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octubre 2016
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Me hablan mucho sobre el libro de Lawrence Krauss titulado 'Un Universo de la Nada' en el cuál afirma que la física ha resuelto básicamente el misterio de por qué hay algo en lugar de nada. Normalmente este libro es presentado cómo el caballo de Troya de numerosos ateos cuándo se les habla sobre el Origen del Universo, quizás valga observar lo que propone Krauss y cómo el cree que el universo pudo haber salido de la nada por situaciones meramente fortuitas y naturales.

Una de las primeras críticas a su libro llegó desde el New York Times por parte del físico David Albert:

"La particular y eternamente persistente base física elemental del mundo, de acuerdo con los postulados estándar de la teorías de campos cuánticos relativistas, consiste (no sorprendentemente) en campos cuánticos relativistas… lo cuál no nos dice absolutamente nada sobre el origen de dichos campos, o porqué el mundo tiene que consistir en campos de esta particular clase, o porqué debería de haber consistido en campos de cualquier naturaleza, o por qué debería de existir un mundo en primer lugar. Punto. Caso concluido. Se acabó la historia."

También el filósofo Massimo Pigliucci comenta sobre el libro de Krauss:

"Esto muestra claramente dos cosas: primero, que Krauss no entiende cuál es el papel que juega el conocimiento filosófico; segundo que a Krauss no le importa jugar a practicar psicología de sillón a pesar de la falta absoluta de evidencia a favor de su explicación de psicología popular."

Ahora bien, en su libro Krauss intenta explicar como un vacío cuántico sería un escenario suficiente para comprender que todo lo materialmente existente puede haber emergido de forma espontánea de la nada, o al menos eso es lo que parece desprenderse del título y de los titulares que acompañan a la promoción del libro. Krauss sigue así el camino emprendido hace un par de años por Stephen Hawking en su libro “The Grand Design”, la argumentación de que la realidad material se explica por sí sola, y todo ello acompañado de un desprecio profundo por las reflexiones filosóficas. Cabe recordar que estos dos personajes son abiertamente anti-teístas.

Una fluctuación del vacío cuántico asume que ya existía un vacio con espacio pre-existente. Y ahora sabemos que el “vacio” es muy diferente de “nada”.

El vacío, o espacio vacío, tiene energía en tensión, puede ser doblado y curveado, así que sin lugar a dudas es algo. Como escribió Alan Guth, "En este contexto, la propuesta de que el universo fue creado a partir de espacio vacío no es más fundamental que la propuesta de que el universo fue generado por un trozo de caucho. Es posible que sea cierto, pero uno debe cuestionarse acerca del origen del trozo de caucho y de donde salió". En ciertos modelos de gravedad cuántica, el espacio y el tiempo se crean en el momento mismo del Big Bang. Es por eso que los modelos semi-clásicos, como la propuesta "sin límite" de Hartle-Hawking o modelo de "efecto túnel cuántico" de Vilenkin, apoyan la premisa de que el universo comenzó a existir. Lo que ellos no hacen, ni pueden hacer, es explicar cómo el ser puede venir del no-ser.

Desde el modelo de Vilenkin, el surgimiento del túnel cuántico a partir de nada plantea otra pregunta intrigante. El proceso del túnel cuántico está gobernado por las mismas leyes fundamentales que describen la subsecuente evolución del universo. Se deduce entonces que las leyes deben estar “presentes” antes del universo mismo. Cómo pregunta el mismo Vilenkin, ¿significa esto que las leyes no son meramente descripciones de la realidad y pueden tener existencia independiente en sí mismas? En ausencia de espacio, tiempo y materia, ¿en qué tablas pudieron ser escritas? Las leyes se expresan en forma de ecuaciones matemáticas. Si el “médium” de las matemáticas es la mente, ¿significa esto que la mente debe anteceder al universo? Es decir, ¿una mente debe de estar tras el universo?.

Krauss en una entrevista, no tuvo más remedio que conceder que su concepto de “nada” no se corresponde con el de los filósofos y los teólogos y que en realidad a él ese concepto de la nada de esta gente le trae al pairo; él de lo que habla es de su concepto de la nada como un estado de ausencia de partículas, su propio vacío cuántico imaginario gobernado, eso sí, por unos campos descriptibles matemáticamente sin que conozcamos ni podamos explicar el origen de los mismos y de las leyes que los determinan. De forma pretenciosa, nos cuenta que uno de los grandes descubrimientos de la física moderna es que la nada es en realidad “todas-las-cosas” y que tiene propiedades.

Este desprecio por los filósofos tiene un pequeño problema. El título del libro se refiere expresamente a una pregunta de naturaleza filosófica, popularizada precisamente por un filósofo (Leibnitz) y la nada que aparece en el mismo es exactamente la nada de los filósofos y de los teólogos, es decir la nada metafísica. La confesión impulsiva de Krauss de que se le da un ardite el concepto de “nada” de esta gente (“I don't really give a damn what nothing means to philosophers”) lo único que pone de manifiesto es que su libro no ha respondido en absoluto al reto planteado en su cabecera. Pero hay más, la inconsistencia de Krauss no termina ahí. Al final de la entrevista nos confiesa que su libro termina planteando la solución de los multiversos como barrera definitiva frente a cualquier inferencia que pretenda una explicación causal trascendente de la realidad material que conocemos.

Pues bien, la explicación que pretende reconducir la emergencia del Universo a partir de la nada como argumento para denegar la necesidad de la existencia de un ser trascendente es una cosa. La justificación por multiversos presentada como una remisión al infinito que haga innecesaria la búsqueda de un ser infinito (es decir Dios, en las propias palabras de Krauss, para que no haya duda) trascendente a la realidad material tal como el propio Krauss concede sería necesario, es otra cosa bien distinta. Y es una explicación que busca de forma explícita la refutación de las argumentaciones cosmológicas tradicionales que se apoyan en el carácter contingente del mundo material. Como es sabido el carácter contingente de la realidad material se sustenta en su condición de finitud; de ahí que la propuesta de un modelo materialmente infinito tenga por objeto dejar sin apoyo el discurso de los argumentos cosmológicos clásicos. El argumento de los multiversos sin embargo es un argumento débil donde los haya. No existe ningún dato de la realidad que precise de la teoría de los multiversos para hacer comprensible el mundo conocido. La idea de que se trata de una hipótesis inverificable no parece importar para reivindicar su carácter científico. Se trata de una hipótesis gratuita, indestructible tanto como imposible de demostrar, permite abrir la puerta a una posibilidad teórica que no puede ser descartada empíricamente y eso parece bastar para convertir los argumentos cosmológicos al uso en un discurso inconsistente en el que falla la Mayor, ya que la afirmación categórica del carácter finito y por ende contingente del mundo material queda como una afirmación indemostrable.

Lo patético del planteamiento de Krauss es que su recurso a la idea de los multiversos es estrictamente filosófico, algo de lo que el propio Krauss parece percatarse (“It sounds like philosophy”). De hecho, la infinitud es una idea estrictamente filosófica y no es un concepto que pueda derivarse de la ciencia ya que todas las observaciones y mediciones en las que descansa el quehacer científico y el conocimiento empírico de la realidad son por su propia naturaleza finitas. Es más, el recurso al hipotético carácter infinito del mundo material para eludir la idea de un ser necesario trascendente al Universo material resulta explícito en el comentario de Krauss, y se trata de un viejo argumento filosófico que desde Hume se viene proponiendo por doquier. Junto a tan profundo argumento filosófico y en perfecta falta de sintonía, no duda en ofrecernos la siguiente perla: “eso de que -de la nada, nada puede salir- sólo son palabras vacías”. Sin comentarios.

Dr. Krauss añade que si el tiempo comienza en el Big Bang, entonces podríamos necesitar de re-evaluar lo que queremos decir con la “causalidad” misma. Sospecho que él piense de esa manera porque él está trabajando con algunos análisis físicamente reduccionistas de la causalidad. Sin duda, él está correcto de que esos análisis estarán expuestos como insostenibles cuando se les exija que expliquen el origen del universo. Pero por más desafiante que pudiera ser el comienzo del universo para este tipo de análisis reduccionistas, este no va a hacer nada para revertir el principio metafísico de que nada sale de la nada.

Lawrence Krauss presenta teorías especulativas no probadas de cómo las cosas llegaron a existir fuera de un complejo pre-existente de entidades, incluidos los principios variacionales, teoría cuántica de campos, grupos de simetría específicos, un vacío burbujeante, todos los componentes del modelo estándar de la física de partículas, y así sucesivamente. Krauss no explica de qué manera estas entidades podrían haber existido previamente la llegada a la existencia del universo, por qué deberían haber existido en absoluto, o por qué deberían haber tenido la forma que lo hicieron. Y él no da ningún proceso experimental u observacional mediante el cual pudiéramos probar estas vívidas especulaciones del supuesto mecanismo genera-universo. ¿Cómo en verdad puede usted probar materialmente lo que existía antes de que existiera el universo?

Por lo tanto lo que él está presentando no es ciencia probada. Es una especulación filosófica, que, al parecer, cree que es tan convincente que no tiene que dar ninguna especificación de pruebas que confirman que es verdad. Bueno, no se puede obtener ninguna evidencia material sobre lo que existía antes de que el espacio y tiempo llegaran a existir. Por encima de todo él cree que estas especulaciones basadas matemáticamente resuelven mil años de edad enigmas filosóficos, sin comprometerse seriamente a esas cuestiones filosóficas. La creencia de que toda la realidad puede ser comprendida plenamente en términos de la física y las ecuaciones de la física es una fantasía.

Y sobre todo, Krauss no se ocupa de por qué existen las leyes de la física, por qué tienen la forma que tienen, o en qué tipo de manifestación existían antes de que existiera el universo (que debe creer si él cree que trajo el universo a la existencia). ¿Quién o qué soñó los principios de simetría, Lagrangianos, grupos de simetría específicos, teorías de calibre, y así sucesivamente? Él no comienza a responder a estas preguntas.

Es muy irónico cuando dice que la filosofía es una tontería y luego él mismo se involucra en este tipo de intento de la filosofía. Parece que la educación científica debe incluir algunos módulos básicos sobre Platón, Aristóteles, Kant, Hume, y los otros grandes filósofos, así como los escritos de los filósofos más recientes, como Tim Maudlin y David Albert.

"Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, a fin de que cumplamos todas las palabras de esta ley." (Deuteronomio 29:29)



La naturaleza del problema del origen de la vida va más allá de lo que razonablemente podemos esperar sea explicado por el avance de la biología. La búsqueda de un escenario cosmológico puramente especulativo como el que se nos propone nos es presentado por el propio autor nada menos que como una vía de salida o de escape (a way out) para no quedar atrapados en el imposible rompecabezas del origen de mecanismos biológicos que se necesitan y se justifican recíprocamente los unos a los otros (the chicken and egg problem). Como sabemos el problema del huevo y la gallina es un rompecabezas lógico que tiene, en el caso de la vida, dos aproximaciones paralelas pero distintas. Desde el punto de vista puramente experimental y mecanicista, hay un rompecabezas en la mutua dependencia existente entre los genes y las proteínas. Los genes contienen las instrucciones para la síntesis de las proteínas, pero al mismo tiempo, la transcripción de las secuencias genéticas solamente puede llevarse a cabo mediante la participación en el proceso de una maquinaria molecular construida a partir de dicha síntesis. Por otro lado, existe también un rompecabezas formal. El código genético supone una relación unívoca y arbitraria entre dos mundos inconexos (nucleótidos y aminoácidos) que consagra el carácter informacional de las secuencias lineales del genoma. Este código se transcribe de forma eficaz mediante el concurso de artefactos moleculares como el ARN de transferencia o las enzimas aminoacil sintetasas que cumplen funciones específicas de identificación y ejecución de las tareas que garantizan la integridad de dicho código genético. Pero al mismo tiempo dichas maquinaria molecular ha sido construida según las reglas del propio código del que son garantía. Un doble problema del huevo y la gallina que Koonin parece considerar imposible de resolver en términos estrictamente físico-dinámicos en un escenario naturalista clásico.
Es por ello que Koonin invoca la necesidad de una salida, de una alternativa que nos permita escapar de la encerrona a la que el conocimiento científico parece conducirnos. Quede claro, Koonin no invoca una insuficiente información ni se emplaza a descubrimientos futuros para resolver el problema. Por el contrario, y esto es lo importante por ser la opinión consolidada de un experto mundialmente reconocido en la materia, considera que nuestro conocimiento es suficientemente solvente como para postular que la descripción de una encerrona lógica y empírica es una fórmula adecuada y racionalmente consistente. Pero cabe preguntarse entonces, ¿de qué quiere Koonin escapar?, ¿de qué es preciso huir?
Si atendemos al artículo de Bruce L. Gordon en “The Nature of Nature” titulado “Ballons on a String” y referido a la teoría de cuerdas y la cosmología inflacionista, podemos atisbar qué es lo que está en juego. Gordon pone en boca del físico teórico Leonard Susskind (autor de “The Cosmic Landscape” sobre el principio antrópico y la teoría de cuerdas) lo siguiente:
Si, por razones, difíciles de prever, el horizonte (cosmológico) resultara inconsistente, quizás por razones matemáticas, o por que no se compadeciese con las observaciones… entonces, tal como están las cosas en la actualidad quedaríamos en una muy incómoda posición. Sin una explicación del “ajuste fino” de la Naturaleza nos resultaría difícil responder a los críticos proponentes del DI.
Y añade Gordon que si hacemos caso de Koonin (en relación al artículo de 2007 aquí mencionado) esta incapacidad para evitar el diseño inteligente arrastraría igualmente a las investigaciones sobre el origen de la vida si el multiverso inflacionario fracasase.
He aquí el peligro. De lo que hay que escapar es de la contundencia de los argumentos de diseño que la investigación en el campo de la biología no puede soslayar. Este planteamiento de Koonin o Susskind dice muchas cosas. Por ejemplo que las críticas consabidas de que los planteamientos del DI nacen de prejuicios religiosos o que pueden ser despachados con la consabida coletilla de que son meros argumentos desde la ignorancia y recursos irracionales al expediente del “Dios de los huecos” ya no se sostiene. Koonin, como Susskind, concede indirectamente que la inferencia de diseño es razonable y que nace como consecuencia del conocimiento científico más avanzado. Además, nos dice, la única manera de escapar a su supremacía es oponer la fantasiosa especulación de un multiverso que no responde a ninguna necesidad explicativa derivada de las observaciones y el registro experimental.
La solución al enigma del origen de la vida por lo tanto no está en la biología, no podemos esperarla del avance del conocimiento científico en el área que le es propia. La explicación naturalista solo puede sostenerse merced a una arbitraria justificación de naturaleza metafísica que se nos ofrece, sin ninguna garantía científica, como una argumentación filosófica que se deriva de un prejuicio materialista. En realidad la propuesta suena a una acción desesperada previa a una posible y futura rendición incondicional. Dos son sus debilidades. La primera la carencia absoluta de rigor científico de la propuesta ya que ni nace de observación alguna que requiera tal tipo de justificación, ni por supuesto puede plantearse como una propuesta falsable de acuerdo con los cánones más ortodoxos del método científico y el criterio de demarcación propio de las ciencias experimentales.
El fallo más significativo sin embargo es que postula que en un multiverso inflacionario cualquier cosa posible se convierte, por improbable que parezca, en un hecho inevitable. Por supuesto esta propuesta es una propuesta filosófica que lleva varias trampas asociadas. Una que convierte de manera gratuita nuestro observable finito Universo (y como consecuencia contingente) por arte de una mera especulación en un Universo infinito y por ende no contingente sino capaz de justificarse a sí mismo sin necesidad de remitirse a una causalidad ajena en la que encontrar una “razón de ser”. De un plumazo nos hemos cargado, sin justificación alguna, la dependencia ontológica en el ser del único Universo finito que conocemos. Otra, que nos quiere introducir de rondón el gazapo de que el problema del origen de la vida es simplemente un problema de improbabilidad, cuya dificultad sería de naturaleza similar a la improbabilidad de un ejército de monos tecleando sus respectivas máquinas de escribir a la búsqueda del hallazgo fortuito de un soneto de Shakespeare.
Nada más inexacto. Lo que caracteriza al enigma del origen de la vida no es su improbabilidad sino su dificultad lógica y su inconsistencia con relación al devenir ordinario de los fenómenos naturales. Y esto es algo que se entiende mucho mejor cuando se lee, por ejemplo, el extraordinario esfuerzo teórico desplegado por el Doctor David L. Abel en su libro ya comentado en estas páginas “The First Gene”. La abiogénesis no es un fenómeno improbable sino un fenómeno que no resulta plausible a la luz del conocimiento científico actual y de la dependencia del dinamismo físico-químico de la vida en relación al gobierno cibernético de naturaleza formal de los procesos de la vida. Koonin lo sabe y es precisamente eso lo que le mueve torticeramente a buscar la solución en una especulación fantasiosa y arbitraria como es la propuesta de los multiversos. Pero el desafío que hay que afrontar no es la improbabilidad del evento, sino la falta de adecuación causal de un entorno material inanimado sometido a las regularidades que conocemos como leyes físicas y la emergencia sorprendente de sistemas funcionales gobernados por una realidad formal, la información genética de carácter prescriptivo.
El propio Abel dedica un epígrafe en el Cap 11 de su libro a comentar la propuesta de los multiversos al señalar que el recurso a una cosmología de este tipo se va incrementando a medida de que la dificultad de explicar una generación espontánea de la vida va deviniendo más incontrovertible en un Universo finito. Y nos deja este párrafo demoledor (p. 318):
La noción de multiversos no tiene soporte observacional, menos aún observaciones repetidas. Carece de cualquier tipo de justificación empírica. No es verificable, no puede ser falsada. No puede hacer predicciones. Se trata de un constructo no parsimonioso que viola el principio de la navaja de Occam. Ninguna inferencia lógica parece sustentar la sólida creencia en ella más que la perceptible necesidad de racionalizar lo que sabemos es estadísticamente prohibitivo en el único Universo del que de hecho tenemos experiencia. Las fantasías en torno al multiverso tienden a constituir la puerta trasera de una salida de emergencia para cuando nuestro modelo se topa con obstáculos insuperables en el cosmos observable. Cuando ninguno de los hechos encaja en nuestro modelo, creamos interesadamente imaginarios universos adicionales que se acomodan mejor a él. Esto no es ciencia. La ciencia trata de la falsación en el seno del único Universo al que la ciencia puede referirse. La ciencia no puede caer en el misticismo, la ciega creencia o la superstición. El multiverso puede estar bien para modelos metafísicos teóricos. Pero no hay justificación alguna para incluir este “mundo de ensueño” en el seno de las ciencias de la física o la astronomía.
De la falta de consistencia de propuesta de los multiversos nos dejan constancia también estas palabras del reputado científico Steven Weinberg con las que cierra su artículo “Living in the Multiverse”:
En cuanto al multiverso, es apropiado mantener una mente abierta, y las opiniones entre los científicos varían ampliamente. En el aeropuerto de Austin camino a esta convención, encontré a la venta el número de Octubre de una revista titulada “Astronomía” en cuya portada se leía el siguiente titular: “Por qué vivimos en un Universo Múltiple”. Dentro encontré un reportaje sobre una discusión en una conferencia en Stanford en la que Martin Rees declaraba tener suficiente confianza en el multiverso como para apostar la vida de su perro por ello, mientras que Andrei Linde decía que apostaría su propia vida. Por lo que a mí respecta tengo suficiente confianza en el multiverso como para apostarme las vidas de Andrei Linde y del perro de Martin Rees


