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En el número de abril de 2008 de la revista Nature, un artículo de Philip Ball explica cómo, desde su punto de vista, la ciencia moderna comenzó en el “siglo XII... varios cientos de años antes que lo que hemos imaginado”, mediante un rompimiento con la teología del cristianismo medieval, que emergía de la oscuridad de la Edad Media. En sus palabras, “los arquitectos de esta nueva filosofía [una cosmovisión naturalista] intentaron reconciliar su perspectiva con el penetrante sentimiento religioso de la Edad Media. Pero, al hacerlo, abrieron el cisma entre la fe y la razón que, desde entonces, se ha agrandado hasta llegar a una sima”. Luego describe esta tensión creciente describiendo varios aportes científicos hechos en los días previos al Iluminismo y cómo fueron resistidos por las instituciones religiosas.

Cerca del final de su artículo, Ball sostiene:


“Progresivamente, se encontró que este conocimiento tenía un poder explicativo tal que, más que racionalizar la teología,  competía con ella. La fisura consiguiente entre la fe y la razón han dejado ahora a las religiones tradicionales en una situación tan comprometida que corren el riesgo de ser desplazadas por variedades más ingenuas y dogmáticas”.


No me siento calificado para discutir el cuadro que pinta Ball, excepto para decir que, basado en mi impresión a partir de la lectura de obras de algunos historiadores de la ciencia, como Stanley Jaki en The Savior of Science, Rodney Stark en The Victory of Reason o Alister McGrath en Science & Religion: An Introduction, el cristianismo aportó mucho más a la revolución científica que lo que él le atribuye.


Independientemente de cómo pueda finalizar ese argumento, hay otro camino que me gustaría seguir aquí. Suponga que Ball tiene razón y la verdadera ciencia comenzó cuando los pensadores medievales pudieron liberarse de las cadenas de una cosmovisión teísta para seguir una cosmovisión naturalista. Entonces, me parece justo preguntar, como lo ha hecho Ken Samples en su artículo “La histórica alianza entre el cristianismo y la ciencia”, si una cosmovisión naturalista brinda los supuestos necesarios para sostener un esfuerzo científico continuo. ¿O acaso esos primeros científicos, al igual que los científicos hoy, están usando los supuestos de una cosmovisión teísta?


Según el naturalismo, el mundo es producto de procesos ciegos y sin propósito. Nosotros, junto con nuestra capacidad de razonamiento, somos finalmente el resultado de un accidente. Entonces, ¿cómo explica el naturalismo cosas como el método científico, los supuestos acerca de la uniformidad de una naturaleza regida por leyes, o el razonamiento abstracto y las leyes de la lógica? ¿Cómo podemos tener alguna confianza en nuestros procesos de razonamiento si la mente es un mero accidente de la naturaleza? En palabras de C. S. Lewis tomadas de su colección de artículos God in the Dock:


“No veo ninguna razón para creer que un accidente pueda darme una descripción correcta de todos los demás accidentes. Es como esperar que la forma accidental que toma la salpicadura cuando uno vuelca una jarra de leche me dé una descripción correcta de cómo está hecha la jarra y por qué se volcó”.


El físico teórico agnóstico y autor popular Paul Davies es más sincero que la mayoría al reconocer el papel que juega una cosmovisión teísta en la ciencia (según se lo cita aquí):


“La gente da por sentado que el mundo físico es ordenado e inteligible. El orden subyacente en la naturaleza –las leyes de la física– se aceptan simplemente como algo dado, como hechos brutos. Nadie pregunta de dónde vinieron; al menos, no lo hacen cuando están con ciertas personas. Sin embargo, aun el científico más ateo acepta como un acto de fe que el universo no es absurdo, que existe una base racional para la existencia física que se manifiesta en un orden en forma de leyes de la naturaleza que es, al menos en parte, comprensible para nosotros. Así que la ciencia sólo puede seguir adelante si el científico adopta una cosmovisión esencialmente teológica”.


Al final, debemos responder la pregunta planteada por Ken Samples, “¿Es más razonable creer que el universo vino a existir de la nada mediante la nada o que, como dice la Biblia: ‘En el principio creó Dios los cielos y la tierra’?”.

 

Introducción

 
Toda discusión acerca de Dios, el tiempo y la eternidad está limitada por definiciones del tiempo y la temporalidad inconsistentes e incompletas. Estas limitaciones surgen del hecho de que todas las experiencias temporales de la humanidad están confinadas a una única dimensión del tiempo, en la cual el tiempo no puede ser detenido ni invertido. Ningún mero humano puede salir de nuestra dimensión del tiempo para observar objetivamente todas sus propiedades y, por lo tanto, llegar a una definición completa.
 
