, apoyan el hecho de que los cuatro evangelios fueron escritos en el siglo 1º.
11. "El Nuevo Diccionario de la Biblia" ["The New Bible Dictionary"] (Wheaton, Illinois: Tyndale House Publishers, Inc.) 1962.
12. Jamieson, Robert; Fausset, A.R.; y Brown, David, "Comentario Crítico y Explicativo sobre toda la Biblia" ["Commentary Critical and Explanatory on the Whole Bible"], (Oak Harbor, WA: Logos Research Systems, Inc.), 1998.
13. Achtemeier, Paul J., “Diccionario Harper de la Biblia” (“Harper’s Bible Dictionary”), San Francisco: Harper y Row, Publishers, 1985.
14. Walvoord, John F., y Zuck, Roy B., "El Comentario del Conocimiento de la Biblia" ["The Bible Knowledge Commentary"](Wheaton, Illinois: Scripture Press Publications, Inc.) 1983, 1985.
15. Este no es el Judas Iscariote que traicionó a Jesús – “…Judas (no el Iscariote) le dijo a Él: “Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros y no al mundo?” (Jn 14:22). También, Clemente de Alejandría ("Adumbrations, en La Epístola de Judas", página 1007), dice: “Judas, por temor reverencial, no se llamó a sí mismo hermano de Jesús, sino siervo de Jesucristo, y hermano de Santiago.” Jamieson, Robert; "Comentario Crítico y Explicativo sobre toda la Biblia" ("Commentary Critical and Explanatory on the Whole Bible").
16. Jamieson, Fausset, y Brown, 1998.
17. Este cuadro fue adaptado de tres fuentes: 1) "Apologética Cristiana" ("Christian Apologetics"), de Norman Geisler, 1976, pág. 307; 2) El artículo “La Arqueología y la Historia Avalan la Fiabilidad de la Biblia” ["Archaeology and History attest to the Reliability of the Bible"] por Richard M. Fales, Ph.D., en "La Evidencia Bíblica", ["The Evidence Bible"], Recopilado por Ray Comfort, Bridge-Logos Publishers, Gainesville, Florida, 2001, pág. 163; y 3) "Una Defensa Lista", ["A Ready Defense"] por Josh Mcdowell, 1993, pág. 45.
18. Íbid.
19. "El Nuevo Diccionario de la Biblia", ("The New Bible Dictionary"), Wheaton, Illinois: Tyndale House Publishers, Inc.; 1962.
20. "El Nuevo Diccionario de la Biblia" ("The New Bible Dictionary").
21. Ibíd.
22. Ibíd.
23. Habermas, Gary R., "El Jesús Histórico: Evidencia Antigua en la Vida de Cristo" ("The Historical Jesus: Ancient Evidence for the Life of Christ"), (Joplin, MO: College Press Publishing Company) 1996.
24. "El Nuevo Diccionario de la Biblia" ("The New Bible Dictionary”).

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Introducción: El punto de partida del presente trabajo es considerar la eutanasia, como se presenta en el debate actual, como un acto no médico. Lo que sostiene esta hipótesis es el análisis de la relación médico-paciente en sus posiciones: se puede decir que la eutanasia no es un acto médico, porque son requeridos, en la interrelación médico-paciente, actos desproporcionados a cada uno di ellos[1]. Por un lado, se pide al médico algo que se encuentra más allá de su competencia –decidir sobre la vida de un ser humano-; por otro lado, se confiere al paciente -o a sus familiares- un derecho que no posee –en el caso de los enfermos terminales- o se elimina un derecho que posee –los neonatos defectuosos. En otras palabras, entra en escena dos personas y se las hace tomar decisiones que no le competen, olvidando los límites de la naturaleza humana. Teniendo en cuenta estas premisas: ¿es lícito pedir al médico un acto más allá de su capacidad? ¿Cuál debería ser la actitud del médico frente al enfermo terminal? ¿Cuál es el acto médico a cumplir en los casos límites de la medicina? Los casos terminales, tratándose de personas humanas, no deberían ser resueltos por una perspectiva humana, en vez de cumplir un acto anti-humano?

En el presente trabajo, trataremos de abordar la eutanasia desde diversos puntos de vista –sin otra intención de sólo hacer, una breve alusión en cada uno de los casos- a  fin de responder a las preguntas. Al final, teniendo en cuenta de lo dicho, haremos una pequeña conclusión, tratando de establecer cuál debería ser la actitud del médico hacia el paciente agonizante.
           

1. Etimología del término y dirección del trabajo.
 
En la práctica médica actual, el término[2] expresa la acción intencional directa para eliminar seres humanos que se encuentran en una situación existencial de dolor sufrimiento considerados límites o insoportables. En otras palabras, el término “eutanasia” –también la dirección del presente trabajo- significa la intención deliberada de erradicar de la sociedad humana a cualquier persona –sea que se encuentre en los inicios de la vida como en los últimos años-, consideradas portadoras de un estado particular de vida infeliz, evaluados como pesados para la persona, la familia y/o la sociedad y como sin posibilidad de solución del punto de vista humano.  
            2. Aspecto ético: no hay bondad moral.
         El problema central a considerar es el objeto moral de la acción presente en la eutanasia entendida como acto humano[3], esto es, libre: cual sea el contenido de la acción; cual sea la intención próxima entendida por los agentes. Lo que se debe considerar principalmente en la eutanasia “se sitúa al nivel de las intenciones y de los métodos usados”[4], porque es este contenido lo que califica la bondad o malicia de la acción libre del hombre[5].
         Si analizamos los pasos que caracterizan cada acto humano libre, se puede entender la falta de legalidad moral de la eutanasia. La intencionalidad última entendida por la razón y querida por la voluntad (aliviar el grave estado de sufrimiento de un ser humano, de una familia o de la sociedad) no está conectada razonablemente con la intencionalidad próxima (eliminación directa de la vida humana sufriente o portadora de sufrimiento). La falta de razonabilidad radica en el hecho de la desproporción entre el bien último entendido y el bien próximo elegido por la voluntad: se cambia un bien operable (alivio del sufrimiento) por uno ontológico (la vida de la persona). En efecto, “nadie y ninguno puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, feto o embrión sea, niño o adulto, viejo, enfermo incurable o agonizante”[6]. Es en la intencionalidad donde radica el error, donde recibe la calificación moral, y donde se puede encontrar la diferencia con la cura paliativa: “decisiva en calificar la especie moral de la eutanasia está la intención de matar, que puede derivar tanto desde el elemento subjetivo como desde objetiva finalidad inscripta en un cierto acto. No es entonces eutanasia la suministración de fármacos analgésicos, que tiene como consecuencia colateral, prevista, pero no querida directamente, también la abreviación de la vida del paciente”[7].
No hay proporción razonable en este intercambio, y por eso, falta a la totalidad del acto la bondad del objeto moral. Por este motivo no se puede decir que moralmente sea un acto bueno, ya que por la legalidad y bondad de la acción libre del hombre es necesaria la bondad de los tres factores intervinientes: objeto, circunstancias y fin. El error de juicio de la conciencia –y luego el asentimiento de la voluntad que acepta los medios desproporcionados- hace inaceptable moralmente el acto eutanásico también conservando la bondad de la intencionalidad última.