Nos citábamos en el artículo anterior para un comentario más detenido sobre las opiniones y propuestas de Koonin en torno al problema del origen de la vida. Lo primero que hay que mencionar es el reconocimiento de la honestidad con la que Koonin se apresta a dar a este problema el lugar que merece en un modelo explicativo de la realidad. De hecho, cuando en las primeras páginas resume las inconsistencias del darwinismo, no duda en calificar (p. 18 y 19) a la síntesis moderna o neo-darwinismo como un modelo dogmático e incompleto. Esta incompletitud la achaca, entre otras razones, al hecho de que ni siquiera se acerca a intentar dar cuenta del problema crucial del origen de la vida.
Koonin parece decidido a enfrentarse a este problema sin reticencias y si bien su modelo adolece de una falta de completitud mayor que la que él achaca al paradigma agonizante por motivos bien claros que hemos expuestos en el artículo anterior, está claro que no quiere pecar de falta de arrojo y obviar en su modelo el misterio siempre escurridizo del origen de las primeras formas vivas en nuestro planeta. Y con independencia de sus disertaciones sobre los distintos escenarios que se barajan en el discurso científico y su especial predilección por resaltar el papel relevante de los virus en el origen del misterio de la vida, la conclusión que parece extraer de tan refinadas y exhaustivas indagaciones en los enigmas de la biología molecular le llevan en definitiva a expresar sus conclusiones con sin igual crudeza con estas palabras (p. 391):
A pesar de muchos interesantes resultados a su favor, cuando se le juzga por el criterio directo de alcanzar (o simplemente aproximarse) a su objetivo final, el campo del estudio del origen de la vida es un fracaso; todavía no tenemos ni siquiera un modelo coherente plausible, mucho menos un escenario válido, para la emergencia de la vida en la Tierra. Desde luego no es por falta de esfuerzos teóricos y experimentales sino por la extraordinaria dificultad intrínseca y la complejidad del problema. Una sucesión de pasos extremadamente improbables resultan esenciales para el origen de la vida, desde la síntesis y acumulación de nucleótidos hasta el origen de la traducción; por la multiplicación de probabilidades esto hace que el resultado final parezca casi un milagro.
Y algunas páginas más adelante (p.417) Koonin retoma tan importante cuestión en un epígrafe titulado “The ultimate enigma of the origin of life”:
Sin embargo, el origen de la vida- o para ser más precisos el origen del primer sistema capaz de replicarse y el origen de la traducción (se refiere al código genético y la síntesis proteica)- sigue siendo un gran enigma, y los progresos en su resolución han sido muy modestos; en el caso de la traducción casi despreciables… Sin embargo, estos avances resultan sólo preliminares, por importantes que resulten, porque ni siquiera se acercan a un escenario coherente para la evolución prebiológica… En mi opinión, a pesar de todos los avances habidos, la biología evolutiva es y seguirá siendo una disciplina lamentablemente incompleta hasta que tengamos un escenario sobre el origen de la vida, si no convincente, al menos plausible.
Es evidente que para Koonin afrontar el problema del origen de la vida es imprescindible si se quiere defender una posición naturalista plenamente consistente. De hecho ya había demostrado su preocupación al respecto en un artículo de 2007 titulado “The cosmological model of eternal inflation and the transition from chance to biological evolution in the history of life”. En él Koonin define el origen de la vida como el eterno problema del huevo y la gallina, en definitiva un rompecabezas lógico sin solución racional. No duda en señalar que incluso el escenario de una vida originalmente surgida en un entorno de ARN (la más invocada por los partidarios de una solución naturalista al “chicken and egg problem”) tropieza con inconsistencias aparentemente irresolubles.
Ante la dificultad teórica y la falta de soluciones procedentes de la observaciones empíricas Koonin decide tirar por la calle de en medio y haciendo honor al refranero castizo de nuestra lengua nos demuestra que “a grandes males, grandes remedios”; así, acaba postulando sin rubor la propuesta de una cosmología de la inflación cósmica eterna. La descripción de la solución que aporta esta sorprendente alternativa la leemos de las propias palabras del autor en el resumen inicial de su artículo de 2007:
La inflación eterna nos ofrece una alternativa viable que no se sostendría en un Universo finito, es decir, que un sistema conjunto de traducción y replicación emergiera por azar y deviniera el hallazgo inicial a partir del cuál la evolución biológica, centrada en la selección darwiniana, despegara. Un corolario de esta hipótesis es que un mundo de ARN, como una población diversa de moléculas de ARN capaces de replicarse, podría no haber existido nunca. En este modelo la etapa de la selección darwiniana nace de la selección antrópica de sistemas complejos que difícilmente pero inevitablemente emergen por azar en un universo infinito (multiverso).
La decisión de Koonin de apuntarse a este tipo de soluciones, queda perfectamente claro, no surge por la imposición del propio conocimiento científico, sino como búsqueda de alternativas exigidas por la previa adopción de un prejuicio metafísico. Como explica en el libro que comentamos (p. 392), las dificultades para hacer sostenibles las diferentes propuestas o escenarios planteados en torno al origen de la vida convergen en problemas sin solución aparente (casi un milagro). Muchos autores se han entretenido en hacer sus propias estimaciones sobre la improbabilidad de la ocurrencia fortuita de la emergencia de la vida en un mundo inanimado. Koonin nos ofrece también sus propios cálculos para un escenario absolutamente elemental (a toy model) que cifra en una probabilidad inferior a 10^-1.018. Las cifras de otros autores son sensiblemente inferiores; Fred Hoyle por ejemplo las estimaba en 10^-40.000 y de ahí su célebre ejemplo de asimilar un evento tal a la probabilidad de que un tornado al arrasar una chatarrería construyera por azar un Boeing 747. En cualquier caso todos coinciden en que la probabilidad de la construcción de manera fortuita de la más elemental de las estructuras vivientes precisaría de unos recursos probabilísticos muchos órdenes de magnitud superiores a los realmente existentes en este Universo finito que conocemos. Por eso Koonin nos dice:
Dadas todas estas dificultades importantes, parece prudente considerar seriamente alternativas radicales para el origen de la Vida. La versión de “Muchos mundos en uno” (MWO, del inglés Many Worlds in One) del modelo cosmológico de inflación eterna sugiere una vía de escape para el rompecabezas del origen de la vida, porque en un multiverso infinito con un número finito de distintas historias macroscópicas (cada una repetida un número infinito de veces), la emergencia de incluso sistemas altamente complejos por azar no solamente es posible, sino inevitable.
Así por lo tanto, Koonin fía la solución naturalista del enigma a eventos fortuitos que suceden de manera inevitable. O bien se trata de un oxímoron invocado como mera licencia poética, o el científico ruso ha descubierto una nueva categoría ontológica que hasta ahora nos había pasado inadvertida.
Por otra parte, pocas líneas más adelante añade una idea ya expuesta en su artículo de 2007 que merece una somera aclaración:
El que este evento, extremadamente raro ocurriese en la Tierra y diera paso a la vida tal como la conocemos sólo podría atribuirse a una causalidad antrópica.
En efecto, la invocación recurrente de una causalidad antrópica parece exigir una explicación en un autor de convicciones plenamente materialistas. Él mismo nos lo explica en un epígrafe titulado “Algunas nuevas e importantes definiciones y reinterpretaciones de definiciones familiares en el modelo MWO”. Para Koonin este concepto de “selección antrópica” representa la noción de que la historia de nuestro mundo anterior a la puesta en marcha del proceso de evolución biológica no dependía de ningún específico “mecanismo” sino que fue simplemente objeto de “selección” de entre el conjunto finito de todas las historias cuya ocurrencia estaría garantizada en un Universo infinito, en virtud de ser favorable a la emergencia de la vida compleja. La selección antrópica sería por tanto un principio epistemológico, no ontológico, una mera formulación del principio antrópico débil acomodada al objeto de su libro, y que no debe ser confundido con el carácter inevitablemente teleológico (y según Koonin, por lo tanto no científico) del principio antrópico fuerte.
Con independencia de la nula capacidad explicativa que nos ofrece la invocación de un principio antrópico débil lo que llama poderosamente la atención es que la solución al enigma de la vida nos venga remitida al campo de la cosmología-ficción por parte precisamente de un experto en el campo de la biología molecular y la genómica. Parece evidente de que los profesionales de la biología no solamente no han sido capaces de encontrar una respuesta naturalista al enigma del origen de la vida si no que además, al recurrir a este tipo de soluciones explicativas demuestran que han perdido definitivamente toda esperanza de alcanzar una solución en el seno de su propia disciplina científica. Si durante décadas se nos ha venido predicando la consigna de que las dificultades para explicar los misterios de la vida eran solamente un problema de insuficiente información y conocimiento y de que las lagunas existentes, sin ninguna duda, se cubrirían en el futuro merced a los nuevos descubrimientos de la bioquímica, lo que Koonin nos viene a decir en este libro es que tal estrategia ha dejado de ser la apropiada. Por lo visto, el conocimiento científico es lo suficientemente sólido para poder empezar a establecer que la búsqueda de soluciones naturalistas a la abiogénesis es un planteamiento sin posibilidades de éxito y que sólo invocando soluciones metafísicas como la idea de que una cantidad infinita de recursos probabilísticos convertiría en inevitables incluso los eventos cuasi-milagrosos podremos salir del atolladero.
Pero una propuesta de esta naturaleza no puede dejarse escapar sin un escrutinio crítico riguroso, cosa que haremos en el último comentario de esta serie.




El nuevo libro de David Abel (“The First Gene”) representa un punto de referencia que no puede ya ser eludido en cualquier intento de explicar el origen de la vida en términos estrictamente naturalistas. La importancia de la exposición de Abel resulta más evidente si hacemos un somero recuento de la historia reciente de las investigaciones sobre la abiogénesis. Desde los trabajos de las primera mitad del pasado siglo puestos en marcha por el ruso Oparin hasta los más recientes intentos por parte del equipo de Craig Venter para recrear la vida artificial en el laboratorio, pasando por el célebre experimento de Miller-Urey sobre la síntesis espontánea de algunos componentes orgánicos, el paradigma explicativo de la emergencia de la vida ha sido el modelo de la evolución química, es decir, la presunción de que la vida puede haber surgido como consecuencia de reacciones químicas fortuitas en un ambiente favorable para ello, quizás, como apuntara el propio Darwin, en una pequeña charca templada…

Esta propuesta ha venido asumiendo durante un siglo largo, la idea de que la búsqueda de una explicación científica satisfactoria a este poderoso enigma, por lejana que pareciese, terminaría por llegar de la mano del avance en el conocimiento de la biología. Distintos escenarios han sido estudiados, para intentar conjugar los dos procesos esenciales inherentes a la vida, el metabolismo y la auto-replicación, en la génesis de los primeros organismos. En los últimos tiempos han adquirido un mayor predicamento entre la comunidad científica los escenarios que postulan un origen de la vida sobre una biología sustentada en moléculas de ADN capaces de auto-replicarse para ir posteriormente ganando funciones complementarias.