Las personas sólo pueden experimentar fenómenos temporales (causa y efecto, emociones, relaciones, razonamiento, oración, y todas las demás actividades mentales y espirituales) a lo largo de la única dimensión del tiempo que constituye el continuo (o superficie) del espacio-tiempo del universo. Por lo tanto, una persona cae fácilmente en la trampa de hacer equivaler la "temporalidad" con el "tiempo". No son exactamente lo mismo, y la Biblia corrige este error.
 
La Biblia (en forma exclusiva entre todos los demás libros "sagrados") enseña que, cuando Dios creó el universo, creó no solamente la materia y la energía sino el espacio y el tiempo también. Este hecho se confirma en el contexto de la cosmología moderna, que dice que el inicio del universo es el inicio del largo, el ancho, la altura y el tiempo (además de seis otras dimensiones de espacio que dejaron de expandirse cuando el universo tenía sólo una fracción de segundo de edad). Según Romanos 8 y Apocalipsis 20 a 22, el universo terminará -y será reemplazado- cuando los propósitos de Dios para él se hayan cumplido. En otras palabras, la Biblia afirma que la dimensión de tiempo en la que experimentamos todos los fenómenos temporales tiene un inicio definido y tendrá un final definido.
 
Desde esta perspectiva bíblica, los fenómenos temporales no están limitados a la dimensión de tiempo a lo largo de la cual se desarrolla el universo. La Biblia nos revela que las personas de la Deidad se relacionaron entre sí antes del inicio del tiempo y ejercieron causalidad antes del inicio del tiempo. Por ejemplo, Dios causó la creación ex nihilo de todo el universo físico (Génesis 1:1, Juan 1:1-3, Colosenses 1:15-17, Hebreos 11:3); Dios confirió gracia (2 Timoteo 1:9); y prometió esperanza (Tito 1:2) aun antes de crear el tiempo. La Biblia también dice que, una vez que deje de existir el universo -cuando deje de existir el tiempo tal como lo conocemos- los humanos redimidos seguirán relacionándose con Dios, entre sí y con los ángeles de una forma mucho más amplia, satisfactoria y gratificante que lo que es posible en el tiempo cósmico. Nuestra capacidad para la expresión creativa y para toda clase de actividades emocionales, intelectuales y espirituales será ampliada grandemente en la "nueva creación" de Dios. Nuestras capacidades y experiencias temporales ya no estarán más confinadas a una única dimensión de tiempo.1
 
La matemática puede ser útil para demostrar que los fenómenos temporales no pueden estar, en principio, limitados a la dimensión de tiempo del universo. Así como los límites espaciales se ven superados cuando nos desplazamos de una única dimensión espacial a dos, tres, etc., también las limitaciones temporales son superadas cuando nos desplazamos de una única dimensión temporal a dos, tres, etc. Hay ilustraciones de las capacidades y los fenómenos extradimensionales en el capítulo siete de Beyond the Cosmos, incluido en el programa presentado para la conferencia.2
 
El punto crucial es que la existencia de Dios trasciende las dimensiones del espacio y el tiempo. Según la Biblia, Él puede crear y remover dimensiones de espacio-tiempo a voluntad. Por lo tanto, las capacidades y actividades "temporales" de Dios pueden ocurrir transdimensionalmente o de alguna otra forma sólo aproximadamente equivalente a la extradimensionalidad. Pero al menos podemos contemplar la realidad que permiten las extradimensiones (o sus equivalentes).
 
Como astrónomo y cristiano, me da gran placer informar que la investigación cosmológica más reciente apoya la idea bíblica de que el tiempo tuvo un comienzo y, también, que fenómenos temporales, según los define la ciencia, precedieron el inicio del tiempo cósmico. Según explican las siguientes páginas, la astrofísica ahora atestigua que la cosmovisión bíblica de Dios, el tiempo y la eternidad concuerdan no sólo con la preponderancia de evidencia, sino con un cuerpo de evidencia que lleva a los observadores más allá de toda duda razonable.
 

Primera parte: La cosmología y la Biblia concuerdan en el origen del tiempo

 
Más de 3.000 años antes que ningún científico o estudioso hubiera desarrollado un modelo cosmológico viable y verificable, los autores bíblicos escribieron acerca de los aspectos fundamentales de lo que hoy se denomina la teoría del big bang. Hay varias docenas de modelos del big bang compitiendo, pero cada uno de ellos incluye estos tres conceptos fundamentales: 1) el inicio en una "singularidad": un inicio unificado de la materia, la energía, el espacio y el tiempo; 2) una expansión continua del cosmos desde el evento de creación; y 3) un enfriamiento progresivo a medida que continúan el tiempo y la expansión.
 
