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Viktor Frankl, un superviviente del Holocausto que padeció los horrores de Auschwitz, comentaba sagazmente acerca de la manera en que el moderno pensamiento europeo había ayudado a despejar el camino para las atrocidades nazis (y sus propios sufrimientos). Decía: «Si presentamos a un hombre un concepto del hombre que no es cierto, podremos llegar a corromperlo. Cuando presentamos al hombre como un autómata de reflejos, como una máquina mental, como un manojo de instintos, como un instrumento de impulsos y reacciones, como un mero producto del instinto, de la herencia y del medio, alimentamos el nihilismo al que en todo caso es propenso el hombre moderno». Frankl continuaba: «Me familiaricé con la última etapa de tal corrupción en mi segundo campo de concentración, Auschwitz. Las cámaras de gas de Auschwitz fueron la consecuencia final de la teoría de que el hombre no es nada más que producto de la herencia y del medio ambiente —o, como les gustaba decir a los nazis, de “sangre y suelo”. Estoy absolutamente convencido de que las cámaras de gas de Auschwitz, Treblinka y Maidanek fueron preparadas en último término no en este o aquel Ministerio en Berlín, sino más bien en los escritorios y en las aulas de científicos y filósofos nihilistas».[1]
Como estudiante universitario cristiano en la década de 1970, fui llevado al estudio de la historia intelectual de la Europamoderna en parte por la conciencia de que mucho del pensamiento moderno había conducido a la degradación de la humanidad, tal como sugería Frankl. Mi interés fue estimulado originalmente por la lectura de C. S. Lewis, especialmente La abolición del hombre, y por diversas obras de Francis Schaeffer, pero quedó reforzado por cursos que estudié acerca de historia del pensamiento y de historia de la filosofía. En mis estudios personales, me sentí descorazonado ante la visión de la humanidad que aparecía bosquejada en la obra de B. F. Skinner Más allá de la libertad y de la dignidad, que me parecía que llevaría a distopías, como las que aparecía en las ficciones de 1984 y de Un mundo feliz, o a la real como la descrita por Alexander Solzenitsyn en sus novelas y en Archipiélago Gulag.
Unos pocos pensadores modernos habían criticado específicamente el punto de vista «antropocéntrico» de que los humanos son especiales, hechos a imagen de Dios. En el siglo diecinueve y a principios del veinte, por ejemplo, el célebre darwinista alemán Ernst Haeckel, lanzó un ataque contra el cristianismo por proponer una visión «antropocéntrica» y dualista de la humanidad.[2] En la actualidad, el famoso bioeticista Peter Singer, junto con el biólogo darwinista ateo Richard Dawkins, argumentan que en base de una comprensión darwinista del origen del hombre, tenemos de eliminar la santidad de la vida humana, y despojarnos de cualquier concepto de que los humanos estén creados a imagen de Dios y por ello excepcionalmente valiosos.[3] Un ecólogo evolutivo de la Universidad de Texas, Eric Pianka, lucha abiertamente en contra del antropocentrismo, incluso hasta expresar el deseo de que el 90% de la población humana sea extinguida, quizá por una pandemia.[4]
Sin embargo, frecuentemente los pensadores modernos han enmascarado la influencia deshumanizadora de sus ideas designando a su filosofía como un «humanismo» de una forma o de otra, implicando que sus perspectivas enaltecen a la humanidad. Sin embargo, la mayoría de los intentos de enaltecer a la humanidad han resultado irónicamente en una disminución de la humanidad, lo que demuestra la verdad bíblica de que «el que se enaltece será humillado».
Tras el eclipse del Romanticismo en la Europa de mediados del siglo diecinueve, muchos intelectuales abrazaron la ciencia como el árbitro único del conocimiento, incluyendo el conocimiento acerca de la humanidad y de la sociedad. El célebre pero voluble pensador francés Auguste Comte consiguió muchos discípulos para su filosofía del positivismo, que rechazaba cualquier conocimiento que no se obtuviera mediante una investigación empírica, científica (excepto, naturalmente que este fundamento epistemológico mismo no es susceptible de demostración empírica, de modo que me parece que su epistemología se autocontradice). Comte esperaba iniciar el estudio científico de la sociedad, y acuñó el término «sociología» para esta empresa. Se sentía optimista en cuanto a que un estudio científico de la humanidad llevaría a los humanos a la práctica del altruismo, otro término que él acuñó. Aunque Comte consideraba incognoscible toda metafísica, incluyendo la religión, quería crear una religión de la humanidad, que situaría a los humanos en el más elevado pedestal. La mayoría de los discípulos de Comte, como John Stuart Mill, abrazaron su epistemología positivista, pero rechazaron su religión de la humanidad, especialmente en la ridícula forma en que la propuso en sus escritos posteriores (que involucraba muchas prácticas religiosas específicas, incluyendo orar a una mujer que uno admirase).
Aunque no se destacó tanto como el positivismo durante el siglo diecinueve, el materialismo también creció en influencia a mediados de dicho siglo. Aunque el positivismo rechazaba todas las posturas metafísicas, incluyendo las materialistas, compartía sin embargo muchos rasgos con el materialismo. Tanto los materialistas como los positivistas hacían un ídolo de la ciencia como el único camino al conocimiento. Pero al extender la investigación científica a la humanidad misma, hicieron suposiciones acerca de la naturaleza humana que no eran susceptibles de investigación científica. Fundamentalmente, descartaron el dualismo cuerpo-alma, con lo que redujeron a la humanidad a materia en movimiento. Además, su insistencia en que el método científico podría proporcionar conocimiento acerca de todas las características de la vida humana los llevó a abrazar el determinismo. Hacia finales del siglo diecinueve, algunos pensadores destacados estaban manifestándose en contra del reduccionismo y del determinismo, pero fue en este siglo que estos puntos de vista llegaron a ser predominantes hasta el punto que Francis Galton, primo de Charles Darwin y fundador del movimiento de la eugenesia, acuñó la frase «naturaleza frente a crianza [nature versus nurture]» para plantear el debate intelectual acerca de la humanidad. La frase de Galton sigue citándose de manera generalizada en las discusiones intelectuales acerca de la conducta humana.
Galton y muchos de sus coetáneos rechazaron el libre albedrío, afirmando con una lógica circular que la ciencia había refutado este concepto religioso supuestamente anticuado. (Se trata de un razonamiento en círculo vicioso debido a que habían definido la ciencia de modo que el libre albedrío quedase excluido, y luego pretendían que la ciencia refutaba el libre albedrío.) Su insistencia en el determinismo llevó a la marginalización de los conceptos religiosos o espirituales de la naturaleza humana. Los nuevos campos de la psicología, sociología y antropología, que sólo quedaron institucionalizados a finales del siglo diecinueve y comienzos del veinte, abrazaron en general esta perspectiva determinista de la conducta humana.
Al rechazar el libre albedrío y abrazar el determinismo, Galton y sus contemporáneos quedaron con tres opciones principales: los humanos eran o bien resultado de su constitución biológica, o bien resultado de su entorno, o bien resultado de alguna combinación de la herencia y del ambiente. Cualquier forma de determinismo (o de sus combinaciones) reduce a los humanos a estímulos desde influencias bien internas, bien externas. Niegan la agencia humana independiente, y con ello despojan a la humanidad de cualquier responsabilidad moral.