3. Aspecto médico: eutanasia activa, positiva o directa y el suicidio asistido. Las curas paliativas.
 
Se puede hacer un primer acercamiento al aspecto médico de la eutanasia clasificándola[8] como activa –llamada también positiva o directa- y pasiva[9]. Otro modo de clasificación es de voluntaria o involuntaria, según la intervención de la voluntad del paciente.

La eutanasia activa, positiva o directa –objeto del análisis del presente trabajo- implica una decidida intencionalidad de sacar la vita al paciente. En cambio hay otra actitud propia y verdaderamente médica –mal llamada eutanasia activa, indirecta o eutanasia pasiva- y es aquella que consiste en la renuncia al llamado “ensañamiento terapéutico”[10] –medidas terapéuticas consideradas extraordinarias y por ello no obligatorias- y el recurso  a medidas –por ejemplo, analgésicos- que pueden mejorar los síntomas también reduciendo el período vital: las curas paliativas. La eutanasia activa es sin lugar a dudas ilícita porque lo que se busca es la eliminación directa del paciente; en cambio la cura paliativa es aceptable según  el llamado “principio del doble efecto” [11], que consiste en buscar intencionalmente el efecto bueno y solamente tolerar el efecto malo en cuanto inseparable del primero.

            Otra situación que se necesita tener en cuenta es aquella del “suicidio asistido” -igualmente intolerable aunque el accionar personal del médico se reduzca notablemente- pues la “parte activa” le corresponde al paciente; el médico es solamente consejero y asistente “técnico” de la automuerte del paciente. Este caso del suicidio asistido es igualmente intolerable –como la eutanasia activa- porque ambas los dos –médico y paciente- se ponen en la misma situación: la decisión sobre sacar o no la vida se encuentra más allá de su competencia.

            Si bien son ciertas las razones adoptadas para justificar el suicidio asistido (o la eutanasia) –el que decide suicidarse lo hará con o sin la ayuda del médico, o sea la asistencia médica garantiría una “muerte dulce y eficaz”- no se puede decidir sin duda sobre la base de la ética del consenso. Si ambos se ponen de acuerdo sobre un error, el error continúa siéndolo, sin conseguir jamás que sea verdad. La vida es algo recibido, y el hombre no está jamás en postura de disponer de ella, ni de despreciarla. Los llamados “criterios válidos para asistir al suicidio”[12] son inválidos desde el primero hasta el último porque no existe un “derecho al suicidio”: los derechos se fundan en el ser, y en el caso del hombre, ser que es viviente, inteligente, tiene el derecho a ser lo que es: ser viviente, o sea, tiene el derecho a vivir. Por el contrario, la muerte significa para él la falta de un derecho, o al menos, la falta en un tiempo que debía sin embargo vivir[13].

            De frente a un paciente terminal, los tres posibles actos mencionados –eutanasia activa, suicidio asistido y cura paliativa- la última es no solamente lícita moralmente, sino la única posible actuación verdaderamente médica. Las curas paliativas no significan poner en práctica medidas extraordinarias, ya que no hay obligación para el médico de aplicar terapéuticas clasificadas –en cada caso singular- como “extraordinarias” y por ello no obligatorias. En otras palabras, la no acción extraordinaria del médico en este caso, no equivale a dañar mortalmente al paciente, ya que el paciente se encuentra en una situación de irreversibilidad: lo que hace el médico en este caso es ayudar a la naturaleza a cumplir su ciclo biológico. La intención del médico es de acompañar con su ayuda –la no intervención, o sea, la intervención mínima indispensable humanitaria- al paciente que se encuentra al final de su ciclo vital terreno.

            Otra es la situación en la eutanasia activa –o en el suicidio asistido-: en este caso la intención no es acompañar ayudando a la persona a lograr el final vital terreno. Lo que se busca es un objetivo absolutamente distinto: terminar en modo no natural una vida juzgada –sea por el médico, sea por el paciente, sea por la sociedad- como inútil, insoportable, angustiante. A la persona se le interrumpe su ciclo vital –un ciclo vital que puede o no encontrarse realmente en las últimas fases- que de lo contrario debe ser respetado en su desarrollo natural. La interrupción intencional de la vida, o sea, directamente querida, no es en ningún modo una ayuda dada al paciente, sí una agresión injustificable, también aunque sea pedida por el mismo paciente.

4. Aspecto deontológico: la contradicción con la profesión médica: la eutanasia no es un acto médico.
            Cuando el médico actúa medicamente, ¿qué persigue? Se puede decir que el acto médico persigue promover una vida que es capaz de desarrollarse por sí misma, o mejor, se puede decir más directamente con el Papa Pio XII: “Su oficio (del médico) no es el de destruir la vida, si no de salvarla” [14]. O sea, la intencionalidad última debe ser siempre salvar, custodiar, reparar una vida humana, dentro de una actitud de profundo respeto hacia quien es el patrón de esta vida, de quien se encuentra detrás de esta vida, el ser humano. Una vida, que, en cuanto humana, es siempre invalorable, porque es de alguien que es siempre imagen del Creador.