Muchos versículos bíblicos describen el inicio singular,3 pero el más conocido es Génesis 1:1, que dice: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra". La palabra hebrea para "creó" (bāra') significa, en este contexto, 'traer a la existencia algo flamante, algo que no existía antes'.4 Y la expresión "los cielos y la tierra" (shāmayim 'eres) se refiere a toda la materia y la energía, y aun las dimensiones de espacio-tiempo a lo largo de las cuales la materia y la energía están distribuidas.5 Hebreos 11:3 dice que el universo que podemos detectar fue hecho a partir de lo que no podemos detectar. Juan 1, Colosenses 1 y muchos otros pasajes ofrecen relatos más detallados de la "singularidad" del big bang.
 
Por lo pronto, los teoremas del espacio-tiempo de la relatividad general establecen que, si el universo tiene masa y la relatividad general se cumple, un inicio cósmico -no sólo de la materia y la energía, sino también del espacio y el tiempo- es ineludible. (Note que los teoremas del espacio-tiempo ahora se han generalizado para incluir los modelos inflacionarios del big bang, y no sólo el modelo estándar original del big bang.6)
 
Según Roger Penrose, de Oxford, la relatividad general es, actualmente, el principio más exhaustivamente probado y comprobado de toda la física.7 Así que, si el universo contiene masa (una balanza de baño convence a la mayoría de los escépticos que es así) y si la relatividad general es confiable (lo es), uno puede decir con alguna certeza que el inicio del big bang, o singularidad cósmica, describe correctamente la realidad física.8
 
Esta evidencia a favor de la creación cósmica testifica específicamente acerca de la existencia de un Creador trascendente, un Creador que existe más allá de las fronteras de la materia, la energía, el espacio y el tiempo. También habla de un Creador que hace un ajuste fino del universo para que exista vida, y específicamente vida humana. Los dioses de las demás religiones aparentemente crean desde dentro del espacio y el tiempo. El Dios de la Biblia crea desde afuera del espacio y el tiempo cósmico. Tanto la ciencia como la Biblia declaran que el espacio y el tiempo, y no sólo la materia y la energía, tuvieron su inicio en el pasado finito.
 

Segunda parte: La cosmología y la Biblia concuerdan en el final del tiempo

 
Robert Russell y John Polkinghorne ya han abordado en esta conferencia un tema importante y perturbador en este escenario del big bang: expone a la humanidad a lo que parece una lamentable destrucción. Habiendo establecido que la teoría del big bang es un concepto completamente bíblico, debemos reconocer, junto con Russell y Polkinghorne, que no podemos evitar un final helado o ardiente.
 
Este terrible problema es tratado con cierto detalle en un artículo de Lawrence Krauss y Glen Starkman publicado en The Astrophysical Journal, tal vez la pieza más filosófica que haya aparecido jamás en ese prestigioso periódico.9
 
Krauss y Starkman comienzan por analizar la solidez de los recientes hallazgos cosmológicos. Primero, que el universo contiene suficiente masa como para ocasionar (bajo la influencia de la gravedad) una reducción de su velocidad de expansión. Segundo, que un factor, denominado "densidad de energía del espacio", prevalece actualmente sobre la densidad de masa en el gobierno de la expansión del universo.
 
La mayoría de las personas está familiarizada con el accionar de la masa y la gravedad. Bajo el efecto de la gravedad, dos cuerpos con masa tienden a atraerse entre sí, y cuanto más cerca se encuentran entre sí, más poderosamente se atraen. Al emerger el universo de un volumen infinitésimo y expandirse muy rápidamente desde el evento de creación, su masa obró poderosamente para frenar la expansión. Pero, al seguir expandiéndose y creciendo el universo, la eficacia de la masa para frenar la expansión se ha reducido progresivamente. Así que, a medida que el universo envejece y, por lo tanto, se vuelve más grande, la gravedad tiene un efecto cada vez menor (de frenado) en la expansión.
 
La densidad de energía del espacio es mucho más difícil de entender. Si no hubiera sido comprobada por diversos experimentos independientes, podría parecer demasiado extraña como para ser cierta. Tal vez la mejor forma de ilustrar este efecto sería compararlo (o contrastarlo) con una banda elástica. La densidad de energía del espacio funciona, aproximadamente, en forma opuesta a una banda elástica. Cuanto más se estira una banda elástica, más energía adquiere para impulsar su contracción. En contraste, cuanto más se estira la trama del espacio-tiempo del universo, más energía adquiere para impulsar su expansión.
 
Así que el comportamiento producido por la densidad de energía del espacio es opuesto al que surge de la densidad de masa (y la gravedad). Cuando el universo es joven y relativamente pequeño, el factor de gravedad actúa fuertemente para frenar la expansión, y el factor de densidad de energía del espacio es débil en su capacidad de impulsar la expansión. Pero, a medida que el universo se vuelve más viejo y más grande, hay cada vez más energía disponible (según lo describe el término de densidad de energía del espacio) para generar la expansión.
 