A mediados del siglo diecinueve, el determinismo ambiental o educacional era más dominante que el determinismo biológico. El filósofo Maurice Mandelbaum argumenta que una de las ideas dominantes de la filosofía del siglo diecinueve era la «maleabilidad del hombre», es decir, la idea de que la naturaleza humana está conformada mayormente por fuerzas externas, como la cultura, la educación y la formación.[5] El padre de John Stuart Mill es un ejemplo de esta perspectiva, con su rigurosa educación de su hijo desde la más tierna edad. Mill llegó a ser la principal voz en Europa pregonando el poder de la educación y de la formación en la conformación del intelecto y de la conducta del hombre. Muchos liberales y socialistas de mediados del siglo diecinueve abrazaron esta visión del determinismo ambiental.
Karl Marx es un destacado ejemplo de un socialista comprometido con el determinismo ambiental. A su perspectiva la denominó «socialismo científico» porque creía que su análisis estaba basado en unas leyes económicas y sociales inmutables. Estaba convencido de que las instituciones sociales e incluso la naturaleza humana misma estaban conformadas por fuerzas económicas. Si cambiaban las condiciones económicas, la naturaleza humana cambiaría de manera correspondiente. Desde el punto de vista de Marx, la propiedad privada era la fuente de todos los males en la sociedad humana, especialmente la opresión de los obreros urbanos por los capitalistas burgueses. Así, la propiedad privada generaba una lucha de clases en todas las épocas. La religión, la moralidad, el derecho, las estructuras políticas, y otras instituciones y factores culturales, eran meramente instrumentos en manos de las clases pudientes para oprimir a las masas desposeídas.
El motivo primordial de Marx no era establecer la igualdad entre los hombres, aunque su filosofía socialista tendía hacia el establecimiento de una mayor igualdad. Más bien, la principal preocupación de Marx era liberar a la humanidad de la opresión y tiranía. Este es un objetivo digno de encomio, y cualquiera que haya leído El Capital de Marx o la obra de Friedrich Engels La condición de la clase obrera en 1844 debería reconocer que Marx tenía un fundamento legítimo para la queja. Muchos obreros de fábricas, por no mencionar los desempleados, vivían en una sórdida miseria. Marx criticó con fundamento los efectos deshumanizantes de la Revolución Industrial. Sin embargo, cuando examinamos las prácticas de los regímenes marxistas en el siglo veinte, observamos una opresión y una tiranía hasta unos extremos increíbles. La búsqueda en pos de la libertad dio unos resultados completamente opuestos. ¿Por qué?
Sugiero que esto se debió fundamentalmente debido a la defectuosa perspectiva de Marx acerca de la naturaleza humana. Ni Lenin ni Stalin, ni Mao ni Pol Pot, ni Castro ni ningún otro dirigente marxista han podido alterar la naturaleza humana librando a sus sociedades de la propiedad privada. Cambiar la economía no podía producir la utopía, porque la conducta humana no está determinada solamente por la economía. La filosofía marxista fracasó porque negaba a la humanidad su naturaleza espiritual, su libre albedrío y también negaba la insistencia cristiana acerca del pecado original. Alexander Solzenitsyn hizo una clara descripción del problema soviético en el intento de alterar la naturaleza humana en su novela Un día en la vida de Ivan Denisovich. En esta novela, los presos en el campo de trabajos forzados soviético, que se supone que están siendo reeducados para convertirlos en buenos ciudadanos soviéticos, siguen actuando como capitalistas en todas las maneras posibles, incluso estando encarcelados. El protagonista expresa en cierto momento que sencillamente el régimen soviético no le podía cambiar su naturaleza.
Hacia finales del siglo diecinueve, especialmente en la década de 1890, el péndulo osciló alejándose del determinismo ambiental, y el determinismo biológico aumento su influencia entre los pensadores europeos. Galton fue una figura fundamental en este cambio, con la publicación de su obra seminal Genio hereditario, en 1869. La influencia de Galton fue profunda, especialmente al convencer a su primo Charles Darwin de que la herencia era más importante que las influencias ambientales en la conformación del intelecto y de la conducta de los humanos. Muchos darwinistas hacia finales del siglo diecinueve y comienzos del siglo veinte llegaron a creer —como también Galton y Darwin— que muchos rasgos del carácter humano, como la lealtad, la sobriedad y la diligencia (o, en los aspectos negativos, la capacidad para el engaño y la pereza) eran rasgos biológicamente innatos, no rasgos morales maleables, como la mayoría de los europeos habían creído antes.
Darwinistas en diversos campos —especialmente en biología, medicina, psiquiatría y antropología— fueron pioneros en promover el determinismo biológico. Cesare Lombroso, el famoso psiquiatra italiano que fundó la antropología criminal, erigió su ideología sobre el darwinismo. Razonó que los criminales eran seres atávicos, un salto atrás a antecesores en el proceso evolutivo. Su mayor fama la obtuvo por promover la idea de que la criminalidad era hereditaria, no resultado de la influencia ambiental. Uno de los más destacados popularizadores del darwinismo en Alemania, el famoso materialista Ludwig Büchner, publicó en 1882 El poder de la herencia y su influencia sobre el progreso moral y mental de la humanidad.En medio de su extenso argumento en favor del determinismo biológico de los rasgos mentales y morales, Büchner expuso adónde llevaba su concepción de la humanidad. Dijo: «En el decurso [del tiempo] el individuo no es nada, la especie lo es todo, y la historia, igual que la naturaleza, marca cada uno de sus pasos hacia adelante, incluso el más nimio, con innumerables montones de cadáveres».[6]
Para la década de 1890, y especialmente a principios del siglo veinte, el movimiento de la eugenesia consiguió popularidad, especialmente en los círculos médicos, tanto en Europa como en los Estados Unidos. La eugenesia estaba impulsada en parte por temores de que las modernas instituciones habían eliminado los aspectos ventajosos de la selección natural. Los eugenistas jugaban constantemente con el espectro de humanos débiles y enfermizos preservados gracias a la medicina moderna, a la higiene y a las instituciones de caridad, mientras que los más inteligentes y supuestamente mejores entre los seres humanos estaban comenzando a restringir voluntariamente su reproducción. Esto estaba produciendo una degeneración biológica, según el parecer de muchos eugenistas. ¿Su solución? Introducir una selección artificial restringiendo la reproducción de los supuestos «inferiores» y alentando a los «superiores» a procrear. El determinismo biológico impregnaba el movimiento de la eugenesia, que presionó para que se estableciesen restricciones al matrimonio, esterilizaciones obligatorias y a veces incluso la eutanasia involuntaria para los incapacitados, porque se les consideraba como biológicamente inferiores.
Otra característica destacada del determinismo biológico de principios del siglo veinte fue su énfasis en la desigualdad racial. En Europa, las ideologías racistas proliferaron en la década de 1890 y a principios del siglo veinte, en parte bajo la influencia del darwinismo y del determinismo biológico. Muchos biólogos, antropólogos y médicos consideraban a los africanos negros o a los indios americanos como menos evolucionados que los europeos. Al ir los europeos colonizando inmensas regiones del globo, muchos científicos proclamaron que los no europeos eran culturalmente inferiores a los europeos. Además, creían que estas diferencias culturales eran manifestaciones de una inferioridad biológica.