Sin embargo, el avance de la ciencia, lejos de ayudarnos a encontrar la solución correcta al enigma de la evolución química de la vida no ha hecho sino ir añadiendo más y más dificultades poniendo de manifiesto, a cada descubrimiento, la inextricable complejidad de los seres vivos y la impotencia de los investigadores para encontrar un modelo convincente. El libro de 1984 “The Mystery of Life´s Origin”, de Thaxton, Bradley y Olsen supuso un aldabonazo que denunció, en términos estrictamente científicos, la inconsistencia de las teorías dominantes en su tiempo sobre tan esencial cuestión. En nuestros días, la obra minuciosa y exhaustiva de Stephen C. Meyer “Signature in the Cell” ha desarrollado un argumento poderoso sobre la dificultad de defender un modelo naturalista de la abiogénesis y ha introducido la necesidad de incluir en cualquier propuesta una solución al origen, no sólo del intrincado rompecabezas físico-químico que representa el más elemental de los organismos vivos, sino también de la propia información genética que gobierna los mecanismos de la vida.


Lo que éste y otros trabajos han puesto de manifiesto, en definitiva, es la inmensa dificultad para postular que la vida haya podido surgir en nuestro planeta por procesos estrictamente naturales y de forma perfectamente fortuita y espontánea. Y hasta tal punto lo han hecho que los autores de los trabajos científicos más actuales y destacados en este campo han empezado a bajar los brazos y a comprender que el origen de la vida supone un rompecabezas sin solución científica predecible. Veamos por ejemplo, lo que nos dice al respecto Eugene V. Koonin (Senior Investigator at the National Center for Biotechnology Information, Maryland, USA) en su libro reciente “The Chance of Logic”. Por una parte defiende que cualquier paradigma explicativo en biología debe de contemplar una propuesta para el origen de la vida, denunciando a su vez una falla fundamental en el modelo neo-darwinista dominante en el último siglo por carecer de capacidad explicativa para tan fundamental cuestión. Por otra parte, asume que el origen de la vida es un rompecabezas lógico (a chicken-egg problem) de inextricable solución y postula las condiciones mínimas que debe de cumplir la emergencia del más elemental de los organismos vivos: la doble y recíproca condición de replicación y traducción. Koonin realiza él mismo los cálculos de probabilidad para poder apostar por la emergencia fortuita de un tal mecanismo biológico y termina concluyendo que el altísimo grado de improbabilidad supera por muchísimos órdenes de magnitud el total de recursos probabilísticos presentes en este Universo que habitamos, lo que la convertiría, en palabras del propio Koonin en “casi un milagro” (p.391)

Como consecuencia de esta convicción Koonin abandera un nuevo sesgo en el discurso científico en torno al origen de la vida que va ganando cada vez más adeptos entre las filas materialistas a medida que el avance de la ciencia va evidenciando la incapacidad del modelo tradicional de la evolución química: el salto de la biología a la cosmología. La propuesta de una cosmología de multiversos al amparo de la moderna teoría de cuerdas y una inflación cósmica infinita tiene por objeto elevar ilimitadamente los insuficientes recursos probabilísticos disponibles con objeto de hacer que “cualquier cosa” por improbable que resulte, termine siendo “inevitable” (en palabras del propio Koonin). Y es precisamente en este punto del debate donde el libro de David Abel se convierte en un desafío definitivo para las nuevas teorías emergentes.

Abel nos recuerda que la vida no puede ser explicada sin profundizar primero en el significado y papel que juega la información en el sustento de la dinámica de la vida. Hoy cabe decir, a la luz del conocimiento científico más actual, que las propiedades del Universo y de la vida están mejor descritas por las leyes que gobiernan la información que por las leyes que gobiernan la materia. Es por eso que Abel desarrolla una completa teoría en torno a la cibernética de la vida y el papel relevante de los procesos semióticos en la misma. Como consecuencia de su análisis, la necesidad de una categoría de causalidad que supere la vieja dicotomía entre azar y necesidad se hace inevitable y la reivindicación de la elección contingente (choice contingency) viene a completar los recursos causales explicativos necesarios para hacer racionalmente comprensible la realidad que conocemos. La información se ha convertido ya, en un elemento constitutivo de la Naturaleza tanto como puedan serlo la materia, la energía o las leyes físico-químicas que limitan sus posibilidades de cambio y transición.

Como consecuencia de su análisis, Abel nos aporta una conclusión que está llamada a presidir el discurso teórico de los próximos tiempos y que no puede ya ser obviada en el futuro, la idea de que el Formalismo precede y gobierna la Fisicalidad (F>P, por sus siglas en el inglés original). Las conclusiones de Abel son rotundas. La vida no es el producto de constricciones referidas a leyes reiterativas y faltas de información sino la consecuencia de controles cibernéticos orientados a resultados específicos. Las constricciones físico-dinámicas pueden orientar la construcción de modelos ordenados pero no pueden provocar la emergencia fortuita de estructuras funcionales altamente organizadas. El Corte Cibernético representa la ruptura entre las estructuras que pueden ser explicadas por mecanismos físico-dinámicos exclusivamente, de aquellas estructuras funcionales que dependen de controles formales y de elecciones orientadas. La selección natural solamente explica la predominancia de modelos funcionales ya existentes; la vida, por el contrario se basa en la selección “para” una función potencial no existente con antelación. Ni el azar ni la necesidad pueden programar nodos decisorios para integrar circuitos u organizar una utilidad formal. Ninguna combinación de azar y necesidad puede generar las reglas formales o hacer emerger un sistema simbólico informacional de la naturaleza del código genético, ni justificar la emergencia de procesos semióticos que se nutren de códigos y memorias orgánicas. Ninguna entidad física puede “auto-organizarse” en la existencia; un efecto nunca puede ser su propia causa.

Las conclusiones y los argumentos de Abel se convierten así en la referencia ineludible que ninguna teoría naturalista del origen de la vida puede ya desconocer. La información, como elemento inevitable de la realidad, hace que el estudio de la vida exija una integración multidisciplinar de la física y química tradicional junto a las ciencias de la información en el marco de la biología. En la era de la información ya no es admisible seguir sosteniendo que meros errores de transcripción puedan generar la altamente sofisticada información de los sistemas biológicos, su maquinaria y mecanismos para el proceso de la misma o los fascinantes mecanismos asociados de detección y reparación de errores en la replicación que caracterizan a los organismos vivos y cuyo sentido teleológico no puede ser negado. La preponderancia del formalismo sobre la fisicalidad ataca de lleno el sentido reduccionista del modelo clásico y la “forma” reivindica su protagonismo como elemento rector del proceso de generación de cualquier organismo vivo. La información prescriptiva, nos dice Abel, gobierna los procesos de la vida. De acuerdo, pero yo quisiera añadir entonces que además, la forma se convierte en el elemento rector del proceso. Pensemos en el proceso de desarrollo embrionario de cualquier organismo pluricelular; no son los genes al expresarse en el fenotipo los que producen la forma final, es precisamente la forma la que prescribe la activación de los genes o su anulación en el momento y la ubicación precisa. Al fin y al cabo, la información prescriptiva, como toda información encriptada en un sistema simbólico material, es necesariamente intencional, es referida a una realidad que lógicamente la precede.

Lo que Abel nos enseña en definitiva es que no se puede reducir el problema del origen de la vida, como pretende Koonin, a un problema de recursos probabilísticos escasos. El origen naturalista de la vida afronta un problema de falta de adecuación causal. No hay una relación razonable entre la causa propuesta, el azar y la necesidad, y el efecto resultante, la compleja información prescriptiva reguladora de procesos formalmente estructurados según esquemas de organización funcional. Pongamos un ejemplo. No es razonable pensar que un chimpancé sea capaz de resolver la Conjetura de Poincaré. Pero es inadmisible proponer que en una cosmología de multiversos la extensión de los recursos disponibles a un ejército infinito de chimpancés terminaría por encontrar la solución de forma inevitable. El principio de adecuación causal nos exige que aquella realidad presente en el efecto pueda ser reivindicada como originaria de la causa propuesta.

Abel nos presenta su argumentación en términos estrictamente científicos dentro de la lógica propia de una epistemología finita. No reivindica la imposibilidad teórica de la ocurrencia de la emergencia fortuita de la vida pero sí la absoluta falta de plausabilidad de tal evento de acuerdo con los conocimientos y las herramientas conceptuales que la ciencia nos ha proporcionado a día de hoy. A partir de ahora cualquier propuesta naturalista para explicar el origen de la vida deberá hacer referencia a las objeciones planteadas por este excelente trabajo del Doctor Abel. Y puedo asegurarles que estoy deseando ver cómo se las van a arreglar para rebatirlas.

Por Felipe Aizpún | Darwin o DI




“The Logic of Chance”
(2011) es un libro recientemente publicado debido a la autoría del prestigioso científico de origen ruso Eugene V. Koonin, Senior Investigator en el National Center for Biotechnology Information en Bethesda (Maryland, USA). Koonin es responsable de más de 600 artículos científicos y un libro previo (2002) titulado “Sequence-Evolution-Function: Computacional Approaches in Comparative Genomics”. La reputación profesional del autor y el ambicioso y exhaustivo tratamiento del estado actual de la biología evolutiva que nos ofrece Koonin en su nuevo libro han hecho de él motivo de interés y comentario en los círculos científicos en los últimos meses.

El libro que hoy comentamos es uno más de los testimonios procedentes de los más destacados representantes del stablishment científico que vienen a poner de manifiesto la definitiva falta de consistencia del paradigma neo-darwinista. Muchas son las razones para hacerlo y Koonin nos va desgranando algunas de ellas, como por ejemplo la dificultad para enfrentarse desde el modelo gradualista tradicional a las estructuras biológicas complejas “evocadas”, nos dice el autor, como estructuras irreduciblemente complejas. O bien, la incapacidad del modelo para justificar el proceso de la macroevolución más allá de la simple justificación de la emergencia de variedades de ya conocidas especies que es, según Koonin, lo máximo que alcanzó a explicar en sus ejemplos el bueno de Darwin, sin llegar ni siquiera a justificar la emergencia de nuevas especies y mucho menos de superiores categorías taxonómicas. En concreto señala (p.19) que “la Síntesis Moderna da un gran salto de fe al extender los mecanismos y modelos establecidos para la microevolución a los procesos macroevolutivos”.