Los astrónomos han confirmado ahora con cierto detalle que la transición cósmica de una expansión que se frena a una expansión que se acelera ocurrió aproximadamente 7.000 millones de años atrás.10 En otras palabras, durante los últimos 7.000 millones de años, aproximadamente, el universo ha estado aumentando la velocidad de expansión, en vez de estar reduciéndola.
 
El artículo de Krauss y Starkman considera las consecuencias para la vida en un universo que se expande continuamente, y que se expande cada vez más rápidamente. La expansión acelerada es una noticia especialmente mala para los astrónomos observacionales. Ya el universo se está expandiendo tan rápidamente que la mayoría de los objetos distantes del universo se están moviendo hacia fuera casi a la velocidad de la luz, lo que significa que están a punto de volverse invisibles para los astrónomos usando telescopios basados en la Tierra.
 
A medida que el universo siga envejeciendo y expandiéndose a una velocidad cada vez mayor, cada vez más objetos se estarán alejando de la Tierra a velocidades mayores que la luz y, por lo tanto, se volverán invisibles para los astrónomos.11 Qué desalentador para un astrónomo hoy, ¡pero cuánto más para los astrónomos del futuro! Aun con la ayuda de telescopios espaciales lo suficientemente poderosos como para "ver" los límites teóricos del universo, los astrónomos descubrirán (gracias al término de densidad de energía del espacio) que esos límites teóricos están empezando a restringir su visión. Si el Sol y la Tierra permanecieran, el Sol un día estaría alejándose más rápidamente que la velocidad de la luz, y entonces la Tierra ya no recibiría el calor o la luz del Sol. Sin embargo, el Sol agotará todo su combustible nuclear mucho antes de que ocurra esto.
 
La situación se vuelve todavía peor. A medida que continúa y se acelera la expansión, la formación de estrellas se detendrá. Los pedazos de materia que se combinan (por gravedad) para formar las estrellas un día se alejarán entre sí a una velocidad tan grande que esta condensación ya no podrá ocurrir. Además, dado que las estrellas existentes tienen un tiempo de vida finito (cuando mucho unos 100.000 millones de años; nuestra estrella, 9.000 millones de años), el universo terminará por encontrarse desprovisto de estrellas luminosas. Y, sin estrellas luminosas, la vida es imposible.
 
De hecho, el flujo de calor terminará por reducirse en tal grado que el metabolismo cesará. Las proteínas no podrán plegarse, y el flujo de calor de cuerpos calientes a cuerpos fríos se volverá tan débil que las reacciones metabólicas ya no tendrán lugar. Con esto, toda vida física deberá morir y, por lo tanto, toda conciencia física finalizará.
 
Según lo que dicen Krauss y Starkman, una expansión cósmica en aceleración condena, inevitablemente, a toda la vida del universo, sea la vida en el planeta Tierra o la vida en otra parte.12 Este artículo probablemente sea el más deprimente publicado a la fecha en The Astrophysical Journal. No deja lugar a ninguna esperanza, ningún destino, sino sólo desesperanza y condenación para el cosmos.
 
La Biblia presenta, en un sentido, la misma visión del futuro de la humanidad. El mundo y el universo no perdurarán. Hay pasajes, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, que se refieren a un tiempo en que los cielos y la tierra (un eco de Génesis 1:1) "se enrollarán… como un libro"13 y todo "se [removerá] de su lugar".14 En palabras de Jesús, según lo que registran los tres Evangelios sinópticos, "el cielo y la tierra pasarán".15 El punto de observación único de Juan (en Apocalipsis) es un anticipo del momento en que las palabras de Jesús se cumplirán.
 
Sin embargo, la historia bíblica no finaliza aquí. Termina con una afirmación resonante de la esperanza de la humanidad. En su gracia y conociendo nuestra tendencia a dudar y descreer, Dios ha dado a los pueblos del siglo XXI una base tangible y científicamente verificable para creer que la esperanza, el propósito y el destino son reales. La evidencia apunta no sólo a una realidad más allá del cosmos sino a un Creador y Salvador personal que tiene un propósito y se interesa por nosotros.
 

Tercera parte: La cosmología ofrece una base para la esperanza más allá del tiempo

 
Uno debe comenzar por considerar la sincronización milagrosa de la llegada de los astrónomos al escenario cósmico. Si hubieran llegado antes, habrían tenido menos para observar, porque los objetos que comprenden el universo se desarrollan y cobran forma a lo largo de los miles de millones de años desde el evento de creación. En una era anterior, habría habido menos indicios para ayudarlos a discernir las características asombrosas del cosmos. La era humana es, sencillamente, el mejor tiempo de la era cósmica para ser astrónomo.
 