Diferentes organismos a todos los niveles han mantenido siempre esta perspectiva respecto del quehacer médico. Haciendo un trayecto sobre las definiciones del acto médico hechas recientemente por importantes entidades, se puede ver la unanimidad del rechazo de la eutanasia como práctica médica. El rechazo es ante todo indirecto, al considerar el acto médico como acto que tiende a conservar la vida; en otras, la condena a la eutanasia es más directa.

Por ejemplo, una válida definición respecto al acto médico es la dada por la Asociación Médica Mundial en Helsinki [15]: “es deber del médico promover y salvaguardar la salud de las personas”, y también “sus conocimientos y su consciencia tienen como finalidad el cumplimiento de este deber”.

Otra definición válida es la de la declaración de la Sociedad Americana Médica del año 1973[16]. En esta, un primer párrafo es dedicado a la condena moral y profesional del”matar” (killing), también por piedad; un segundo está dedicado a las condiciones que hacen posible el “dejar morir” (letting die). En esta declaración, la finalización intencional de la vida de un ser humano por obra de otra-muerte por compasión o mercy killing- es considerada como contraria al objetivo de la profesión médica. En cambio, se trata de una acción intencional absolutamente diferente el hecho de dejar de emplear los medios extraordinarios con el fin de prolongar una vida que se sabe no tendrá ninguna posibilidad de mejoría. El cese de la terapia inútil –el llamado encarnizamiento terapéutico- no significa matar un paciente: significa no realizar actos médicos inútiles y en cambio realizar otros actos –el sostenimiento de las medidas mínimas necesarias para una agonía digna- que se vienen insertando en el actuar médico y por ello en el objeto de la medicina. Estas últimas acciones son llamadas “curas paliativas”, término preferible al del “dejar morir” (letting die), porque implica algo de más: ayudar a morir con dignidad, aliviando los sufrimientos, proporcionando asistencia psicológica, espiritual y afecto humano por parte de los profesionales médicos y de la sanidad.

En otras palabras, en las dos perspectivas del actuar médico consideradas, la eutanasia es siempre condenable moralmente porque es incompatible con los fines propios de la profesión médica pues se encuentra más allá de los fines de la ciencia médica y por ello del actuar del médico. En cambio, se permite la retirada de los tratamientos cuando, dada una determinada situación irreversible, los tratamientos sólo harían más pesada y angustiante el tiempo de vida que queda.

En la misma dirección de las precedentes declaraciones se expresa el Código Deontológico Italiano (art. 20): “El médico no puede abandonar el enfermo, considerado incurable, pero debe continuar asistiéndolo también al sólo fin de aliviar el sufrimiento físico y psíquico”.

La eutanasia ha sido rechazada como práctica médica también por el Consejo de Europa [17], con el argumento que el médico no tiene derecho a disponer de la vida del enfermo. Así en el art. 7, dice: “considerando que el médico debe esforzarse por aplacar los sufrimientos y que no tiene el derecho, también en los casos que parecen desesperados, de apurar intencionalmente el proceso natural de la muerte”. En otras palabras, “no tiene el derecho”, porque el hecho de decidir sobre la vida del paciente está más allá de su competencia.

Otro organismo que se ha expresado rechazando la eutanasia, es la Asamblea de los Médicos de Europa: “Cada acto con miras a provocar deliberadamente la muerte de un paciente es contrario a la ética médica” [18].

El Magisterio de la Iglesia Católica, sin pretender tener competencia específica en medicina, pero consciente de ser la intérprete verdadera de la Verdad revelada, se ha pronunciado desde siempre en manera negativa respecto de la eutanasia. Son muchísimos los lugares del Magisterio donde es declarada la condena a la eutanasia; solamente queremos señalar una de las más recientes, dada por el Santo Padre Juan Pablo II: “...la eutanasia es una grave violación de la ley de Dios, en cuanto muerte deliberada moralmente inaceptable de una persona humana”[19].

            La posición católica [20] sostiene siempre esta perspectiva: poner fin a la vida en manera directa e intencional es siempre malo y “moralmente inaceptable”[21], y por ello no puede jamás ser un acto querido en sí mismo. Se trata de un acto intrínsecamente perverso. En cambio puede ser admitida la interrupción de procedimientos médicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados respecto de resultados esperados –el encarnizamiento terapéutico[22]-, porque así no se quiere procurar la muerte: se acepta de no poderla impedir[23]. Otra cosa absolutamente distinta es la cura paliativa, donde, la muerte del paciente no se quiere directamente ni como fin ni como medio, pero está solamente prevista y tolerada como inevitable. En este caso,  como sucede cuando se quiere calmar el dolor de una persona a través de una terapia que colateralmente puede disminuir su vida, las curas paliativas no solamente no son ilícitas, si no vivamente recomendadas[24]. El acto médico es así evaluado en  su justa medida, porque sin sobredimensionar, es respetada la sutil barrera entre matar y hacer las curas paliativas, “forma privilegiada de la caridad desinteresada[25]. En este sentido se ha expresado el reciente VII Congreso Internacional de Curas Paliativas sostenido en Palermo[26].

Se podría agregar que las curas paliativas comprenden no solamente el aspecto de la suministración material de las terapias, si no ante todo, el aspecto de la donación de la persona del médico hacia el paciente agonizante. También más, es este aspecto de donación de sí lo que hace plenamente humano el acto médico, haciéndolo subir del nivel meramente técnico. Solamente en la donación de sí la cura paliativa se transforma en la “forma privilegiada de la caridad desinteresada”, o sea, del amor hacia el prójimo y hacia Dios.

5. Aspecto bioético: modelos erróneos de bioética médica.
En cambio, hay sin embargo otras posiciones –basadas sobre principios filosóficos débiles y erróneos- que hacen posible considerar la eutanasia como justo actuar médico. Entre estas posiciones, están la de la ética liberal y la de Engelhardt.

La crítica principal que se puede hacer a la primera –que utiliza un lenguaje ajeno a la bioética propiamente católica, como derechos y debería, no maleficencia, beneficencia-, es que los principios de esta bioética son demasiado vagos y no sirven en los casos prácticos concretos, donde no se sabe qué hacer. En la práctica los principios de la deontología liberal son siempre perjudiciales al paciente, porque sus principios, sin fundamentación metafísica en serio, caen en el utilitarismo[27].