Al reducir la humanidad a su constitución biológica, estos deterministas biológicos inspirados en Darwin contribuyeron al proceso de deshumanización. Muchos darwinistas del siglo diecinueve resaltaron las continuidades entre humanos y animales, con Charles Darwin mismo argumentando que todas las diferencias entre humanos y animales eran cuantitativas, no cualitativas. Darwin incluso emprendió explicar el origen de la moralidad como producto de procesos evolutivos completamente naturalistas. La idea de que los humanos fueron «creados a partir de animales», para usar una célebre frase de Darwin, en lugar de ser creados a la imagen de Dios, obtuvo una más amplia aceptación en el siglo diecinueve.
Así como una forma de determinismo ambiental —el marxismo— produjo unos incalculables padecimientos para millones de seres humanos, lo mismo sucedió con el determinismo biológico. El Nacional Socialismo de Adolf Hitler se basaba en una visión de determinismo biológico de la humanidad que destacaba la desigualdad racial. El nazismo respaldó la discriminación —y en último término la supresión física— contra aquellos con rasgos biológicos pretendidamente inferiores. Por otra parte, tenía la esperanza de promover el progreso evolutivo de la especie humana promoviendo niveles reproductivos más elevados de los que se consideraban como biológicamente superiores. El régimen de Hitler acabó matando alrededor de 200.000 alemanes discapacitados, 6 millones de judíos, y centenas de millares de gitanos, en su esfuerzo por mejorar la raza humana.[7]
En tanto que muchos modernos pensadores, especialmente científicos, psicólogos y científicos sociales, han abrazado una u otra forma de determinismo, muchos pensadores han seguido al filólogo y filósofo del siglo diecinueve Nietzsche en su rebelión contra el determinismo. Nietzsche intentó rescatar a la humanidad del reduccionismo científico postulando una libertad individual radical. Creía que todo conocimiento y toda verdad son creados por los humanos, no impuestos sobre nosotros por alguna realidad externa. No podemos responsabilizar al ambiente, ni a la biología ni a Dios de nuestro carácter y conducta. Nietzsche rechazó la idea de que los humanos tengan unas naturalezas o esencias fijas. Más bien, se trata de que las decisiones que tomemos individualmente conforman nuestro destino. Muchos existencialistas y pensadores postmodernos posteriores se han regocijado en la liberación ofrecida por Nietzsche frente al reduccionismo y al determinismo.
Aunque pudiera parecer que el énfasis de Nietzsche en el libre albedrío rescata a la humanidad de las degradantes filosofías del determinismo ambiental o del biológico, en realidad no hace tal cosa. Sólo eleva a una pequeña elite de la humanidad, a quien Nietzsche designó como el Superhombre, o más literalmente, el Sobrehombre. La libertad de Nietzsche era libertad sólo para estos Superhombres, los genios creativos (como él mismo) que se elevarían por encima de la masa vulgar. Nietzsche no sentía más que menosprecio por las masas, a las que consideraba como incapaces de ejercitar una verdadera libertad. Aquello que Nietzsche designó menospreciativamente como el «instinto de rebaño» de las masas sólo servía para llevarlas al sometimiento bajo el dominio del Superhombre.
Así, y a pesar de su insistencia sobre la libertad, la filosofía de Nietzsche es realmente una filosofía que se dirige a la creación de esclavos. En último término, el poder decide no sólo quien domina políticamente, sino también lo que cuenta como verdad. Nietzsche rechazó cualquier forma de verdad o moralidad fijas, socavando así el concepto mismo de humanidad y de derechos humanos. Nietzsche menospreciaba la debilidad, la compasión y el humanitarismo, prefiriendo la fuerza y el dominio prepotente. Fue especialmente vehemente en su rechazo de la ética cristiana, porque servía a los débiles y a los oprimidos. Su moralidad aristocrática buscaba justificar y beneficiar a los fuertes y prepotentes.
Durante el siglo veinte, muchos filósofos existencialistas, como Heidegger y Sartre, abrazaron los contornos generales de la filosofía de Nietzsche, negando que los humanos tengan ninguna esencia fija y resaltando un libre albedrío radical en las decisiones humanas. Pero, más adelante en el siglo veinte, muchos pensadores postmodernos, aunque fuertemente influidos por Nietzsche, han reducido el elemento de la agencia individual, todavía importante para Nietzsche. Muchos académicos literarios enfatizaban el texto escrito por encima del autor, que desaparecía de toda consideración. La intención humana devino irrelevante en la interpretación de los documentos humanos. Así, la deshumanización cayó en barrena aún más abajo, al interpretarse todos los valores humanos como construcciones sociales.
Ahora que he dado un bosquejo a grandes trazos de algunas de las influencias deshumanizadoras del pensamiento y de la cultura en la Europa moderna, quisiera sugerir por qué deberíamos considerarlo como importante. No todo determinismo ambiental lleva al marxismo, ni tampoco todo determinismo biológico lleva al Holocausto. No todo existencialismo o postmodernismo lleva tampoco a una conducta inmoral. Sin embargo, los falsos conceptos de la humanidad pueden llevar a una conducta destructiva y a políticas perjudiciales, tanto por parte de las sociedades como de los individuos. Pueden afectar y afectan a la manera en que tratamos a otros seres humanos. Los derechos humanos son un concepto sin significado en un mundo de determinismo o de constructivismo social (o individual).
La concepción subyacente acerca de la naturaleza humana en cualquier sociedad da forma a las instituciones políticas y sociales, al derecho, y a toda la cultura, y ello en aspectos de gran alcance. Lo recíproco es también cierto —los desarrollos políticos, sociales y legales en una sociedad influyen en su concepción de la naturaleza humana y de la dignidad de la vida humana. Aquellos que creen que los humanos han sido creados a imagen de Dios tendrán unos diferentes valores, ideales, prácticas e instituciones que aquellos que consideren a los humanos como meramente la suma de estímulos ambientales y biológicos, o que aquellos que crean que los humanos pueden crear cualesquiera verdades que deseen.
NOTAS
[1] Viktor E. Frankl, The Doctor and the Soul: From Psychotherapy to Logotherapy (Nueva York: Vintage Books, 1986), xxvii.
[2] Ernst Haeckel, Die Welträthsel: Gemeinverständliche Studien über Monistische Philosophie (Bonn: Emil Strauss, 1903), 11.
[3] Peter Singer, Writings on an Ethical Life (Nueva York, 2000), 77-78, 220-21; Richard Dawkins, «The Word Made Flesh»,The Guardian (27 de diciembre de 2001).
[4] Eric Pianka, «Biology 301M. Ecology, Evolution, and Society», en www.zo.utexas.edu/courses/bio301; accedido el 3-4-2006; «Student Evaluations [para el Dr. Pianka]—Primavera de 2004», en www.zo.utexas.edu/courses/bio357/357evaluations.html, accedido el 3-4-2006; «Excerpts from Student Evaluations [for Dr. Pianka]—Fall 2004», en www.zo.utexas.edu/courses/bio357/357evaluations.html, accedido el 3-4-2006.
[5] Maurice Mandelbaum, History, Man, and Reason: A Study in Nineteenth-Century Thought (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1971).
[6] Ludwig Büchner, Die Macht der Vererbung und ihr Einfluss auf den moralischen und geistigen Fortschritt der Menschheit(Leipzig: Ernst Günthers Verlag, 1882), 100.
[7] Véase Richard Weikart, From Darwin to Hitler: Evolutionary Ethics, Eugenics, and Racism in Germany (Nueva York: Palgrave Macmillan, 2004); y mi próximo libro, Hitler’s Ethic.