Es más. El lugar que ocupa la Tierra en los cielos también es la ubicación óptima para observar el universo. Un equipo de astrónomos de la Universidad de Alabama liderado por William Keel ha dedicado más de 15 años a examinar la ubicación de nuestro sistema solar con relación a otros sitios de observación posibles, tanto dentro de la Vía Láctea como fuera de ella. Su investigación demuestra que prácticamente en cualquier otro lugar en que la Tierra podría estar situada, la visión de la galaxia -sin hablar del resto del universo- estaría seriamente bloqueada.
 
¿Dónde está la mayoría de las estrellas en una galaxia? Se encuentran en los racimos globulares, los brazos espirales o en la protuberancia galáctica central. En todos estos lugares, la investigación astronómica se vería obstruida o impedida por completo por la proximidad de las estrellas, incluyendo la variedad de estrellas supergigantes. La estrella de la Tierra, el Sol, se encuentra entre dos brazos espirales y muy lejos de cualquier racimo globular. El hecho de que la Vía Láctea contiene 150 racimos globulares, ninguno de los cuales está cerca de la Tierra, resalta el punto. Luego está el hecho de que la Tierra reside a mitad de camino fuera del centro de la galaxia, en una zona que posibilita una visión despejada de la galaxia y del resto del universo.
 
Además, la distancia exacta desde el centro permite a la Tierra (y a su sistema solar) el raro privilegio de permanecer entre dos brazos espirales. Dado que la estructura espiral de una galaxia rota a una velocidad distinta de la estrellas al orbitar el centro de la galaxia, la mayoría de las estrellas son sobrepasadas y oscurecidas, tarde o temprano, por los brazos espirales. La Tierra, sin embargo, reside a la distancia, denominada "distancia de corrotación", donde no ocurre este sobrepaso.16
 
Esta estabilidad de la ubicación es crítica, no sólo para las observaciones cósmicas sino también para la posibilidad de la existencia humana. La Tierra necesita 3.500 millones de años de vida bacteriana -vida bacteriana abundante y predominante- para que la vida humana posterior sea posible. Pero, para que la vida bacteriana sobreviva tanto tiempo, la estrella del planeta debe permanecer entre esos dos brazos espirales. Si la estrella fuera a entrar y salir de los brazos espirales, la radiación en ella y la luz de las estrellas supergigantes cercanas podrían exterminar las bacterias esenciales.
 
La galaxia de la Tierra también disfruta de una ubicación especial; es decir, especial con relación a los requisitos para la vida humana. La Vía Láctea pertenece al Grupo Local. Este grupo incluye sólo unas dos docenas de miembros (la mayoría de los racimos de galaxias contienen miles de miembros), y sólo dos son grandes: la Vía Láctea y Andrómeda. Y el grupo está bien disperso (en otras palabras, las galaxias están relativamente separadas entre sí comparadas con las de otros grupos). Además, el Grupo Local reside en el borde externo extremo del superracimo de galaxias Virgo. Todas estas características de ubicación son significativas. La mayoría de las galaxias, aun más de 13.000 millones de años luego del evento de creación, permanecen relativamente cercanas entre sí. En la mayoría de los casos, las galaxias vecinas están tan cerca que obstruyen la visión del cielo nocturno de un observador. En una galaxia cerca del centro del superracimo Virgo, un observador podría observar su propia galaxia y tal vez dos o tres más, pero la ventana al resto del universo estaría bloqueada.
 
La ubicación, así como el tiempo, de la existencia humana permite una visión de la totalidad del universo hasta sus límites teóricos. Este hecho increíble nos lleva a preguntarnos: "¿Es sólo una coincidencia, o parece como si Alguien hubiera provisto adrede esta ventana única de los cielos?".
 

Cuarta parte: La Biblia revela el propósito de Dios para el espacio y el tiempo

 
El salmista ofrece esta respuesta: Dios quería que los cielos declararan su gloria, y también mucho más.17 Para que esta declaración sea recibida, sus receptores deben ocupar el tiempo exacto en el lugar exacto. Hay una declaración poderosa en el hecho de que esto se este cumpliendo.
 
Surge una indicación similar a partir del "principio antrópico" -que el universo parece haber sido diseñado conspicuamente para la vida humana-, una perspectiva que ha sido discutida en la literatura científica desde 1961. Robert Dicke, de Princeton, fue el primero en notar que ciertas fuerzas fundamentales de la física, en particular la gravedad y el electromagnetismo, deben tener un ajuste fino exquisito para que la vida sea posible.18 El trabajo de Dicke fue la base para calcular que la relación entre la fuerza electromagnética y la fuerza gravitatoria requiere un ajuste fino de una parte en diez mil billones de billones de billones para que la vida sea posible en cualquier momento de la historia del universo.19 La lista de características cósmicas esenciales para la vida que tienen un ajuste fino es larga (más de 40) y está creciendo.
 