Otro ejemplo de posiciones que hacen posible, serios errores sobre la conducta a adoptar hacia el enfermo terminal, es la de Tristram Engelhardt. Este autor, parte de una consideración errónea de la persona humana, o sea, hace una división arbitraria entre “persona en sentido estricto”, y “persona en sentido social”[28]. La primera categoría es el “agente moral”[29], persona plena; la segunda, en cambio, no es “persona en sentido estricto”, y por ello no tiene los mismos derechos. El punto de partida es absolutamente injustificado desde el punto di vista antropológico y metafísico, y conduce a la construcción de una teoría absurda sobre la persona humana que termina en una aberrante inversión de términos de la ecuación. En efecto, mientras de un lado sostiene que los animales “son tutelados por la moral de la beneficencia”[30], por el otro sostiene que hay “individuos que no son más personas”, que “lo han sido en pasado y quedan  incapaces de alguna alteración mínima”, individuos “que no han sido jamás y no serán jamás personas en sentido estricto”, como los “individuos gravemente retardados y dementes”, y “seres humanos gravemente mutilados (por ejemplo, los sujetos en coma grave e irreversible) incapaces de interactuar hasta en roles sociales mínimos”[31].

Se puede entender que estos aberrantes modelos de bioética estén en la base de los graves errores cometidos con los pacientes terminales.

6. Aspecto legal: breve comentario [32]. 
 
De todos los países occidentales, ha sido Holanda, en los últimos veinte años, el que se ha movido para aprobar la eutanasia no solamente para enfermos terminales, sino también para los enfermos crónicos y también aquellos con enfermedades psicológicas. En este país se han observado preocupantes fenómenos: aumento del 27%, en el número total de muerte provocadas por la eutanasia entre 1990 y 1995; la mitad de los médicos holandeses considera como práctica correcta sugerir la eutanasia a sus pacientes[33]; se ha verificado un alto porcentaje de casos de eutanasia involuntaria[34].

Por estos motivos, respecto al aspecto legal, se necesita considerar las leyes del derecho holandés que, prohibiendo en la teoría, favorece la práctica. Como hace el derecho holandés para llegar a esta contradictio in terminis? El derecho procede así: por un lado, penaliza el hecho de sacar la vida a una persona, considerando este hecho como delictivo aunque haya sido pedido por la persona expresamente (art. 293 Código Penal, véase anexo I), y condena también la inducción, la asistencia o la providencia de los medios que conducen al suicidio, mencionando explícitamente el suicidio asistido por el médico (art. 294 Código Penal). Por otro lado, en cambio, introduce una errónea distinción que hace posible la práctica de la eutanasia, aunque condenada en la teoría.

Esta distinción artificial consiste en la figura penal de “fuerza mayor” (véase art. 40 Código Penal, anexo I) como causa eximente de la responsabilidad criminal. Según este principio, la persona que comete un acto criminal es absuelta si es verificada la situación de “fuerza mayor”. En otras palabras, el médico puede terminar la vida del paciente si ha actuado según esta particular situación –además de los llamados “criterios de cura y de empeño profesional[35]- que lo coloca en la “situación de conflicto”: imposibilidad de cumplir ambos deberes del médico.

Como se verifica esta situación de conflicto? Se considera que, como el médico es el único que tiene estas dos obligaciones -preservar la vida y aliviar al mínimo el dolor del paciente-, entonces, de esta doble obligación puede surgir un conflicto cuando el médico no es ya capaz de cumplir ambos deberes. Frente al conflicto –o preservar la vida o aliviar al mínimo el dolor- este aparente conflicto es solucionado desproporcionadamente: la obligación de aliviar sólo puede ser seguido sacándole la vida. Se cumple un deber –aliviar el dolor- sin cumplir el otro –preservar la vida.

No hay duda que el médico tiene estos dos deberes, pero es erróneo considerar que un deber –aliviar el dolor- haya primado sobre el otro –preservar la vida. En todo caso, ¿cuál es el criterio que conduce a elegir una obligación a la otra? Además de ser una clara posición de positivismo jurídico[36] –y por eso contrario a las leyes naturales y divina- parece ser tal vez la aplicación de los principios de la bioética llamada “de los valores”[37], pero, como ya hemos visto, se desaconseja la aplicación de estos principios a los casos concretos, porque no tienen una escala jerárquica entre sí, además de ser demasiado indeterminados y difusos porque su  formulación no tiene fundamentación ontológica y antropológica, haciéndolos tan estériles y confusos[38]. Esto quiere decir que como son tan vagos, cualquier criterio puede ser aplicado o no según  la circunstancia, y la decisión última no es entonces objetiva, mas absolutamente subjetiva. Esto parece ser el caso del código holandés.

Más allá, hay otra deducción errónea del código holandés: no se puede exigir al hombre más de lo que puede hacer[39]; vale decir: no se puede pretender que el hombre-médico tome el puesto de Dios. Como jamás se puede pretender aplicar una solución absurda –y entonces no es más solución- en un caso extremo? Como la medicina y el médico tienen un límite, debidos ambos a la limitada condición humana, no se puede pretender una acción que se encuentra más allá de sus posibilidades: el alivio del dolor–físico, espiritual, moral- que pueden proporcionar un alivio limitado, jamás puede ser absoluto. Pretender el alivio absoluto –también al “mínimo”- es imposible para el médico y también para la medicina. En todo caso, si se puede realizar el “alivio al mínimo”, este “alivio al mínimo” jamás puede ser interpretado como “desaparición del dolor”, y entonces no puede ser pretendido; y ni se puede obtener el “alivio mínimo” sacando del medio lo que se encuentra bajo el dolor: el ser humano. Por otro lado, sacando del medio al ser humano, en lugar de cumplir una obligación sobre el otro, no se cumple ninguna, o si se cumplen, se lo hace en una manera absolutamente inadecuada, lo que es igual a decir que no está cumplida.

La situación en que se encuentra el médico es arbitraria e injustificada: no hay “situación de conflicto” porque, medidos justamente, o sea, considerados en su limitación, ambos deberes, preservar la vida y aliviar al mínimo el dolor, pueden ser obtenidos. De otra forma, se colocan injustamente al hombre y a la ciencia médica en una posición absurda porque es irracional: decidir sobre la vida de un ser humano[40].