La necesidad de pensar críticamente

 
Uno de nuestros principales objetivos aquí en Ministerios Probe es ayudar a las personas a amar a Dios con su mente. Uno realmente no puede hacer esto sin aprender a pensar bíblicamente, y a pensar críticamente. En nuestra cultura saturada de televisión, hemos descubierto que hay más cristianos conformados a las filosofías y engaños del mundo que a las enseñanzas y verdades de la Biblia. Así que en este ensayo ofrezco algunas sugerencias sobre cómo aguzar nuestras capacidades de pensamiento. El apóstol Pablo nos exhorta, en Colosenses 2:8: “Cuídense de que nadie los cautive con la vana y engañosa filosofía que sigue tradiciones humanas, la que va de acuerdo con los principios de este mundo y no conforme a Cristo”. La forma de impedir que seamos cautivados por el pensamiento no bíblico e impío es construir una especie de rejilla mental a través de la cual filtremos lo que vemos, oímos y leemos.
 
El primer elemento de la rejilla es saber lo que dice la Biblia, para que podamos comparar las ideas que permean nuestra cultura con la verdad absoluta de lo que Dios ha revelado. No existen atajos aquí; requiere tiempo dedicado a la Palabra de Dios, leyendo y meditando sobre lo que hemos leído. Y, para comprender el contexto de lo que leemos, tenemos que avanzar por la Biblia de a un libro por vez, en vez de abrirla al azar y leerla a tontas y a locas. Sabemos que no todos son lectores; Dios hizo que algunas personas fueran “aprendices auditivos”, que necesitan escuchar la Palabra más que leerla. Eso esta perfecto; la Biblia dice: “Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo” (Romanos 10:17). ¡No dice “leer”! Hoy día es posible escuchar la Biblia en un casete o un CD, o aun por la Internet.{1} Sea lo que necesite usted, ponga la Biblia en su cabeza y en su corazón.
 
Al ver lo que la Biblia dice, usted podrá reconocer las falsificaciones de la verdad de Dios. Por ejemplo, a lo largo de los últimos años la definición de la verdad ha ido cambiando. Solía ocurrir que todos suponían que existía tal cosa como la verdad absoluta: cosas que eran verdaderas para todas las personas, de todos los tiempos, de todos los lugares. Hoy, muchas personas piensan que creencias contradictorias –como las diferentes religiones mundiales– pueden ser todas verdaderas al mismo tiempo, y que el asesinato, la mentira y el adulterio pueden ser aceptables bajo ciertas condiciones. La creencia de que la verdad es relativa es una filosofía mundana que ha cautivado a muchos, y los cristianos deberíamos filtrar esto de nuestro pensamiento porque Dios nos ha revelado verdades inalterables en su Palabra.
 
En su libro, Defeating Darwinism by Opening Minds, Phillip Johnson tiene un excelente capítulo llamado “Afine su detector de basura”. Indica una lista de herramientas para el pensamiento crítico que surgieron originalmente de Carl Sagan, el fallecido astrónomo que hizo que la ciencia fuera comprensible para nosotros, los legos. (Lamentablemente, el Dr. Sagan no usó su detector de basura con él mismo, ya que insistió ferozmente en que la verdadera ciencia equivalía a un punto de vista puramente naturalista.)
 
Un detector de basura bien sintonizado podrá filtrar varios tipos de basura que quieren cautivar a los cristianos cuando nos tragamos el pensamiento que viene de la cultura que nos rodea.
 

Términos ambiguos y definiciones cambiantes

 
Un tipo de basura al que tenemos que estar alertas es el uso de términos ambiguos. Las personas con una cosmovisión no cristiana pueden comenzar usando un lenguaje que pensamos entender y luego, de pronto, virar hacia un nuevo significado. Una vez, cuando era un creyente flamante, se me acercaron en la calle personas que recolectaban dinero para niños necesitados. Les pregunté: “¿Les enseñan acerca de Jesús?”. Me contestaron: “Sí . . . “. Luego de que les di dinero y recibí sus folletos, ¡descubrí que enseñaban que Jesús y Satanás eran hermanos! Vemos que ocurre también esta ambigüedad deliberada en el debate sobre el aborto. Es mucho más fácil liberarse de un conjunto de células indeseables si uno no lo llama “despedazar y mutilar un bebé no nacido”.
 