Investigadores a través de un amplio espectro de disciplinas y teologías reconocen abiertamente la validez del principio antrópico.20 Quienes han hecho la mayor investigación están de acuerdo en que parece como si "el universo debe haber sabido, en algún sentido, que estábamos por llegar".21 El físico Paul Davies escribe: "La evidencia a favor del diseño es abrumadora".22
 
Durante la década de 1980, el cosmólogo británico Brandon Carter amplió el principio aún más, denominando a sus hallazgos "la desigualdad del principio antrópico". El tiempo es el elemento clave. Carter notó primeramente que colocar a los seres humanos en el escenario cósmico en un tiempo tan breve como 14.000 millones de años requiere una orquestación prácticamente perfecta de múltiples factores cósmicos.23 Librados a la física común (no dirigida), a los componentes de la vida probablemente les llevaría mucho más tiempo para desarrollarse, si es que fueran a desarrollarse siquiera.
 
Estos sucesos "fortuitos" en la historia cósmica le dieron una mano estratégica y oportuna a la vida. Primero, una supernova tipo I explotó junto al lugar de nacimiento del Sol (una nebulosa gaseosa) 4.500 millones de años atrás. Segundo, y casi simultáneamente, una supernova tipo II explotó cerca. No uno sino dos sucesos de supernovas diferentes ocurrieron en el momento preciso y en el lugar preciso para lograr lo que necesitaba la vida: el enriquecimiento de elementos pesados. Si cualquiera de las supernovas hubiera explotado demasiado cerca de la nebulosa solar, el Sol en formación hubiera sido destruido. Pero si cualquiera de ellas hubiera explotado demasiado lejos, la nebulosa habría adquirido demasiados pocos elementos pesados como para hacer posible la vida humana en el restringido marco temporal de 4.500 millones de años. La palabra "restringido" es aplicable, ya que los tipos, cantidades y convergencia de elementos pesados producidos por estas dos supernovas serían inesperados en un universo tan joven como de sólo 9.000 a 10.000 millones de años (en ese tiempo).24
 
En tercer lugar, un cuerpo del tamaño de Marte chocó con la Tierra emergente unos 4.470 millones de años atrás. Los astrónomos ahora confirman (teóricamente y observacionalmente) tanto la sincronización como el ángulo del choque (ni un golpe lateral ni de frente, sino algo intermedio). El resultado neto de este suceso fue la remoción de la atmósfera pesada primordial de la Tierra y su posterior reemplazo por una atmósfera mucho más delgada, perfectamente adecuada para la vida avanzada. Además, la Tierra fue enriquecida con elementos pesados, incluyendo uranio y torio, y una luna (formada a partir de la nube de escombros) del tamaño suficiente como para estabilizar el eje de rotación de la Tierra durante un tiempo prolongado en su ángulo de 23,5° (perfecto para la vida). Surgieron muchos beneficios más de esta colisión que no pueden ser explicados dentro del alcance de este artículo.25
 
No obstante, estos tres sucesos asombrosamente sincronizados y sintonizados -algunos se atreven a denominarlos sucesos milagrosos- fueron cruciales para posibilitar la llegada de los humanos al escenario cósmico, especialmente en un tiempo tan breve como de 13.000 a 14.000 millones de años.
 
Carter lleva aún más lejos sus cálculos. Se pregunta: "Una vez que los humanos están aquí, ¿cuánto pueden durar en el entorno cósmico?". Considerando todas las características especiales que requiere la vida del sistema solar, la galaxia y el universo, y la variabilidad de esos factores a lo largo del tiempo, Carter proyectó que la ventana de tiempo para la existencia de la vida avanzada es de sólo unos pocos millones de años de ancho, cuando mucho.26 Los famosos físicos Tippler y Barrow, en su libro de 700 páginas sobre el principio antrópico, proponen recalcular las cifras de Carter. Basándose en varias condiciones ambientales planetarias, deducen que la ventana de tiempo para la supervivencia humana o, más específicamente, para la civilización humana, no puede ser mayor que varias decenas de miles de años.27
 
Hay múltiples factores complejos que afectan la brevedad de esa ventana, algunos más restrictivos que otros. El ciclo del carbonato-silicato es un factor. Este ciclo balancea las cantidades de carbono, azufre y dióxido de carbono en el medio ambiente, un acto de equilibrio que se vuelve asombrosamente exigente por el brillo creciente del Sol a lo largo de la historia de la vida en la Tierra. El Sol es más brillante hoy en un 17 a 18% que cuando las bacterias aparecieron en la Tierra, unos 3.800 millones de años atrás.28Al momento, este aumento ha sido equilibrado por la remoción de dióxido de carbono, agua y metano de la atmósfera, y la conversión de estos gases, a través del accionar de las formas de vida, en carbonatos, arena, carbón, gas natural y petróleo.29
 
Sin embargo, al seguir reduciéndose la cantidad de dióxido de carbono atmosférico, las plantas verdes ya no tendrán la suficiente cantidad como para sustentar sus reacciones fotosintéticas. Y, cuando mueran las plantas verdes, todo lo demás morirá sucesivamente, con la vida humana en primer lugar. Estos hallazgos corroboran la estrechez que han postulado Carter, Tippler y Barrow.
 