7. Aspecto psicológico: Según los ensayos clínicos, el pedido de eutanasia es pedido enmascarado de ayuda, no de muerte.
Hay múltiples ensayos clínicos que contradicen las razones invocadas para justificar legalmente la eutanasia, o sea, la situación de sufrimiento insoportable por parte del paciente, y de conflicto entre sus deberes por parte de los médicos.

Los datos suministrados indican que del punto di vista psicológico, los pacientes terminales adoptan diversas posiciones: por un lado, si bien es cierto que la tasa de suicidios es más elevada que la de la población general –alrededor de dos veces- entre los que sufren una enfermedad terminal[41], por otra parte ha sido observado en otros estudios que en estos pacientes se produce un fenómeno llamado “cancer cures psychoneuroses” que los hace más capaces di afrontar con serenidad el devenir de la muerte. En esta fase, los médicos psiquiatras tendrían una muy importante actuación. En este sentido explica un investigador: Este fenómeno -cancer cures psychoneuroses- se tiene cuando los pacientes se dan cuenta de tener un cáncer u otra enfermedad progresivamente terminal, y cuando el proceso con el cual hacen frente y dominan su miedo de la muerte disuelve muchas otras ansias o neurosis. Como es explicado por un psiquiatra, “cuando la atención de una persona se aleja de los divertimentos banales de la vida, puede emerger un apreciamiento más pleno de los factores elementales de la existencia”[42].
           
Sobre la base de la observación de este fenómeno, ha sido observado en otros estudios que “algunos pacientes terminales pueden presentar un estrés psicológico inferior a lo que se pueda esperar”, y que “lejos por la vida a través de sus enfermedades”, que “la gran mayoría no desea el suicidio”, y que “entre los que expresaron una voluntad de morir, todos satisfacían los criterios de diagnósticos de la depresión endógena”[43]. Vale decir, se trata en estos casos de casos análogos a otras situaciones de pedido de suicidio: son enfermedades psicológicas –en general de depresión- que pueden ser tratados por psiquiátricos.[44],[45]       

El hecho que no sean los dolores físicos los que empujen el pedir la eutanasia, si no los disturbios psicológicos –en la mayoría de los casos, accesibles a los tratamientos habituales- está confirmado también por otros estudios. En efecto, en un estudio, si bien los que pedían la eutanasia eran pacientes con graves enfermedades físicas –cáncer, ACV y SIDA-, no eran los sufrimientos físicos los que los determinaban a pedir la eutanasia. Los pacientes que pedían la eutanasia lo hacían por motivos no físicos si no psicológicos: manifestaban demasiada preocupación por la pérdida del control, la pérdida de la estima personal, el hecho de ser una molestia para otros, y la pérdida de la dignidad[46]. Las conclusiones del estudio fueron entonces estas: los pedidos más frecuentes fueron no físicos[47]. Este dato está confirmado por otros ensayos: es confirmado que la evaluación y el tratamiento psicológico son elementos críticos para pacientes críticamente enfermos que desean una rápida muerte. En otras palabras, lo que los pacientes quieren pidiendo la eutanasia es en realidad ayuda para problemas de orden físico, pero preferiblemente, piden ayuda para problemas de orden psicofísico, social y espiritual. Si encontrasen la ayuda adecuada, en el sufrimiento psíquico y spiritual podría ser conducida hacia la aceptación serena de la enfermedad física. Así se expresa un investigador: “La mayoría de los pacientes, piden la muerte, piden por ayuda para superar la depresión, la ansiedad por el futuro, la pérdida de control, la dependencia, el sufrimiento físico y el desamparo espiritual”[48]. Vale decir, no es jamás, en estos estudios, un sufrimiento insoportable de orden físico. En todo caso, el sufrimiento se hace insoportable cuando el enfermo no encuentra la ayuda de orden psicológico y espiritual, ayuda que implica también la afectividad y la comprensión de los que lo rodean. Al igual que en otros estudios, se confirma la importancia del psiquiatra en la atención de los problemas psicológicos del paciente terminal[49]. Agreguemos que no sólo el médico psiquiatra y el médico especialista en medicina interna son necesarios: como es pedido enmascarado también de ayuda espiritual, es el sacerdote también que cumple una función esencial en la recuperación de la visión global de la enfermedad por  parte del enfermo.

Estos estudios sugieren por otro lado que los pacientes terminales que logran pedir la eutanasia o el suicidio asistido, lo hacen no solamente por la falta de ayuda en el orden psico-espiritual –se descuenta que la asistencia en el orden físico ha sido dada- si no porque se suma otro factor: ha sido comprobado estadísticamente que los enfermos terminales son obligados, mediante las  presiones psicológicas sufridas, a pedir la eutanasia y el suicidio asistido. En un estudio[50] en 1995, el 20% de los casos de eutanasia de la población del estudio fueron sin consenso de los pacientes. El estudio agrega que muchos pacientes se sienten coaccionados a dar el asentimiento a los médicos; además, se agregan muchos ejemplos que muestran que la voluntariedad es gravemente comprometida en muchos casos.

            8. Aspecto filosófico-antropológico: la eutanasia es contraria a la dignidad de la persona humana, capax Dei.
El hombre, compuesto de cuerpo y espíritu[51], animado por un alma incorruptible[52], de acuerdo a su propia naturaleza, participa sea del mundo material sea del mundo espiritual[53]; en otras palabras, se encuentra en los confines del tiempo y de la eternidad[54]. Creado[55] y por eso limitado, posee una dignidad tal que lo separa infinitamente del resto de las creaturas: su dignidad le acaece del hecho que ha sido creado a imagen[56] y semejanza de su Creador. La imagen y semejanza consiste en la posesión de sus potencias espirituales: entender y querer, y también en la capacidad de autodominio[57], o sea, la imagen consiste en la libertad, ya que su Creador es también Libre. Resultado de Dios, el Ipsum Esse Subsistens[58], posee el esse participado[59], y es este esse –como actus essendi[60]- su máxima perfección ontológica, la que lo constituye como persona, ya que, actualizando su naturaleza razonable, poniéndola en la existencia concreta, la hace también un individuo subsistente e incomunicable. En otras palabras, es, como su Creador, persona, o sea, un ser individual que subsiste en sí mismo porque tiene una perfección ontológica suprema, el esse como actus essendi, que lo hace incomunicable, capaz de entender y de amar, y de dirigirse libremente hacia su Creador.