También tenemos que estar alertas ante las definiciones cambiantes. En el debate de la evolución, muchas personas comienzan por definir a la evolución como “cambio a lo largo del tiempo”. ¿Quién puede cuestionar esto? Pero luego nos damos cuenta de que la verdadera definición de trabajo de la evolución es el cambio sin guía y sin propósito.
 

Creer lo que queremos creer

 
También tenemos que estar atentos a lo que Phillip Johnson llama el “pecado original” de creer lo que queremos creer, aun cuando haya evidencia en sentido contrario. Es intelectualmente deshonesto negar los hechos que contradicen nuestras creencias preferidas para que podamos mantenernos en nuestra zona de comodidad. En Probe recibimos e-mails críticos de personas que se quejan porque no asumimos una posición en cuanto a la edad de la tierra. Provienen de gente que cree lo que quiere creer, independientemente del hecho de que haya buena evidencia a favor de otra posición. Una de las oraciones más sabias que podemos hacer es: “Señor, muéstrame dónde estoy siendo engañado”. Sea que hablemos de nuestra vida emocional, espiritual o intelectual, tenemos que ir de la oscuridad de creer lo que queremos creer a la luz de la verdad, según Dios nos la muestra.
 

El uso selectivo de la evidencia

 
 
Otra habilidad para el pensamiento crítico es estar atento al uso selectivo de la evidencia. Tenemos que cuidarnos de no dejarnos llevar por cualquier corriente antes de verificar toda evidencia que llevaría a una conclusión diferente. El debate entre la creación y la evolución es un excelente ejemplo de este principio, porque es sumamente difícil encontrar un libro de texto de biología que dé a los estudiantes evidencia en contra de la evolución. No aprenden que los evolucionistas no pueden justificar cosas como el vuelo, el ojo o la explosión de animales plenamente formados en los estratos de roca del Cámbrico.
 
Sé de muchas mujeres que lamentan profundamente haber tenido abortos basados en el uso selectivo de evidencia. Se les dijo que esto resolvería su problema, que era simplemente la remoción de tejido fetal indeseado, que no era gran cosa, en realidad. No se les hizo una ecografía donde podrían haber visto a su bebé moviéndose adentro de ellas, ni se les dijo cómo la Biblia declara que hasta el ser humano más pequeño no nacido es una persona. Tampoco se les habló acerca de la horrenda carga de culpa y vergüenza que llevarían por años después. Tenemos que conocer los dos lados de un argumento para evitar quedar cautivos de las filosofías del mundo.
 

Apelación a la autoridad

 
Otra habilidad para el pensamiento crítico es estar atento a la apelación a la autoridad. “Nada es cierto solo porque alguien importante dice que es cierto”.{2} En nuestra cultura, prácticamente veneramos a los expertos (especialmente los expertos científicos), y gustosamente dejamos de lado nuestras creencias e instintos si alguien con un guardapolvo de laboratorio blanco o con siglas después de su nombre nos dice que algo es verdadero, bueno o correcto. Es así que logramos tener millones de estudiantes que son malos lectores en Estados Unidos: los expertos educativos decidieron deshacerse de los fonemas, que funcionan muy bien, y sustituirla por el enfoque de palabras completas para la lectura, que fracasa miserablemente.
 
Pero no se trata de los guardapolvos de laboratorio blancos; la apelación a la autoridad explota el hecho que nuestra cultura valora las celebridades. Michael Jordan tal vez sea el mejor jugador de baloncesto del mundo, pero ¿significa eso que sea una autoridad en ropa interior también? Tenemos que tener una actitud escéptica ante todo aquel que diga: “Créelo por lo digo yo”.
 

El argumento ad hominem y el argumento del muñeco de paja

 
Dos tipos de comunicación que deberían detonar nuestras alarmas internas son el argumento ad hominem y el argumento del muñeco de paja.
 
Ad hominem, en latín, quiere decir ‘al hombre’. Cuando las personas usan este tipo de argumento, están atacando a la persona en vez de lo que dice la persona. Mi hijo experimentó esto una vez en su clase de la universidad cuando entró en una discusión acalorada con una chica que no estaba siendo demasiado lógica. Como ella no lograba contrarrestar sus argumentos, se frustró, y lo quiso sacar de en medio diciendo: “Ah, de todos modos eres demasiado lindo para ser un chico”. Ese es un argumento ad hominem. Significa que alguien se quedó sin municiones y defensas para su argumento, así que ataca a la otra persona o el otro lado, en cambio.
 
Ahora bien, tiene algún valor señalar que una persona tiene un prejuicio, porque afectará sus conclusiones. Eso no es lo mismo que atacar a la persona. Cuando las personas nos envían e-mails a Probe acusándonos de tener un prejuicio a favor del cristianismo, admitimos libremente que estamos muy prejuiciados. Pero eso no cambia el hecho de que sea cierto o no el cristianismo. Por otra parte, si una compañía de tabaco publica un estudio que dice que el fumar pasivamente no es peligroso, uno puede cuestionar legítimamente el prejuicio inherente sin atacar a las personas que presentan el argumento.
 
Otra herramienta para el pensamiento crítico es estar atentos al argumento del muñeco de paja. Esto ocurre cuando un oponente distorsiona la posición de una persona para que sea más fácil de atacar. Recientemente participé en una discusión de un panel sobre terapias y organizaciones que ayudan a las personas a salir de la homosexualidad. Uno de los estudiantes de la clase me señaló y dijo: “Simplemente pienso que usted no debería tratar de hacer que los gays cambien en contra de su voluntad. Eso no está bien”. Bueno, yo estoy de acuerdo, y no conozco a nadie que intente hacer cambiar a los homosexuales en contra de su voluntad. Él estaba usando un argumento del muñeco de paja, porque lo cierto es que yo trabajo con un ministerio que ofrece ayuda solo a los que lo desean.{3} Ni siquiera dejamos entrar a nadie a menos que esté considerando que el cambio es posible, y son ellos los que nos buscan. Este estudiante distorsionó mi posición para que fuera más fácil de atacar.
 
Por supuesto, ¡nadie anuncia que está usando un argumento del muñeco de paja o ad hominem! Pero cuando uno lo reconoce y lo llama por su nombre, está pensando críticamente sobre lo que está escuchando.
 