Mientras Hollywood alimenta las preocupaciones de la gente por un asteroide mortal que choca con la Tierra (un suceso que se repite cada varios millones de años), hay una amenaza mucho más inminente al acecho: la posibilidad del estallido de una supernova cercana. Unos 30.000 años atrás, cuando la supernova Vela erupcionó a unos mil años luz de distancia, su radiación exterminó varias especies de algas.30 Si, por ejemplo, la estrella Sirio, a sólo ocho años luz de distancia, fuera a convertirse en una supernova, toda la raza humana se encontraría en "serios" problemas, en palabras de un astrónomo. Ni siquiera las cucarachas sobrevivirían a un suceso de este tipo.
 
Por raro que parezca, la extinción humana puede ser acelerada más significativamente por cosas que tienen su lado positivo, como la tecnología y la afluencia. Cuanto más avanzada y afluente llega a ser una sociedad, menos niños produce y más se demora en tener hijos. Y, cuanto más tiempo espera para tener hijos, más mutaciones negativas transmite (especialmente los padres) a la generación siguiente.
 
En los últimos cien años, la creciente afluencia y tecnología ha hecho que los hombres tengan hijos entre siete y ocho años más tarde, en promedio, que lo que ocurría 150 años atrás. En este período, la tasa de mutaciones negativas ha escalado dramáticamente. Los intentos de medir este aumento la colocan en tres mutaciones negativas por persona por generación.31 Extrapolándolo al futuro, uno ve un pronóstico sombrío para la posibilidad de supervivencia de la especie humana.
 
La afluencia y la tecnología también permiten que individuos que hubieran muerto en su niñez, en condiciones anteriores, sobrevivan hasta sus años reproductivos. Por lo tanto, individuos con alta cantidad de mutaciones deletéreas tienen una mayor oportunidad de transmitir esas mutaciones. En una conversación privada reciente, el economista Michael Phillips especuló, basándose exclusivamente en "el problema de la afluencia", que la población de la Tierra podría caer a una cifra tan baja como 1.000 millones de personas para el año 2100. Su pronóstico muy aproximado está basado en estadísticas de ingresos y de tasas de nacimiento. En naciones donde el ingreso anual promedio (adulto) excede los $20.000 por persona, la tasa reproductiva es de sólo 0,7 hijos por adulto. De nuevo, la extrapolación pone en evidencia el problema.
 
El punto clave que Carter quiere resaltar, un punto con el que concuerda mi razonamiento, es este: si se requieren casi 14.000 millones de años (como mínimo) para preparar un hogar para la humanidad, y si la ventana de la existencia humana es de sólo unos pocas decenas de miles o aun unos pocos millones de años de ancho, uno no puede eludir la impresión de que la especie humana tiene un alto valor.
 
Esta impresión surge como un eco de la experiencia humana habitual. Las personas tienden a invertir más profusamente en las personas y las relaciones que más valoran. En mi propio caso, por ejemplo, mi amor por mis hijos me motiva, en la medida que me lo permite mi austera herencia escocesa, a dedicar tiempo, dinero y otros recursos en lo que significa mucho para ellos, aun cuando sepa que sus intereses y necesidades puedan cambiar en unos pocos años.
 
La extrema desigualdad entre el tiempo que se requiere para brindar un hogar para la humanidad y la brevedad de la existencia humana sugieren razonablemente que el Creador del universo y de la vida humana quería que los seres humanos vinieran a la existencia y además que Él tiene muchísimo interés en ellos.
 
Los impulsos únicos de los humanos parecen corroborar ese sentido de existencia "deseada". Además del poderoso instinto de supervivencia que comparten con toda vida sensible, las personas manifiestan un impulso único de descubrir y cumplir su destino. Un sentido de esperanza les permite sobrevivir aun circunstancias horrorosas, y un sentido de propósito les permite prosperar. Para algunos, estos impulsos se intensifican con la edad, pero en otros son evidentes desde la juventud. Y, en casi cualquier edad, una persona puede verse impulsada más poderosamente por este sentido de propósito que aun el instinto de supervivencia. Ejemplos conocidos serían Dietrich Bonhoeffer y la Madre Teresa, cuya devoción por otros superó su instinto de autopreservación.
 