El hombre como persona humana posee perfecciones: vivir, entender, querer, sonreír. Todas estas perfecciones están concretizadas en cada hombre, vale decir, son, puesto que participan del esse ut actus, la perfección ontológica última que hace posible el vivir, el pensar, el querer y sonreír de cada hombre concreto. Entonces, este esse es un esse recibido, porque es limitado y participado, y si es recibido, quiere decir que no le pertenece al hombre como patrón: Otro es el que le ha regalado, que le ha participado. Este Otro es el Esse per essentiam, Ipsum Esse, porque todo lo que no es su esencia, tiene algo dado por el que es por essentiam[61]. Esse contingente –puede y no puede ser- no le pertenece por sí la vida, porque no es él la misma vida. No tiene derecho a ser, porque su creación depende en todo del entender y del querer del Ipsum Esse Subsistens, y por eso puede o no puede ser. En otras palabras, el esse creatural se encuentra como idea[62] en el intelecto divino, pero el paso a la realidad espacio-temporal, a la existencia, depende del entender y del querer de Dios, o sea, la vida humana depende de la libertad divina. No le pertenece entonces a este esse ser metido en el esencia humana y por eso vivir, entender, querer; pero una vez que el esse es metido en la vida, le pertenece el vivir, el entender y el querer, necesariamente.

            Por otro lado, se necesita considerar que se trata de un esse imperfecto y limitado, lo che quiere decir que debe perfeccionarse, y que su perfección definitiva la encuentra en Dios[63]. Resultado por modum creationis del Ipsum Esse, debe cumplir un recorrido, o sea, debe retornar a su inicio; pero como se trata de un ser libre, este retorno lo hace de un modo libre, participando por el Esse Ipsum en dos niveles: participando del ser, y operando libremente a través de sus facultades[64]. En otras palabras, participa al Esse Ipsum[65] a través de la participación en una perfección, que es el esse ut actus; y operando con sus facultades: entender y querer, pasando de la potencia al acto. En otras palabras, sea su esse limitado, sean sus facultades, ambos encontrarán su perfección definitiva en el Ipsum Esse Subsistens. Cumple una perfección existencial pasando de la potencia al acto, pero es en la beatitud donde su perfección será perfectísima, en su union personal con Dios[66]. Mediante su apertura infinita al esse[67], el hombre se hace capacidad infinita de pensar y amar, y así, siendo en la temporalidad la esencia de las cosas materiales el objeto propio de su intelecto, es en cambio el objeto adecuado l’Ipsum Esse Subsistens, Dios, en la beatitud, y por esto es estado creado[68]. Por eso el hombre es capax Dei, porque puede conocer y amar sin límites, infinitamente. Esta infinita capacidad de sus potencias explica su insatisfacción radical existencial respecto de las cosas creadas, y también la afirmación que sólo en Dios puede el hombre encontrar su felicidad perfecta. Esta verdad de orden filosófica –el hombre es capax Dei- es confirmada por la Revelación y por el Magisterio: el hombre ha sido creado para buscar a Dios[69].

En el caso del paciente terminal, candidato a la eutanasia, obviamente no puede seguir su perfección a través de las  operaciones intelectivas y volitivas; mas le queda otra perfección: la vida, y todavía otra, sobre la cual es fundada la vida: el esse ut actus. Sacarle la vida significa sacarle una perfección al esse que sí tiene el derecho de poseerla, porque la posee con necesidad mientras continúa siendo. ¿Cuando deja la vida temporal para adquirir otra, la eterna? Cuando lo concreto, compuesto de materia y forma, vea sacada su composición: la separación de la materia y de la forma deja al esse sin la esencia, o sea, sin el principio receptivo potencial del ser. Como el esse surge a través de la forma, que a su vez actualiza a la materia, con la separación de la materia y de la forma es separado también el esse que actualizaba el compuesto. Este hecho de la separación de los componentes del compuesto –que fenomenológicamente consiste en la muerte- no depende de un accidente del compuesto, o sea del entender o del querer; ni de la actividad de las potencias de las otras hipostasis; la separación le surge de otra dinámica. La separación –así como la unión de los componentes, o sea, el inicio de la vida- le surge al concreto subsistente cuando este concreto ha cumplido su tiempo terreno, y la duración de este tiempo depende directamente de Aquel que le ha puesto, con su Pensamiento y Querer, en el esse. Sacarle la perfección de la vida a un esse que todavía debe quedar en el estado existencial temporo-espacial, es un acto irracional, porque coloca al hombre, ser limitado, en el puesto de Dios, Esse Perfettissimo y Señor de la Vida, que es la Vida misma[70].

9. Aspecto teológico: a través de la Encarnación, Cristo se ha unido en cierto modo a todo hombre. El valor salvífico del dolor.
 
            Frente al dolor, el hombre no puede encontrar una explicación convincente buscando con su sola razón, con sus fuerzas limitadas. Hay múltiples factores que lo conducen a un estado final, que es “el misterio del dolor”, locus metaphysicus donde el hombre se encuentra sin respuesta, como al final de un camino que no termina  jamás. Por un lado, la multiplicidad del sufrimiento humano –dolores físicos, morales, espirituales que lo acompañan desde el primer momento  hasta el último de su existencia- y la sensación de angustia, incerteza y tribulación experimentadas junto a él, parece tantas veces sobrepasar las capacidades de resistencia del hombre. Tal vez en algún momento, parece ser un estado existencial continuo: no hay solución de frente a la inmensidad del mal e del dolor. Por otra parte, el escándalo del mal, difuso sobre toda la tierra y sobre todos los tiempos, que siendo tan grande le parece ser tantas veces infinito, hace la realidad sin embargo más incomprensible para el hombre. Cuando el hombre se encuentra de frente al dolor y al mal, la sola razón no basta para explicar en manera satisfactoria el “porque” de lo que acontece. Se trata de un verdadero misterio, el misterio del  sufrimiento, que sin una visión más amplia y plena de la realidad, lleva al hombre a mirar esta realidad sin ni percibir que se trata de un misterio que lo supera, y que por eso la respuesta no la puede dar por sí.