Teorías no comprobables

 
Cuando era una niñita, mi mente era una esponja, y aprendía ávidamente. Absorbía todo con una falta total de discernimiento. ¡Hubo un tiempo en que estaba confundida en cuanto a si los dioses de la mitología griega y romana eran reales o no!
 
 
En este artículo hemos estado considerando cómo amar a un Dios amoroso con nuestras mentes mediante la construcción de un filtro a través del cual examinamos lo que vemos, oímos o leemos. Un filtro mental consistente de una cosmovisión cristiana nos permite mantener lo que es verdadero, bueno y correcto, ¡y no tragarnos el resto, como hice yo! Un detector de basura final involucra reconocer teorías e ideas que no pueden ser probadas como verdaderas o falsas. Muchas personas creen cosas simplemente porque suenan bien, aun cuando no haya forma de averiguar si son correctas o no. Por ejemplo, Carl Sagan inició su famosa serie Cosmos afirmando una cosmovisión: “El Cosmos es todo lo que hay, o hubo alguna vez, o habrá alguna vez”. ¿Cómo prueba uno una afirmación de este tipo para ver si es cierta o no? En Probe recibimos e-mails de personas que han aceptado teorías como estas, que no son comprobables. ¿Cómo hace uno un experimento para demostrar si las personas que han muerto nos están enviando mensajes cuando encontramos monedas en la acera?
 
Por otra parte, la verificabilidad es una de las cosas que hace que el cristianismo sea tan robusto. Si alguien fuera a aparecer con los huesos de Jesucristo, demostraría que el cristianismo es erróneo, y pondría en evidencia a millones de creyentes engañados. Es una idea comprobable, no un concepto de castillos en las nubes indemostrable. Recuerde lo que dijo Pablo en Colosenses 2:8: “Cuídense de que nadie los cautive con la vana y engañosa filosofía que sigue tradiciones humanas, la que va de acuerdo con los principios de este mundo y no conforme a Cristo”. A fin de hacer esto, tenemos que trabajar para construir un fuerte filtro mental que compare constantemente lo que vemos, oímos y leemos con la verdad de la palabra de Dios. Tenemos que interactuar con la televisión, las películas, los periódicos y las revistas, identificando aquellas cosas que contradicen la verdad que Dios ya nos ha dado. Debemos sentirnos libres para hacer anotaciones en los márgenes de los libros, especialmente cuando encontramos basura en ellos. Tenemos que recordar que tanto el sistema del mundo como nuestro adversario, el diablo, trabajan continuamente para derribar lo que es bueno y verdadero, y erigen falsos argumentos y pretensiones que se levantan contra el conocimiento de Dios. Para que podamos llevar cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo (ver 2 Corintios 10:4, 5).
 
Mezclando metáforas, tenemos que sintonizar nuestros detectores de basura para no ser esponjas.

En el número de abril de 2008 de la revista Nature, un artículo de Philip Ball explica cómo, desde su punto de vista, la ciencia moderna comenzó en el “siglo XII... varios cientos de años antes que lo que hemos imaginado”, mediante un rompimiento con la teología del cristianismo medieval, que emergía de la oscuridad de la Edad Media. En sus palabras, “los arquitectos de esta nueva filosofía [una cosmovisión naturalista] intentaron reconciliar su perspectiva con el penetrante sentimiento religioso de la Edad Media. Pero, al hacerlo, abrieron el cisma entre la fe y la razón que, desde entonces, se ha agrandado hasta llegar a una sima”. Luego describe esta tensión creciente describiendo varios aportes científicos hechos en los días previos al Iluminismo y cómo fueron resistidos por las instituciones religiosas.

Cerca del final de su artículo, Ball sostiene:


“Progresivamente, se encontró que este conocimiento tenía un poder explicativo tal que, más que racionalizar la teología,  competía con ella. La fisura consiguiente entre la fe y la razón han dejado ahora a las religiones tradicionales en una situación tan comprometida que corren el riesgo de ser desplazadas por variedades más ingenuas y dogmáticas”.


No me siento calificado para discutir el cuadro que pinta Ball, excepto para decir que, basado en mi impresión a partir de la lectura de obras de algunos historiadores de la ciencia, como Stanley Jaki en The Savior of Science, Rodney Stark en The Victory of Reason o Alister McGrath en Science & Religion: An Introduction, el cristianismo aportó mucho más a la revolución científica que lo que él le atribuye.


Independientemente de cómo pueda finalizar ese argumento, hay otro camino que me gustaría seguir aquí. Suponga que Ball tiene razón y la verdadera ciencia comenzó cuando los pensadores medievales pudieron liberarse de las cadenas de una cosmovisión teísta para seguir una cosmovisión naturalista. Entonces, me parece justo preguntar, como lo ha hecho Ken Samples en su artículo “La histórica alianza entre el cristianismo y la ciencia”, si una cosmovisión naturalista brinda los supuestos necesarios para sostener un esfuerzo científico continuo. ¿O acaso esos primeros científicos, al igual que los científicos hoy, están usando los supuestos de una cosmovisión teísta?


Según el naturalismo, el mundo es producto de procesos ciegos y sin propósito. Nosotros, junto con nuestra capacidad de razonamiento, somos finalmente el resultado de un accidente. Entonces, ¿cómo explica el naturalismo cosas como el método científico, los supuestos acerca de la uniformidad de una naturaleza regida por leyes, o el razonamiento abstracto y las leyes de la lógica? ¿Cómo podemos tener alguna confianza en nuestros procesos de razonamiento si la mente es un mero accidente de la naturaleza? En palabras de C. S. Lewis tomadas de su colección de artículos God in the Dock:


“No veo ninguna razón para creer que un accidente pueda darme una descripción correcta de todos los demás accidentes. Es como esperar que la forma accidental que toma la salpicadura cuando uno vuelca una jarra de leche me dé una descripción correcta de cómo está hecha la jarra y por qué se volcó”.


El físico teórico agnóstico y autor popular Paul Davies es más sincero que la mayoría al reconocer el papel que juega una cosmovisión teísta en la ciencia (según se lo cita aquí):


“La gente da por sentado que el mundo físico es ordenado e inteligible. El orden subyacente en la naturaleza –las leyes de la física– se aceptan simplemente como algo dado, como hechos brutos. Nadie pregunta de dónde vinieron; al menos, no lo hacen cuando están con ciertas personas. Sin embargo, aun el científico más ateo acepta como un acto de fe que el universo no es absurdo, que existe una base racional para la existencia física que se manifiesta en un orden en forma de leyes de la naturaleza que es, al menos en parte, comprensible para nosotros. Así que la ciencia sólo puede seguir adelante si el científico adopta una cosmovisión esencialmente teológica”.