El libro de Koonin es un libro para especialistas que resulta difícil de seguir para los no profesionales de la biología; sin embargo su decidida apuesta por postularse como un paradigma alternativo lo hace merecedor de un interés por parte del público generalista. Y es que Koonin nos habla sin recato de que el conocimiento científico actual nos permite abordar una “meta-revolución”, un cambio importante en todo el marco conceptual de la biología, en una transición hacia una visión posmoderna de la vida. Nos habla en definitiva de un cambio de paradigma (paradigm shift) y no se corta en anunciar “una nueva síntesis evolucionista que yo estoy tratando de desarrollar aquí” (p. ix).

La particularidad de este nuevo enfoque que Koonin nos aporta estriba en el papel y significación que otorga a las categorías de causalidad clásicas en el proceso. La Síntesis Moderna se apoya sobre el papel protagonista del azar (chance) como responsable de las novedades biológicas, y el papel prácticamente exclusivo de la necesidad, en este caso de la mano de la selección natural (SN), para generalizar dichas novedades según el modelo de la genética de poblaciones. El discurso de Koonin a lo largo de sus 500 páginas de exposición se centra por lo tanto en revisar, desde una óptica esencialmente naturalista adoptada como un marco explicativo irrenunciable de la realidad, el peso específico de ambas explicaciones causales en el proceso y aportar novedosas interpretaciones al mismo. Koonin rechaza abiertamente un modelo que consideraba dogmático en su génesis y que se impuso en su forma “dura” obviando las observaciones evidentes a favor de un mayor protagonismo de los procesos estocásticos en la generalización de las novedades biológicas en el seno de las poblaciones tal como pusieran de manifiesto los trabajos, por ejemplo, de Sewall Wright. Así, el discurso adaptacionista terminó por imponerse como un mantra obligado dotando, en la perfecta armonía y equilibrio que otorgaban azar y necesidad al proceso, de elegancia y contundencia al modelo.

En realidad la propuesta de Koonin termina siendo francamente decepcionante ya que nada, aparte de la consabida crítica al paradigma dominante, puede ofrecernos como explicación alternativa. A diferencia del reciente libro de James Shapiro, ampliamente comentado no hace mucho en estas páginas y que nos ofrece una visión claramente finalista del proceso de cambio de las formas vivas, Koonin proyecta en su trabajo una mera exaltación del azar como justificación principal de todo el proceso, no solamente de la emergencia de las variaciones sino también como motor de las generalizaciones de dichas novedades entre la población. Considera el autor que el discurso adaptativo carece de base y que la evidencia científica procedente de las observaciones no resulta en absoluto concluyente en su favor. La SN apenas pasa, para Koonin, de aportar su carácter “purificador”, es decir, de explicar la desaparición de los organismos menos aptos o defectuosos (tal como por otra parte había sido siempre, hasta su deformación conceptual por parte de Darwin). De esta forma, el fantasioso carácter “creativo” de la SN según el discurso darwinista tradicional queda relegado al mero papel conservador del statu quo que Koonin considera oportuno recuperar.

Todo es azar para Koonin, y el azar todo lo explica, lo que en definitiva se traduce en que nada es explicado y en que frente al sólido y rotundo (aunque perfectamente falso) paradigma neo-darwinista, la crítica del modelo y la puesta en evidencia de sus inconsistencias no se concreta en una propuesta alternativa que merezca la consideración de “teoría”. Frente al discurso gradualista y uniformitarianista de Darwin, Koonin sólo nos ofrece que el proceso evolutivo es una amalgama de acontecimientos de diversa naturaleza, sobrevenidos en virtud de procesos estocásticos y según un discurrir de eventos que no pueden ser enmarcados en una propuesta teorizante alternativa que dote de sentido y claridad conceptual al modelo. Frente a la idea darwinista de que las variaciones surgen siempre fruto de mutaciones fortuitas Koonin nos apunta que tales variaciones pueden, por el contrario, proceder de episodios de cambio de muy distinta naturaleza y no meras variaciones en los nucleótidos de las secuencias génicas. Lo cual no es decir mucho. Esta falta de criterio y de modelo explicativo no le impide sin embargo exclamar con entusiasmo que, más allá del dictum ya mítico de Dobzhansky, cabe decir con rotundidad: “Biology is Evolution!”

Esta falta de consistencia de la propuesta de Koonin se pone más claramente de manifiesto cuando pasamos revista a sus interpretaciones de los fenómenos más relevantes de la historia de la vida y comprobamos su incapacidad para explicarlos en el seno de un modelo que aspire a poder presentarse como una nueva síntesis posmoderna de la biología. Comenzamos por el origen de la vida en nuestro planeta. Para Koonin se trata de un fenómeno tan fantásticamente improbable que representa una sorprendente muestra de lo que el puro azar es capaz de conseguir en contra de toda previsión razonable. La forma en cómo aborda Koonin una justificación racional de este proceso merece artículos aparte que seguirán al presente.

Un segundo episodio crucial en la historia de la vida es la aparición de las células eucariotas. La eucariogénesis se nos ofrece en este libro igualmente como un evento de tan extraordinaria rareza que no podemos sino felicitarnos por la, de nuevo, fantástica capacidad creativa de la Naturaleza sometida al azar no dirigido y a las constricciones que conocemos como leyes físico-químicas. Koonin no duda en admitir que la organización celular de las células modernas nos muestra tal intrincada complejidad que es comprensible que para algunos evoque la condición de complejidad irreducible, ya que “para la mayoría de los sistemas funcionales de tales células no podemos señalar ningún sistema evolutivo intermedio” (p. 221). Koonin concibe la simbiogénesis como el escenario más probable para la aparición de las células eucariotas pero no olvida que muchas incógnitas sobre la naturaleza del proceso permanecen sin resolver: “la genómica comparativa de momento no ha resuelto el enigma de la eucariogénesis ni tampoco nos ha ofrecido una exposición definitiva de la primitiva radiación de los principales linajes de eucariotas” (p. 221).

Koonin no nos ofrece tampoco ninguna justificación para encajar en su modelo el problema de la naturaleza y el origen de la información biológica, un desafío crucial para cualquier intento de construcción de una “nueva síntesis” y sobre el que este autor pasa de puntillas. Además, por lo que se refiere al problema de la emergencia de la complejidad creciente en el transcurso del tiempo de los organismos vivos y que el propio Koonin califica como de “un problema central” (if not THE central problem in biology) (p. 250), Koonin nos relata cómo este problema central ha sido justificado tradicionalmente mediante su remisión al discurso adaptativo y al poder creativo de la selección natural. Koonin rechaza que tal explicación pueda derivarse de un honesto conocimiento científico de la realidad y prefiere apuntarse a la hipótesis de que “dado el suficiente tiempo” los procesos estocásticos de cambio en los seres vivos pueden acabar generando incrementos de complejidad en los organismos. Koonin secunda así la famosa metáfora popularizada por Stephen Jay Gould de los dos borrachos dando tumbos a la salida de un bar para llegar al fin, zigzagueando, a un destino cualquiera. Él mismo se apresura a decir (y desde aquí le secundamos con fervor) que tal modelo explicativo es demasiado general para poder ser considerado una teoría solvente.

Pero hay un dato especialmente llamativo en el libro de Koonin; la forma en que abiertamente declina pronunciarse sobre uno de los episodios más definitivos en la historia de la emergencia de la complejidad de la vida. En efecto, en el propio prefacio de la obra (p. xii) declara lo siguiente en relación al contenido de su libro: “Muchos importantes y populares temas, como el origen de los organismos pluricelulares o la evolución del proceso de desarrollo embrionario han sido completa e intencionalmente ignorados”. No nos explica el autor el motivo de esta omisión, algo difícilmente comprensible en quien pretende ofrecer un paradigma alternativo a la biología contemporánea si tenemos en cuenta que nos enfrentamos aquí al más principal de los enigmas, el de la información prescriptiva capaz de conducir al organismo en su dinamismo a alcanzar una forma biológica concreta.

Sin embargo este olvido no es del todo incomprensible. Koonin demuestra a lo largo de su libro que es un reduccionista de postín y que todo su modelo explicativo de la biología gira en torno a la genómica comparativa y a la búsqueda de mecanismos que puedan justificar, aunque sea bajo el socorrido paraguas del azar, la conformación de las diferencias presentes en los genomas de los distintos organismos mediante episodios de deleción, duplicación, transposición o transferencia genética horizontal principalmente. Koonin comprende que las viejas letanías darwinistas que basaban la explicación del proceso evolutivo en la acumulación de variaciones en las secuencias de nucleótidos en los genes ya han pasado a la historia. Lo que debemos explicar no son los cambios en los genes sino los cambios en los genomas y sus profundas reorganizaciones que definen las diferencias entre los distintos organismos. El problema es que el salto a los organismos pluricelulares y el proceso de desarrollo embrionario que los caracteriza nos enfrenta a realidades que no pueden explicarse únicamente desde el estudio de la genómica comparada. La información secuencial y digital de los genomas resulta insuficiente para explicar la naturaleza del proceso de desarrollo embrionario hacia la conformación de un modelo ideal de forma viviente. La información prescriptiva que gobierna el proceso exige planteamientos que superan por completo el enfoque puramente mecanicista y Koonin parece haber preferido huir del campo de batalla eludiendo un problema que, simplemente, desde su prejuicio naturalista es incapaz de comprender.