            Sin respuesta satisfactoria, el hombre tiende a cerrarse en sí mismo, con lo cual completa un círculo cerrado porque se cierra en sí al no encontrar una respuesta de frente al dolor, y en sí mismo encuentra todavía más dolor. La repetición lo lleva a la desesperación, porque su espíritu, hecho para conocer la verdad y amar el bien, o sea, hecho para tender libremente hacia la belleza del Pulchrum, se sofoca, y jamás puede lograr salir de sí mismo. Es en este momento del límite de las fuerzas, cuando el íntegro mundo parece no ofrecer respuesta, cuando el hombre se hace la llamada magna quaestio [71] a la cual sólo Dios puede ser respuesta; es el momento justo en el cual el hombre puede escuchar la Palabra de Vida, que es más allá de sí. El surgir de la magna quaestio significa que el hombre ha abandonado del todo los intereses banales, ha dejado de ver las cosas sólo desde la superficie; no desea más lo que parece, los fenómenos: la magna quaestio se identifica con un nuevo deseo, desconocido hasta este momento para él: es el deseo de otra vida. El nuevo deseo se despertará en su verdad y en su verdadero sentido sólo al hombre capaz de buscar ayuda no en sí mismo, si no en el Otro, la Palabra.

Por eso se puede decir que el dolor tiene una función maieutica: hace nacer en el hombre no la Palabra, ya que él no es la Palabra, mas hace surgir, en lo profundo de su alma, la disposición espiritual necesaria para escuchar la Palabra. En este momento, el hombre busca en la profundidad de la realidad cada vez que busca en su corazón, y Dios, que lo pone a prueba, lo espera allí. Cuando reconoce en sí el alma inmortal y espiritual, se encuentra con la verdad de su ser[72], la verdad de ser una relación que se relaciona con sí mismo y con Cristo, Dios entrado en el tiempo[73].

De frente al cansancio del dolor y del mal, surge la pregunta: ¿quien soy yo? Y con la pregunta ya es implícita otra pregunta: ¿quien eres Tu, Dios?[74] Y aquí comienza el camino de vuelta hacia la Palabra de Vida, la cual es ahora escuchada. Ahora no significa que hable solamente ahora; habla desde siempre, pero solamente ahora el hombre es capaz de escucharla, y escuchándola, conocerla, y conociéndola, amarla. Solamente en este momento encuentra el hombre la respuesta al sentido del dolor y del mal en el mundo y en su existencia personal.

Como esta Palabra de Vida no es otra que Jesucristo, el hombre encuentra la respuesta a  sus preguntas y a su pregunta -magna quaestio-, solamente mirando el Misterio Pascual de Cristo. Solamente a la luz del misterio del Verbo Encarnado[75] encuentra el hombre una explicación definitiva de su misterio, y del sentido de su existencia sobre la tierra, tantas veces bastante dolorosa. Pero no sólo el sentido, si no también y sobre todo la esperanza, y esta esperanza lo hace feliz, porque ahora mira más allá: rompe el cerco hecho por el dolor, el mal y la muerte, y tiende hacia la felicidad, el bien la vida, que no es otra que Jesús, el hombre-Dios, vencedor del mal y de la muerte, dador de paz y de misericordia, de alegría y de vida[76].

            Se podría objetar que esto es válido solamente para el hombre creyente, o al menos, bautizado en la Iglesia Católica; pero esta objeción no tiene sentido, porque “con la encarnación, Jesús se ha unido en cierto modo, a todo hombre”[77], y por ello su redención alcanza a todo hombre, de todas las épocas, de todas las razas, de todo lugar[78]. No hay distancia ni de tiempo ni de espacio que impida a la redención de Cristo alcanzar a cada uno y a todos los hombres. Si pertenecen o no a la Iglesia Católica, es otra cuestión: a todos, también sin saberlo, se ofrece la redención, y para todos ha sido hecha[79]. El hombre candidato a la eutanasia, que jamás ha sido creyente, ni ha tenido fe, ni ha conocido a Cristo ni su Iglesia, es esperado por Cristo Redentor más allá de la muerte: espera que cumpla su vida temporal para hacerlo entrar en la eternidad; o sea, para hacerlo partícipe de los frutos obtenidos con su Pasión y Resurrección.

Por estos motivos, la eutanasia implica un doble error: antropológico y teológico.

Un error antropológico, porque implica un rechazo de la vida humana, un desprecio de la persona que es sujeto digno, porque es el único entre las cosas creadas, que por el hecho de ser persona, ha sido querido por sí mismo por Dios. La persona es entonces la única que merece ser buscada y amada por sí misma, el único bien que es buscado por sí mismo, y así la eutanasia implica una visión de la persona humana donde esta es considerada en un plano igual o inferior a las cosas y a los animales; es comparada a estas y a los animales, y es puesta en último puesto.

La eutanasia implica un alterado de la libertad humana: la libertad se plenifica en la Verdad, y la Verdad del hombre es el Esse Subsistens que se encuentra más allá de su espíritu, de su ser. La libertad del hombre se plenifica en la Verdad, y esta es la trascendencia de la persona humana, una trascendencia que cada hombre puede comprobarla por  sí mismo descubriéndose existencialmente, en la reflexión, como relación que se relaciona con Dios. Haciéndolo pedir la eutanasia, o sacándole la vida en manera anticipada, le es privada a su elección la relación con la verdad de ser él mismo una relación que se relaciona con Dios, para suplirla con una vía sin salida. Así, el sujeto, privado de su relación con Dios, se encuentra existencialmente privo de fundamento, y sin fundamento de su existir terreno, no ve más la salida de su pensamiento, no ve más la esperanza, la trascendencia, ni la capacidad innata del tender de su alma hacia el Esse. Sin fundamento, habiendo sido sacada cada posibilidad de trascendencia, el espíritu humano se abandona a sí mismo, y termina deseando que le sea sacada una vida que no tiene más sentido porque psicológicamente no ve más la salida a las coordinadas temporo-espaciales: es el esse identificado con el tiempo. Su esse finito, llamado a la perfección en una comunión personal con el Esse perfectísimo de Dios, es conducido en una dirección contraria. Afirma con su actitud el error metafísico-antropológico de Heidegger: “el hombre es un ser para la muerte” [80].