Al final, debemos responder la pregunta planteada por Ken Samples, “¿Es más razonable creer que el universo vino a existir de la nada mediante la nada o que, como dice la Biblia: ‘En el principio creó Dios los cielos y la tierra’?”.




Un experto en demoliciones estudia el edificio designado para la destrucción. Con un balanceo de la bola de demolición, debe derribar el edificio sin que los escombros salgan desparramados del terreno. Una operación tan precisa requiere que la bola del tamaño correcto golpee a la velocidad precisa. Si pega demasiado arriba sólo quitará el techo; si lo hace demasiado abajo, la tierra absorberá toda la fuerza destructora. Las posibilidades de una demolición fallada exceden largamente las de obtener resultados exitosos. Luego de exigentes cálculos, la bola de demolición pega justo, transformando al edificio en una pila de escombros fácil de limpiar.
 
Unos 50 millones de años luego de la formación del sistema solar, ocurrió una colisión con un ajuste fino similar entre la Tierra y un cuerpo del tamaño de Marte. Sin embargo, en vez de destruir la Tierra, la colisión brindó la materia prima para la formación de la luna terrestre. La colisión eyectó escombros en órbita que terminaron combinándose para formar la Luna. Simulaciones recientes de alta resolución del impacto1 confirman el ajuste fino del suceso que aseguró la supervivencia de la Tierra, la formación de la Luna y la transformación de la atmósfera de la Tierra.2
 
Las simulaciones muestran que los escombros eyectados de la Tierra tienen que haber consistido principalmente de material sólido o líquido -no gas-, porque si no el disco de escombros se habría disipado demasiado rápidamente como para combinarse en un satélite del tamaño de la Luna. Un impactador más grande habría generado más energía durante la colisión y, en consecuencia, material más vaporizado y gaseoso en el disco de escombros. Sin embargo, un impactador más pequeño no habría enriquecido la Tierra con los elementos pesados necesarios como para impulsar una tectónica de placas durante mucho tiempo ni brindaría la suficiente energía como para eyectar por completo la atmósfera primordial de la Tierra, asfixiante para la vida, hacia el espacio. (Este gas no hubiera pasado a formar parte del disco de escombros, sino que sería removido completamente del sistema de Tierra-Luna.) Por lo tanto, si el impactador hubiera sido más grande o más pequeño, la capacidad de la Tierra para soportar vida compleja avanzada (como los humanos) o vida microbiana abundante durante mucho tiempo se hubiera reducido rápidamente. Además, los autores notan que, si un planeta es demasiado grande, no puede tener una luna formada por un impacto gigante. El impacto formador de la Luna requiere un impactador del tamaño justo, que golpee a la Tierra a la velocidad justa, en el lugar preciso, con el ángulo exacto, y en el momento justo.
 
Así como el experto en demoliciones debe preparar su trabajo cuidadosamente para evitar un fracaso, el impacto formador de la Luna requirió varios factores precisos para que fuera exitoso. A medida que los avances científicos siguen revelando más factores finamente ajustados, la idea de que el impacto ocurrió simplemente por casualidad parece cada vez menos factible. Por otra parte, un ajuste fino tan preciso se lleva bien con el modelo de creación bíblica de Reasons To Believe, en el que un Creador sobrenatural interviene para asegurar la habitabilidad de la Tierra durante mucho tiempo en preparación para la humanidad.
 

Referencias

  1. Keiichi Wada, Eiichiro Kokubo, and Junichiro Makino, "High-Resolution Simulations of a Moon-Forming Impact and Postimpact Evolution," Astrophysical Journal 638 (2006): 1180-86.
  2. Kevin Zahnle, "Being There," Nature 433 (2005): 814-15; Hidenori Genda and Yutaka Abe, "Enhanced Atmospheric Loss on Protoplanets at the Giant Impact Phase in the Presence of Oceans," Nature 433 (2005): 842-44.

 


¡Las ideas religiosas no tienen ningún lugar en la ciencia!
  
Mientras que los ardientes secularistas expresan frecuentemente esta convicción hoy, las raíces históricas de la ciencia moderna están profundamente vinculadas a la religión en general y al cristianismo en particular.

El cristianismo modeló de forma excepcional y decisiva el clima intelectual que dio origen a la ciencia moderna (unos tres siglos y medio atrás). Hasta es correcto decir que la ciencia moderna nació en la cuna de la civilización cristiana. No sólo fueron casi todos los padres fundadores de la ciencia cristianos devotos (incluyendo a Copérnico, Kepler, Galileo, Newton, Boyle, Steno, Pascal, Faraday y Mendel), sino que la cosmovisión cristiana brindó una base para que la ciencia moderna surgiera y floreciera. De hecho, la cosmovisión cristiana apoyó los principios subyacentes que hicieron que la investigación científica fuera a la vez posible y deseable.


La perspectiva cultural cristiana brindó el marco filosófico que se requirió para lanzar la ciencia, una estructura conceptual que estaba ausente notoriamente de otras culturas influyentes del pasado.


El renombrado físico y escritor de ciencia popular Paul Davies recorre algunos de los impactos del cristianismo sobre la ciencia moderna en su discurso para el Premio Templeton, “La física y la mente de Dios”.


“En los siguientes trescientos años la dimensión teológica de la ciencia se ha desdibujado. La gente da por sentado que el mundo físico es ordenado e inteligible... Sin embargo, aun el científico más ateo acepta como hecho de fe que el universo no es absurdo, que hay una base racional para la existencia física manifestada como un orden en forma de leyes en la naturaleza que es al menos en parte comprensible para nosotros. Así que la ciencia puede avanzar sólo si el científico adopta una cosmovisión esencialmente teológica”.


Dado que la ciencia moderna surgió dentro de la matriz del teísmo cristiano (en la Europa del siglo XVII), ¿no pueden los teólogos comentar legítimamente sobre los fundamentos teológicos de la ciencia sin estar capacitados formalmente en las ciencias naturales? ¡Por supuesto que sí!


Cuando los secularistas afirman que las ideas religiosas no tienen ningún lugar en la ciencia, parecen desconocer abiertamente el papel histórico que jugó el cristianismo histórico en dar forma, alentar y sustentar el carácter y los supuestos generales de la ciencia moderna.


Si bien algunos afirman que sólo los científicos están calificados para hablar acerca de la ciencia, esta aseveración es profundamente miope. La moderna empresa científica depende de supuestos filosóficos, lógicos, matemáticos y teológicos, así que ciertas personas no científicas bien informadas pueden tener importantes cosas que decir acerca de la ciencia sin ser ellas mismos científicos capacitados.