Por Felipe Aizpún | Darwin o DI

INTRODUCCIÓN
Para los que los desconozcan filosóficamente, el naturalismo es la creencia de que sólo la naturaleza es real y que lo sobrenatural no existe. El argumento evolutivo contra el naturalismo (EAAN), presentado por el filósofo cristiano Alvin Plantinga, sostiene que la conjunción del naturalismo y la evolución es contraproducente. Esto no es argumento en contra de la evolución, sino más bien un argumento contra el naturalismo (ya que si el naturalismo es cierto, la evolución es el “único juego en el pueblo”, y si la conjunción del naturalismo y la evolución es contraproducente, tanto peor para el naturalismo).
Para definir algunos términos y abreviaturas, un derrotador es (más o menos), algo que elimina o debilita motivos racionales para aceptar una creencia, en el contexto del argumento, el derrotador es tal que uno está racionalmente obligado a retener la creencia derrotada (es decir, que no se creé, ya sea por (1) permanecer agnóstico al respecto, o (2) la creencia de que es falsa). Supongamos, por ejemplo, que llego a una ciudad y veo lo que parece ser un granero a cincuenta metros de distancia. Más tarde me entero de que la semana pasada algún excéntrico puso graneros falsos por toda la zona, junto con los de verdad, y que estos graneros falsos son indistinguibles de los graneros reales cuando se ven a una distancia de treinta metros o más. Ahora tengo un derrotador para mi creencia de que había visto un granero. Me doy cuenta de que podría haber visto un granero, pero no tengo motivos suficientes para seguirá aceptando la creencia. Lo racional para mí es retener mi creencia de que había visto un granero. Supongamos que más tarde me entero que el excéntrico quitó todos los graneros falsos antes de mi llegada. Entonces tendría algo que anula la fuerza derrotadora del derrotador, es decir, un derrotador de derrotadores.
            Donde N es el naturalismo, E de la Evolución, y F significa "nuestras facultades cognitivas son Fiables", y Pr(R/N&E) se refiere a la "probabilidad de F dado N y E", es decir, la "probabilidad de que (nuestras facultades cognitivas son fiables dado el naturalismo y la evolución)," parte del argumento es el siguiente:
1.      Si Pr (F/N&E) es baja o inescrutable, entonces N&E sirven como derrotador de F.
2.      Pr (F/N&E) es baja o inescrutable.
3.      Por lo tanto, N&E sirve como derrotador de F.
Llamemos a la premisa (1) la Tesis Derrotadora y llamemos a la premisa (2) la Tesis de Probabilidad (Voy a dar argumentos para ambos en breve).
Si N&E sirven como un derrotador de "nuestras facultades cognitivas son fiables", también produce un derrotador para cualquier creencia producida por nuestras facultades cognitivas, como la conjunción del naturalismo y la evolución, y ya que todas nuestras creencias son sujetos a derrotar aquí, uno no puede utilizar cualquiera de nuestras creencias para derrotar al derrotador. Por lo tanto, tendríamos un derrotador invencible para F.
A continuación voy a referirme a las dos premisas fundamentales.
LA TESIS DE PROBABILIDAD
N&E y El Epifenomenalismo Semántico
¿Por qué pensar Pr (F/N&E) es bajo o inescrutable? Normalmente se podría pensar que las creencias verdaderas ayudan a sobrevivir. Eso sin duda es el caso si las creencias son causalmente relevantes para el comportamiento (por ejemplo, creo que esta planta es venenosa, así que no voy a comerla). Pero si la verdad de nuestras creencias no tiene tanta relevancia causal, entonces ese factor será invisible a la selección natural. El contenido de nuestras creencias puede ser cualquier cosa, verdad o no, y no afectaría a nuestro comportamiento. Si el contenido de la creencia es 2+2=4, 2+2=67, o 2+2=4.096 no haría ninguna diferencia en la forma en que nos comportamos. Si eso es cierto, entonces Pr (F/N&E) es baja.
            Escriban algo llamado epifenomenalismo semántico (ES). Llame a la sintaxis de una creencia sus propiedades neurofisiológicas (NP); el número de neuronas que participan en una creencia, su tempo, etc. Llame a la semántica de la creencia su contenido, por ejemplo, la creencia de que p es verdad para una proposición p, por ejemplo, la creencia de que la nieve es blanca. El epifenomenismo semántico dice que, si bien la sintaxis de nuestras creencias casualmente es relevante para el comportamiento, la semántica de nuestras creencias no lo son. En el naturalismo, ¿es cierto el epifenomenalismo semántico? Parecería ser que sí. Si el naturalismo es cierto, entonces el materialismo con respecto a los seres humanos es verdad (es decir, somos seres puramente físicos, al no tener mentes no físicas o almas). Plantinga, escribe, "es muy difícil imaginar una forma, dado el materialismo, en el que el contenido de una creencia podría volverse causalmente implicada en el comportamiento. De acuerdo con el materialismo, la creencia es una estructura neuronal de algún tipo -una estructura que de alguna manera tiene contenido. Pero, ¿cómo se puede obtener el contenido involucrado en la cadena causal que conduce a un comportamiento? Si tal estructura hubiera tenido un contenido diferente, uno piensa, su contribución causal con el comportamiento sería el mismo. Supongamos que mi creencia del naturalismo está de moda en estos días -la estructura neuronal que hace, de hecho, para mostrar ese contenido- hubiera tenido las mismas propiedades neurofisiológicas, pero otros contenidos totalmente diferente: tal vez nadie cree en el naturalismo en la actualidad. ¿Habría alguna diferencia de su papel en la etiología de la conducta? Es difícil ver cómo: no habrían sido los mismos impulsos eléctricos viajando por las mismas vías neuronales, emitiendo en las mismas contracciones musculares. Por lo tanto, es sumamente difícil ver cómo se puede evitar el epifenomenalismo semántico, dado N&E. "Si el materialismo con respecto a los seres humanos es verdad, nuestras creencias siendo causalmente relevantes serían tan ilusorias como el libre albedrío libertario.
Para ayudar a protegernos contra el sesgo hacia nuestra propia especie, no pensemos en nosotros, sino en algunas criaturas alienígenas donde N&E es cierto con respecto a ellos. Dejemos que FA como "las facultades cognitivas de los alienígenas son confiables." Para cualquier conjunto de propiedades NP que causa el comportamiento ventajoso, si la creencia semántica asociada fuesen (tal vez per impossibile) "solteros casados" o "hierba es aire" o "2+2=1" o "2+2=2" o "2+2=3" el comportamiento sería el mismo. Parece muy plausible entonces que Pr(FA/N&E), o por lo menos Pr(FA/N&E&ES), es baja. Aunque en N&E y ES aún serían posibles para el volumen sustancial de las creencias semánticas como verdaderas, parecería que se trata del mayor descubrimiento de las coincidencias si eso llegara a ocurrir. Del mismo modo, sería poco probable en N&E y ES que nuestras facultades cognitivas fuesen fiables.
Uno podría argumentar que el ES es falso. Ciertamente estoy de acuerdo en que es falso, pero parece que sería cierto si el naturalismo fuera cierto. Es difícil ver cómo nuestro comportamiento sería diferente si todas las propiedades neurofisiológicas se mantuvieron constantes, pero las propiedades semánticas variadas. Tal vez  uno piensa que la semántica es sólo la sintaxis. No me parece en absoluto plausible a mí me parece que la sintaxis y la semántica son tan distintos como la masa de un electrón y la carga eléctrica. Sin embargo, vamos a ignorar eso. Resulta que no necesitamos el ES para justificar la Tesis de Probabilidad porque incluso sin ello nosotros conseguimos algo funcionalmente equivalente al ES.
N&E Y Pseudo-Epifenomenalismo Semántico
Supongamos que un científico loco crea un dispositivo neurofisiológico artificial (DNFA), un dispositivo de múltiples tentáculos implantados cerca del tronco cerebral de Smith que controla tanto sus pensamientos como su comportamiento. El científico loco puede controlar de forma remota los procesos electroquímicos del DNFA para variar las creencias y el comportamiento de Smith en innumerables y diversas maneras. Por ejemplo, Smith está deshidratado, y el científico loco, queriendo que su víctima goce de buena salud, utiliza el DNFA para forzar a Smith a beber un poco de agua y al mismo tiempo haciéndole creer "Tengo sed y el agua va saciar mi sed." La segunda vez que Smith está deshidratado, el científico loco utiliza un ajuste electroquímico diferente para que Smith crea "beber esta agua me concederá super-poderes en el más allá", al tiempo que se produce la misma conducta de beber (y supongan que esta creencia es falsa). En este caso, el proceso electroquímico que produce el comportamiento de mejora del estado metal también produce una creencia falsa. El DNFA puede incluso producir creencias semánticas "basura" que tienen poco que ver con el comportamiento forzado, como hacer que Bill crea que "la hierba es aire" o que "1+1=3", al mismo tiempo que hace que Smith beba el agua. La tercera vez que Smith se deshidrata el científico loco hace precisamente eso, provocando que Smith beba el agua al mismo tiempo que le hace creer que "1+1=3." En efecto, el científico loco puede asociar casi cualquier creencia con la misma conducta de beber. Un dispositivo neurofisiológico artificial no sólo es metafísicamente posible, sino también parece ser físicamente posible (teniendo en cuenta que las creencias y el comportamiento pueden ser producidos por medios electroquímicos).
El escenario DNFA muestra que las creencias falsas pueden estar asociadas con el comportamiento de mejorar el estado mental, hasta el punto en que las creencias falsas son creencias basura (creencias que son extremadamente sin relación con el entorno externo, como en los sueños). Pero si escenario de la neurofisiología artificial es físicamente posible, entonces es, al menos, metafísicamente posible para la neurofisiología natural de un ser evolucionado tener la misma "desconexión" entre la semántica y el comportamiento. Así que incluso si el ES fuese falso, en una visión puramente física de la mente, el espíritu del epifenomenalismo semántico  permanece: para cualquier comportamiento B dado, hay innumerables contenidos semánticos C -incluso de C extremadamente sin relación con el entorno externo- que podría estar asociado con B. Además, es de esta manera posible para el comportamiento de mejorar el estado mental que se asocia con las creencias semánticas de basura. Alguien podría argumentar que la relación entre el contenido semántico y el comportamiento es en este sentido funcionalmente equivalente al ES, a pesar de la falsedad del ES. Llamen a este punto de vista pseudo-epifenomenalismo semántico (PES). El escenario del DNFA sugiere que dado el naturalismo, si el epifenomenalismo semántico no es verdadero, entonces el pseudo-epifenomenalismo semántico, con ambos, nos da un comportamiento parecido al ES. Tanto el epifenomenalismo semántico y el pseudo-epifenomenalismo semántico permiten un gran divorcio entre las creencias y el comportamiento (pensemos en el tercer y último caso en el escenario DNFA). Pensándolo bien, es muy fácil imaginar un conjunto de átomos en movimiento que crea un comportamiento ventajoso al tiempo que produce creencias no relacionadas con el mundo externo, y es fácil dar por sentado nuestra más afortunada relación de verdad conducente entre la creencia y la conducta, ya que es tan familiar para nosotros.
Para evitar de nuevo el sesgo hacia nuestra propia especie, no piensan en nosotros, sino en criaturas alienígenas de otro mundo en el que para ellos tienen N&E&PES. Mientras que es fácil suponer que las creencias y los comportamientos estarían vinculados de una manera "racional" (por ejemplo, un hombre que cree que el agua va a saciar su sed por lo que la bebe), no hay nada en N&E&ES o N&E&PES para creer que ese vínculo se produciría en los extraterrestres (cuya fisiología, podemos suponer, difiere de la nuestra), ya que ambos ES y PES permiten fácilmente las creencias basura para ser conectadas con un comportamiento favorable. Debido a que PES es funcionalmente equivalente al ES, y dada la enorme variedad de diversas creencias que podrían estar asociadas con un comportamiento determinado ("los solteros estás casados", "la hierba es aire", "2+2=1", "2+2=2", "2+2=3", etc.) Una raza en evolución de criaturas alienígenas que sufren de PES tienen una baja probabilidad de evolución de las facultades cognitivas fiables como si estuvieran afectados por ES. En suma, el naturalismo implica que, o bien ES o PES es cierto, y ya que Pr(FA/N&E&ES) y Pr(FA/N&E&PES) es baja/inescrutable, se deduce que Pr(FA/N&E) es también baja/inescrutable. Pero entonces, si Pr(FA/N&E) es baja/inescrutable, entonces Pr(F/N&E) también es baja/inescrutable (ya que, como en el caso de los extraterrestres, estamos considerando la posibilidad de R en N&E sin más información).
En respuesta se podría proponer la siguiente refutación. A pesar de que el naturalismo inevitablemente implica un problema tipo-ES -ya sea a través del epifenomenalismo semántico o el pseudo-epifenomenalismo semántico- las propiedades neurofisiológicas para mejorar el estado mental que tienen más probabilidades de ser seleccionados por la selección natural (digamos que una cierta neurofisiología es seleccionable por si acaso es lo más probable para ser seleccionada por la selección natural) resultan ser las que son verdades conducentes. El escenario DNFA es obviamente maquinado y produce ciertos pares de creencias de comportamiento que no son probables que se obtenga en la fisiología humana en tiempo real. La forma más eficiente y seleccionable para la neurofisiología el producir un comportamiento ventajoso también produce creencias verdaderas. Por lo tanto, a pesar de que la situación tipo-ES existe para la semántica y la conducta, por suerte para nosotros la relación fisiológica entre la semántica y el comportamiento es tal que las creencias verdaderas suelen obtenerse.