Con la eutanasia, se saca al hombre la posibilidad de elegir su identificación con Jesucristo, el hombre-Dios, que en cuanto hombre, ha estado sobre la cruz el Rey Agonizante, el Siervo sufriente que ha atravesado los espasmos de la agonía y que ha gustado para los hombres cada suerte de dolores y de abandonos.

Implica también un error teológico, porque se trata del rechazo explícito de la religión revelada, o sea, de la Encarnación redentora del hombre operada por Jesucristo, redención que se extiende a todos los hombres de todos los tiempos, mientras Cristo es la Cabeza de toda la humanidad [81]. Implica la negación de la destinación eterna del hombre, ser creado, participado, hecho a la imagen de su Creador y destinado también gratuitamente a una communio personarum beata y eterna: la communione, a la cual es llamada cada persona humana, con las Personas Divinas de la Trinidad.

            Implica una falta de reconocimiento del valore salvífico del dolor humano [82], unido, desde la Encarnación, a Jesucristo, porque ha sido asumido por Él. El hijo de Dios libera al hombre de la muerte y del pecado porque ha desafiado ambos a través de la muerte en cruz. Ha vencido al espíritu malo y ha resucitado, y ha hecho partícipe al hombre de su victoria, concediéndole su gracia. Mediante esta doble acción, abre las puertas al hombre para que participe el hombre libremente de su beatitud eterna: en esto consiste la destinación eterna del hombre, su definitiva y eterna felicidad buscada en la unión con Dios.

Esto significa, en la perspectiva escatológica, que el sufrimiento ha sido totalmente borrado. Por ello, debido al resultado de la acción salvífica de Cristo, el hombre vive su existencia terrena con la esperanza en la beata vida eterna. La acción salvífica de Cristo no saca el sufrimiento terreno del hombre, pero arroja una nueva luz, resplandeciente: la luz de la salvación[83]. Uniendo sus dolores a los dolores de Cristo, el hombre-Dios, el hombre se hace también partícipe de la Redención de la humanidad. Por eso ningún sufrimiento, aceptado y ofrecido, queda sin valor y sin recompensa.


Conclusión:

            Teniendo en cuenta la destinación final de la persona humana, se puede ver que la posición del médico es una posición  privilegiada, ya que es él quien se encuentra en contacto directo con aquel que se ha hecho magna quaestio, lo cual quiere decir que ha comenzado a mirar las cosas y la vida dirigiéndose hacia Dios. En este sentido, el médico puede ayudarlo en su camino final, arrojando luz sobre aquello que le espera.

¿Cual sería la actitud adecuada del médico como profesional y como persona humana que se encuentra delante de otra persona humana, que le pide ayuda, también sin decirle una sola palabra? Se descuenta que la única actitud posible es la de la cura paliativa. Pero como el paciente terminal es una unidad sustancial compuesta de alma y cuerpo, no basta la sola actitud técnica profesional, o sea, la atención de los parámetros vitales mensurables técnicamente. Se lo debe hacer, pero sin embargo falta un elemento esencial: el don de sí. Como la última acción que hace no comprenden solamente las terapias físicas, si no sobretodo el don de su persona humana hacia el otro que agoniza, el médico cumple en realidad una doble acción. Con esta actitud al mismo tiempo cura, actuando hasta el límite de sus posibilidades como médico, y por otro lado ayuda al agonizante, con su don personal, a emprender la nueva etapa en el mejor estado espiritual posible: deja abierta la posibilidad al otro de encontrarse, con las mejores disposiciones, con Cristo. Se podría afirmar que con las curas paliativas y el don de sí, el médico cumple plenamente su trabajo: reconociendo sus propios límites, el límite de la medicina y de la naturaleza humana, hace lo que puede hacer del mejor modo posible. Esta actitud le corresponde no solamente al médico creyente, sino a cualquiera, también aquel no creyente, porque la inmortalidad del alma humana [84] no es un dato de fe, si no un dato adquirido por la razón, y la acción redentora de Cristo, como hemos señalado primero, es para todo hombre. El que no cree, tiene el deber de cumplir con plenitud el último acto médico -cura paliativa y don de sí- debido si no por motivos sobrenaturales, a motivos naturales: ambos -médico y paciente- comparten la misma naturaleza humana.

Otra es la perspectiva de la actitud eutanásica, que, haciendo presión sobre la persona a fin de hacerla pedir la muerte, vacía de esperanza el horizonte de la persona que entonces se hace víctima, la priva no solamente de esperanza sobrenatural, si no de cualquier indicio de esperanza natural. En otras palabras, la actitud eutanásica del médico lleva al paciente al desaliento físico, al abatimiento psicológico y a la desesperación espiritual.

Además de su deber profesional, cumplido con conciencia y profesionalidad, queda al médico otro deber: dar esperanzas: es todo lo que el médico puede libremente hacer, y la elección es decisiva. Como desde una perspectiva médica y humana, no hay argumentos razonables sostenedores de la actitud eutanásica, por eso, queda como un camino ineludible, el feliz deber de dar esperanza al desesperanzado.

En otras palabras, de frente al paciente terminal, en las fronteras de las posibilidades personales y de la medicina, el médico puede cumplir un supremo y último acto que hace todavía más noble su profesión. Este último acto es el de hacer de mediador privilegiado entre Cristo, Persona divina, Dios entrado en el tiempo, y el paciente agonizante, persona humana pronta a iniciar un estado de vida definitivo.

          No existe ningún argumento constitucional que respalde la obligatoriedad del cuerpo médico para matar a sus pacientes. Que las personas tengan el supuesto derecho de matarse o de dejarse morir, de ninguna manera significa que terceras personas (como el cuerpo médico) tengan la obligación de matar.  Los médicos no matan a sus pacientes porque, aunque pueda ser muy “práctico” para el Estado, los médicos entienden que la acción de matar es contraria a los lineamientos de la ética médica universal y de la misión médica mundial.

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