Lamentablemente, demasiados científicos y no científicos no aprecian el mensaje que los historiadores y filósofos de la ciencia tienen para transmitir acerca de cómo surgió la poderosa empresa científica, sin hablar de los supuestos filosóficos y teológicos necesarios para sustentarla.




Una vez escuché a un científico decir:

Sólo los científicos están calificados para hablar acerca de cuestiones de ciencia.

 Entendido en un sentido general, este punto parece razonable. Por ejemplo, para que alguien pueda comentar en forma inteligente acerca de un campo de estudio uno esperaría que la persona estuviera familiarizada adecuadamente con esa disciplina específica. Dado que los diversos campos de la ciencia son altamente especializados, frecuentemente se requiere una capacitación rigurosa para poder dominar una disciplina científica dada. Esta es la razón, por supuesto, que Reasons To Believe emplea a científicos altamente capacitados para trabajar en el equipo de estudiosos de una organización de apologética científica.


Sin embargo, como señalé en la primera parte de esta serie, afirmar que sólo los científicos pueden hablar inteligentemente acerca de la ciencia pasa por alto la realidad de que la empresa científica misma involucra muchos supuestos que no forman parte técnicamente de las ciencias naturales.


Algunos de estos presupuestos filosóficos fundamentales para el estudio de la ciencia incluyen: (1) la existencia de un cosmos objetivamente real, (2) la comprensibilidad de ese cosmos, (3) la confiabilidad general de la percepción de los sentidos y la racionalidad humana, (4) la uniformidad de las leyes de la naturaleza y (5) la validez de la matemática y la lógica.


Dados estos supuestos filosóficos, los filósofos de la ciencia tienen potencialmente mucho que decir que es de importancia vital con relación a la naturaleza de la empresa científica. Además, los matemáticos y los lógicos pueden comentar autorizadamente sobre temas científicos. De hecho, la empresa científica depende directamente de la solidez de la matemática y la lógica.


Cuando escucho a mis amigos científicamente capacitados de Reasons To Believe hablar acerca de sus especialidades, noto cómo las afirmaciones de la ciencia suelen reducirse al tema de quién tiene el mejor argumento. ¿Qué modelo explica mejor los datos? ¿Qué modelo tiene el poder explicativo superior? Estos son, específicamente, temas de lógica y argumentación.


Aun la teoría de la evolución de Darwin fue esencialmente un tipo de argumento lógico de inferencia a la mejor explicación. Decidir si alguna forma de creacionismo o evolución naturalista está mejor apoyada por los datos científicos involucra alguna forma de razonamiento lógico abductivo.


¿No pueden los lógicos comentar adecuadamente acerca de los argumentos hechos por los científicos sin que ellos mismos estén capacitados formalmente en una disciplina científica dada? ¡Por supuesto que sí!


¿No pueden los abogados, familiarizados con el uso de argumentos y evidencias, también evaluar cuidadosamente las conclusiones de los científicos y concebiblemente agregar algo significativo? Sí.


La buena ciencia involucra un aprendizaje muy especializado. Pero también involucra el pensamiento cuidadoso. Cuando se trata de pensar, algunos no científicos sin duda pueden abordar inteligentemente aspectos importantes de la ciencia.


En la próxima parte de esta serie plantearé el tema de si la teología tiene algo importante que aportar a las cuestiones científicas.


Este es uno de los muchos artículos que planeo escribir sobre la evolución y la información, si desea estar más al tanto de este tema véase mi anterior artículo El problema de la información para la evolución.
Los automóviles: ¿evidencia en contra de la evolución?
Imagine un automóvil de modelo estándar mientras sale de la planta ensambladora; el modelo austero básico, sin lujos.
Ahora imagine que queremos producir una versión 'De Lujo' del mismo vehículo, y además un 'Super Auto Deportivo Grand Prix'. El modelo De Lujo tiene accesorios adicionales tales como radio/casetera, tapicería en cuero, calefacción en la ventana trasera, contador de revoluciones y dirección hidráulica. Para producir el auto estándar se requieren manuales de instrucciones para fabricar todas las piezas que lo componen. Pero ahora que se pretende añadir otros accesorios, como un estéreo, etc., es necesario agregar información adicional a los manuales que describa la producción y procedimientos de ensamblaje para todas las partes añadidas, así como las modificaciones a la información estándar de manera que las nuevas partes encajen correctamente. Si consideramos ahora al 'Super Auto Deportivo Grand Prix', este vendrá equipado con toca CDs, con equalizador gráfico de 15-bandas, antena eléctrica, una ventana de techo, llantas magnéticas con tuercas de ajuste,"fuel injection", caja de cambios automática de cuatro velocidades, cabeza de alta compresión con cuatro válvulas por cilindro, más otros refinamientos del motor que juntos incrementan los caballos de fuerza en un 50%, luces de halógeno de cuarzo de triple oscilación, espejos laterales a control remoto, encendido y sistemas de freno computarizados, teléfono celular, bolsas de aire, control crucero, sillas totalmente reclinables de puro cuero, y alerones y vidrios polarizados.
Estas adiciones requieren que miles de páginas de información nueva, detallada, y altamente precisa sea agregada a los manuales de producción y ensamblaje. ¡Y no estamos tomando en cuenta todas las máquinas especiales que se necesitan construir : junto con todos sus manuales de producción y ensamblaje : para hacer posible la fabricación de los accesorios adicionales!
Precisamente algo semejante hubiera sido necesario para la evolución de las cosas vivas (si fuera cierta) - ¡sólo que los seres vivientes tienen los manuales y las máquinas dentro de ellos!
Comenzando con la química cruda, las cosas vivas hubieran tenido que adquirir, con el tiempo, la miriada de sistemas complejos tan comunes para nosotros hoy. Pero para cada avance evolucionista postulado; es decir, para la adquisición de cada nuevo sistema, se requiere de un incremento en la información. Esto es porque los sistemas biológicos, como los automóviles, se derivan de la información. No salen del aire. La información viene primero, y ésta hace posible los sistemas. Por tanto, para tener nuevos sistemas antes de cualquier otra cosa se necesita nueva información.
Sin embargo, como la evolución no tiene ni forma de conseguir la información inicial, ni manera alguna de obtener la información adicional necesaria para cada incremento en la complejidad, podemos descartar a la evolución como una forma en que las cosas vivas llegaron a ser.
REFERENCIA
1.Werner Gitt, En el Principio era la Información, CLV, Alemania, 1997.

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