Todo eso puede ser cierto, pero como una objeción en contra de la tesis de probabilidad  se queda corto. Un problema importante es que incluso si una relación fisiológica favorable entre las creencias y comportamientos se obtiene para nuestra especie, una relación tan favorable no parece ser cognoscible solo de N&E. Como ejemplo, consideremos un planeta con extraterrestres cuya neurofisiología es radicalmente diferente de la nuestra (aunque no se sabe mucho más sobre esto). Teniendo en cuenta esto, el escenario DNFA, y la situación como-ES de las creencias y el comportamiento, por lo que sabemos la neurofisiología extraterrestre más seleccionable  y eficiente para mejorar el estado mental disponible de la selección natural tiene una relación fisiológica entre las creencias y comportamientos que es radicalmente diferente de lo que los naturalistas humanos creen en sí mismos. Así que hay mundos posibles donde la neurofisiología extraterrestre más seleccionable es tal que la neurofisiología para mejorar el estado mental produce mayormente falsas creencias como en el escenario DNFA. Por supuesto, también hay mundos posibles donde la neurofisiología extraterrestre más seleccionable  produce sobre todo las creencias verdaderas. Pero no hay manera de establecer solo del N&E que la verdad conductiva de la neurofisiología es más seleccionable, en parte debido a que la neurofisiología extraterrestre es demasiado misteriosa y radicalmente diferente de la nuestra.
Por otra parte, si nos olvidamos temporalmente nuestra relación beneficiosa de creencias -comportamiento para calcular la probabilidad de FA en un solo N&E y por lo tanto sin (más?) conocimiento de fondo sobre qué tipo de relaciones fisiológicas entre las creencias y el comportamiento se obtienen en mundos reales N&E, no tendríamos razón para suponer que Pr(FA/N&E) es alta, independientemente de si se asume el epifenomenalismo semántico o el pseudo-epifenomenalismo semántico. En efecto, a la luz del escenario DNFA las creencias semánticas de los extraterrestres podrían (al menos en el sentido epistémico) ser de casi cualquier cosa, y por lo tanto Pr (RA/N&E) es baja o mejor inescrutable. Del mismo modo, Pr (F/N&E) también es baja/inescrutable.
Se podría conceder que la probabilidad de F dado N&E es baja, pero también afirmar que conocemos alguna proposición P (tal vez que la relación fisiológica entre las creencias y el comportamiento pasa a ser benevolente para nuestra especie) de tal manera que Pr (F/N&E&P) es alto, y tenemos excelentes razones para creer que P es cierto. Por lo tanto, Pr (F/N&E) siendo baja /inescrutable no derrota a F para el naturalista evolutivo. Sin embargo, esto sería una objeción contra la tesis derrotadora en lugar de la tesis de probabilidad, por lo que no será discutido en esta sección.
RESUMEN
Podemos resumir el argumento a favor de la Tesis de Probabilidad de la siguiente manera:
1.      El naturalismo implica que, o bien el ES o PES es cierto, es decir, Pr(ES o PES/N)=1.
2.      Pr (FA/N&E&ES) es baja o a lo mucho inescrutable.
3.      Pr (FA/N&E&PES) es baja o a lo mucho inescrutable.
4.      Si (1), (2) y (3), entonces Pr (FA/N&E) es baja/inescrutable.
5.      Si Pr (FA/N&E) es baja/inescrutable, entonces Pr (F|N&E) es baja/inescrutable.
6.      Por lo tanto, Pr (FA/N&E) es baja/inescrutable (dado 1-4).
7.      Por lo tanto, Pr (F/N&E) es baja/inescrutable (dado 5 y 6).
El argumento es deductivamente válido, la conclusión es consecuencia lógica y necesaria de las premisas. Las premisas son plausiblemente verdaderas, y por eso tenemos motivos para aceptar la Tesis de Probabilidad. En el próximo post voy a defender la Tesis del Derrotador.
LA TESIS DEL DERROTADOR
Para demostrar que Pr (F/N&E) es baja/inescrutable sirve como derrotador de F para el naturalista, voy a usar algunas analogías. En primer lugar, voy a empezar con la idea de que Pr (F/N&E) siendo baja ofrece al naturalista con un derrotador para F.
Los escenarios S1A a S5A que a continuación se mencionan son características de la droga XX, un medicamento que convierte sus facultades cognitivas no fiables para un alto porcentaje de las personas que lo toman, aunque los afectados son incapaces de detectar su falta de fiabilidad cognitiva. Un pequeño porcentaje de personas que tienen un gen llamado "gen del bloqueo"  produce una proteína que bloquea los efectos de destrucción de fiabilidad s de las drogas XX, pero nadie es inmune a la droga. Algunas situaciones hacen referencia a la mutación XX, una mutación que causa que el cuerpo produzca y libere de una forma natural la droga XX en el cuerpo poco después de que uno nazca.
Escenario (S1A): Sé que mi amigo Sam ha ingerido la droga XX, un medicamento que convierte las facultades cognitivas no fiables para un alto porcentaje de las personas que lo toman, aunque esos afectados son incapaces de detectar su falta de fiabilidad cognitiva. Yo sé sin embargo, que más tarde Sam llega a creer que una extensa cantidad de pruebas  ha establecido su fiabilidad cognitiva, aunque no tengo ninguna razón independiente para pensar que eso ocurrió. Y puesto que Sam obtuvo su creencia acerca de las pruebas cognitivas mucho tiempo después de que ingiriera la droga XX, llego a la conclusión de que la creencia probablemente fue producida por facultades cognitivas no fiables, y tengo un derrotador para mi creencia de que las facultades cognitivas de Sam son fiables.
Escenario (S2A): yo, como un niño de tres años ingiero la droga XX, siendo consciente de sus posibles efectos. No conozco ninguna diferencia relevante que distingue mi caso de Sam. El caso de Sam, adquiriendo la droga XX, y la ingestión de la droga XX son mis primeros recuerdos. Algunos años después del incidente llego a creer que me he tomado una extensa cantidad de pruebas que establecen mi fiabilidad cognitiva, pero ya que esta creencia fue mucho después de que ingerí la droga XX, llego a la conclusión de que mi creencia probablemente fue el producto de las facultades cognitivas no fiables y que tengo un derrotador para mi creencia de que mis facultades cognitivas son fiables.
Escenario (S3A): Un doctor me ha inyectado con la droga XXs poco después de que yo naciera (el médico pensó erróneamente que me había inyectado una vacuna importante), y llegué a creer en lo siguiente. Al principio creo que soy el producto de una especie de evolución que hace la fiabilidad de mis facultades cognitivas muy probables. Soy un científico de renombre que ha construido una máquina que sé que es capaz de detectar con fiabilidad cuándo la droga XX ha entrado en el torrente sanguíneo de una persona. Yo administro la prueba para mí y la maquina  informa de que la droga XX  entró en mi torrente sanguíneo al momento de haber nacido. Más tarde llego a creer que he tomado una extensa cantidad de pruebas que establecen mi fiabilidad cognitiva, pero ya que esta creencia fue mucho después de que la droga XX  entró en mi torrente sanguíneo, llego a la conclusión de que tengo un derrotador para mi creencia de que mis facultades cognitivas son fiables.
Escenario (S4A): La evolución natura me dio la mutación XX y vengo a creer en lo siguiente. Soy un científico de renombre que ha construido una máquina que sé que es capaz de detectar con fiabilidad cuando la droga XX ha entrado en el torrente sanguíneo de una persona. Durante la mayor parte de mi vida he creído que yo soy el producto de una especie de evolución que hace mi fiabilidad cognitiva muy probable. Después de algunos años, aunque yo administro la prueba a mí mismo y los informes de la máquina muestran que la droga XX  entró en mi torrente sanguíneo al momento de haber nacido. Más tarde llego a creer que he tomado una extensa cantidad de pruebas que establecen mi fiabilidad cognitiva, pero ya que esta creencia fue mucho después de que la droga XX  entró en mi torrente sanguíneo, llego a la conclusión de que tengo un derrotador para mi creencia de que mis facultades cognitivas son fiables.
Escenario (S4A): La única especie de humanoide en mi planeta es el homo sapiens, y todos nosotros tenemos la mutación XX . Vengo a creer en lo siguiente. A través de una combinación ingeniosa de la argumentación científica y filosófica, se demuestra más allá de toda duda razonable, que la evolución natural implica que la mutación XX es, inevitablemente, una parte de la genética de cualquier humanoide. Aunque existe la pequeña posibilidad de una especie humanoide que tiene también el gen de bloqueo como parte de su genética normal, ninguna otra especie humanoide evolucionaría el gen de bloqueo. Llego a la conclusión de que la probabilidad de que mis facultades cognitivas humanoides sean fiables es baja dado que soy un producto de la evolución natural. Más tarde llego a creer que hay pruebas abrumadoras para mi fiabilidad cognitiva (por ejemplo, creo como que científicos creíbles me han dicho que todos tenemos el gen de bloqueo), pero ya que esta creencia se produjo después de que la droga XX entrara en mi torrente sanguíneo, llego a la conclusión de que mi creencia en el gen de bloqueo, etc.  Fue producida probablemente por las facultades cognitivas no fiables, y que tengo un derrotador por mi creencia de que mis facultades cognitivas son fiables.
Escenario (S6A): La Tesis de Probabilidad es verdadera y Pr(F/N&E) es baja, pero inicialmente yo no creía esto  y en cambio creo que soy el producto de una especie de evolución que hace que mi fiabilidad cognitiva sea muy probable. Después, sin embargo, yo estudio filosofía y veo por mí mismo que la probabilidad de mis facultades cognitivas humanoides son fiables dado que soy un producto de la evolución natural es baja. Después he llegado a creer que he tomado una extensa cantidad de pruebas que establecen mi fiabilidad cognitiva, pero ya que esta creencia fue mucho después de que  N&E ya haya afectado mis facultades cognitivas, llego a la conclusión de que tengo un derrotador para mi creencia de que mis facultades cognitivas son fiables.
Así que arriba tenemos una pendiente resbaladiza de escenarios. La idea es que si F es derrotado en (S1A), entonces es derrotado en (S2A), y si F es derrotado en (S3), entonces es derrotado en (S4A), y así sucesivamente. Si F no es derrotado en (S6A), donde se detiene la pendiente resbaladiza y ¿por qué? Cuando no existe una diferencia relevante entre dos escenarios que salvan F de la derrota.
Es particularmente difícil encontrar una diferencia relevante entre (S5) y (S6A). Uno podría decir, en (S6A) sabemos de la evidencia abrumadora, además de que N&E  hace F probable, pero ¿por qué  exactamente sabemos esto en (S6A) pero no en (S5)? Para hacer el problema más explícito, imaginen que los dos mundos de (S5) y (S6A) son esencialmente idénticos  aparte de las diferencias que entraña (S5), de modo que creo que el tipo específico de la evolución natural de mi especie es un producto que me ha dado genes que (junto con una nutrición adecuada, etc) hacen que sea probable que mis facultades cognitivas sean fiables, que la ciencia cognitiva y la biología evolutiva nos han dado una fuerte evidencia de fiabilidad cognitiva humana, que las facultades de verdad-conducentes son adaptativas en primates de la Tierra, y así sucesivamente.
            También creo que tenemos el gen de bloqueo para anular los efectos de la mutación XX. Además de eso, digamos que la gente en los escenarios (S1 A) a (S5) tuvimos suerte hasta el punto que todo el mundo tiene el gen de bloqueo. Sin embargo, sigue siendo la creencia en la fiabilidad cognitiva derrotada cuando las personas creen que todas las supuestas pruebas de fiabilidad cognitiva se obtienen mucho después de que la droga XX entra en el torrente sanguíneo. Entonces, ¿cómo es exactamente que la supuesta evidencia de F es derrotada en el escenario (S5), pero no en el escenario (S6A)? Si hay una diferencia importante entre los dos escenarios, ¿qué es?
            Uno podría creer que la diferencia relevante entre los escenarios (S5) y (S6A) es el mecanismo de N&E de  falta de fiabilidad cognitiva probable, es decir, el mecanismo que hace que Pr(F|N&E) sea baja. En (S5) el mecanismo de  evolución natural de la falta de fiabilidad cognitiva probable es la droga XX, mientras que en (S6A) es (probablemente) algún otro proceso fisiológico. Pero esto apenas parece una diferencia relevante en las diferentes causas que producen esencialmente el mismo efecto: el hacer poco probable que las facultades cognitivas humanoides sean fiables dado que se trata de un producto de la evolución natural. En los escenarios (S5) y (S6A), lo que el mecanismo N&E de falta de  falta de fiabilidad cognitiva probable es (ya sea la droga XX o algún otro mecanismo) no parece importar.
            Por supuesto, Pr (F| N&E) siendo baja es sólo la mitad de la Tesis de la Probabilidad. Para Pr (F|N&E) siendo inescrutable, podemos construir escenarios de espejo (S1B), (S2B),.. (S6B).
Escenario (S1B): Sé que mi amigo Sam ha ingerido la droga XX, un medicamento que convierte las facultades cognitivas poco fiables para algunos de aquellos que lo toman (y aquellos que resulten afectados son incapaces de detectar su falta de fiabilidad cognitiva), pero desconozco el porcentaje. Mi justificación epistémica para el porcentaje que es alto no es menor que el porcentaje que es bajo. La probabilidad de que las facultades cognitivas de Sam sean fiables es inescrutable para mí, sólo sé que es baja, alta, o algún punto intermedio. Sé también sin embargo, que más tarde Sam llega a creer que una extensa cantidad de pruebas ha establecido su fiabilidad cognitiva, aunque no tengo ninguna razón independiente para pensar que esto ocurrió. Y puesto que Sam obtuvo su creencia acerca de las pruebas cognitivas después de haber ingerido la droga XX, llego a la conclusión de que tengo un derrotador para mi creencia de que las facultades cognitivas de Sam son fiables.
[Los escenarios intermedios fueron omitidos por el espacio]
Escenario (S6B): La Tesis Probabilidad es verdadera y Pr(F/N&E) es inescrutable, pero yo no creo en esto inicialmente y en lugar de eso pienso que soy el producto de un tipo de evolución que hace que mi fiabilidad cognitiva sea muy probable. Más tarde, estudio filosofía y veo por mí mismo que Pr(F/N&E) es inescrutable, sólo sé que Pr(F/N&E) es baja, alta o algún punto intermedio. Después empiezo a creer que he tomado una extensa cantidad de pruebas que establecen mi fiabilidad cognitiva, pero dado que esta creencia fue mucho después de que N&E  haya afectado a mis facultades cognitivas, llego a la conclusión de que tengo un derrotador para mi creencia de que mis facultades cognitivas son fiables.
     El mismo problema donde la pendiente resbaladiza se detiene y por qué surge.
CONCLUSIÓN

La parte principal del argumento es el siguiente:
1.  Si Pr(F/N&E) es baja o inescrutable, entonces N & E sirve como un vencedor para R.
2.  Pr(F/N&E) es baja o inescrutable.
3.  Por lo tanto, N&E sirve como un derrotador para R.
Con la premisa (1) siendo la Tesis lel Derotador y la premisa (2) siendo la Tesis de la Probabilidad. Tanto la Tesis Probabilidad y la Tesis del Derrotador parecen ser justificadamente ciertas. Si ese es el caso, N&E es una combinación auto-refutante. Como he señalado antes, esto no es un argumento en contra de la evolución, sino un argumento en contra el naturalismo. Si el naturalismo es cierto, la evolución es el único juego en la ciudad, y si la conjunción del naturalismo y la evolución es auto-refutante, tanto peor para el naturalismo. El argumento parece bastante sólido para mí, pero doy la bienvenida a cualquier buena objecion. Si por ejemplo la Tesis Probabilidad es falsa, ¿cuál de las siguientes premisas del argumento de abajo son falsas y por qué?
1.    El naturalismo implica que, o bien el ES o PES es cierto, es decir, Pr(ES o PES/N)=1.
2.      Pr(FA/N&E&ES) es baja o a lo mucho inescrutable.
3.      Pr(FA/N&E&PES) es baja o a lo mucho inescrutable.
4.      Si (1), (2) y (3), entonces Pr(FA/N&E) es baja/inescrutable.
5.      Si Pr(FA/N&E) es baja/inescrutable, entonces Pr(F/N&E) es baja/inescrutable.
6.      Por lo tanto, Pr(FA/N&E) es baja/inescrutable (dado 1-4).
7.      Por lo tanto, Pr(F/N&E) es baja/inescrutable (dado 5 y 6).
Si la tesis del argumento derrotador es falsa, ¿cómo fracasa el argumento a favor de este? El argumento a favor de la Tesis del  Derrotador es que si F es derrotado en (S1 A), entonces es derrotado en (S2A), y si F es derrotado en (S3A), entonces es derrotado en (S4A), y así sucesivamente. Si F no es derrotado en (S6A), ¿dónde se detiene la pendiente resbaladiza y por qué? ¿Dónde existe una diferencia relevante entre dos escenarios donde F se salva de la derrota?
Por Maverick Christian
Traducido por Jairo Izquierdo
Editado por Miguel Rodríguez

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