¿De dónde surgen estos impulsos? Los investigadores no han encontrado ninguna evidencia de ellos en los supuestos ancestros de los humanos, las especies de primates, incluyendo los homínidos bípedos. Los anhelos de las personas, a menudo abnegados e inexplicables de otra forma, sólo tienen sentido en el contexto de la creación, específicamente en el contexto de los planes, propósitos y participación en bien de la vida humana de un Creador personal.
 
Mis estudios en física me brindan todavía otra evidencia convincente a favor de la realidad del Creador amoroso y del destino humano, tanto dentro como más allá del tiempo cósmico. Esa evidencia puede ser descrita como la optimización de las constantes y leyes físicas para lograr la expresión última del amor de Dios, que involucra permitir y luego vencer la posibilidad del mal.
 
Una mirada cercana y cuidadosa a las características generales del universo, a las características del espacio y el tiempo, a las leyes de la termodinámica y a las constantes de la física, revela que todas fueron diseñadas e implementadas para el beneficio físico y espiritual de la humanidad, teniendo en cuenta la inevitabilidad del pecado original.32
 
Cuando Adán y Eva se rebelaron contra la autoridad de Dios (Génesis 3) e introdujeron el mal en la raza humana, Dios les explicó cuáles serían las consecuencias, o la "maldición". Uno podría argumentar que, simultáneamente, Dios preservó la esperanza de la humanidad.
 
Las consecuencias del pecado fueron, entre otras cosas, el trabajo arduo y el dolor penoso.33 En cierto sentido, el trabajo y el dolor que sufre la humanidad suele ser proporcional a la expresión de autonomía espiritual, o rebelión. Dios ordenó a los primeros humanos (Génesis 2:15), y a la humanidad a través de ellos, que "cuidaran" no sólo el Huerto que Él plantó, sino que administraran sabiamente los recursos de la totalidad de la Tierra no cultivada (Génesis 1:28-30). En las relaciones de los humanos entre sí y con el medio ambiente, más pecado significa más sufrimiento. Cuanto más expresa la raza humana orgullo, egoísmo y avaricia, y cuanto menos depende de Dios para la humildad, el amor y la sabiduría, más daño causa. El daño a la sociedad y al planeta produce sufrimiento de toda clase. El deseo de evitar el trabajo arduo y el dolor penoso brinda alguna motivación para abstenerse del pecado y el mal.
 
Dadas la realidades de la naturaleza humana (marcada por el pecado), uno comienza a ver los límites temporales y espaciales del cosmos como bendiciones divinas. Dado que el tiempo, según lo experimentan los humanos, es unidimensional, irreversible e indetenible, el tiempo impone un límite a la cantidad y grado de mal que cualquier humano puede perpetrar contra otros. Si bien el tiempo puede limitar también la cantidad de bien que puede hacer una persona, la primera etapa de la historia humana, durante la cual las longitudes de vida eran considerablemente más largas, indica en qué dirección -hacia el bien o hacia el mal- se inclina la balanza. Los tiempos de vida extendidos llevaron a la humanidad al borde de la extinción, a la necesidad de un cataclismo purificador: el diluvio de Génesis.
 
Ejemplos más recientes de este punto aparecen ostensiblemente en la vida de déspotas como Adolf Hitler, José Stalin, Mao Tse-Tung y Saddam Hussein, para mencionar sólo algunos. Sin los límites de tiempo -y espacio- estos individuos habrían causado aún mayores desastres y daño que los que hicieron. Se sabía que cada uno tenía planes para hacerlo.
 
Esta observación parecería volvernos a la sombría desesperanza expresada por Krauss y Starkman. Nos lleva a preguntarnos: "¿Serán estos límites siempre necesarios?".
 

Conclusión: La Biblia revela los planes de Dios para la temporalidad más allá del tiempo

 
La ciencia avala lo que revela la Biblia: que algo o, más precisamente, Alguien realmente existe más allá de la materia, la energía, el espacio y el tiempo. La esperanza, el propósito y el destino humano están todos relacionados con esa realidad mayor. La Biblia presenta una realidad de "dos creaciones", un concepto completamente único del cristianismo. Mientras otros sistemas religiosos pueden prometer una especie de cielo o realidad alternativa, ese "paraíso" queda muy lejos de lo que la Biblia describe como "la nueva creación". Aun lo que Adán y Eva experimentaron en el Huerto del Edén antes que pecaran queda muy lejos de lo que Dios tiene preparado para su pueblo.
 
En vez de prometer el restablecimiento del paraíso, o Edén, la Biblia promete la liberación de nuestro hogar terreno, por maravilloso que pueda parecer. Si uno considera el espacio, el tiempo y la física del Huerto del Edén, uno ve el confinamiento de la humanidad, un conjunto de limitaciones que es removido en la nueva creación, así como el Árbol de la Vida fue removido de la vieja creación.
 
Este escenario de dos creaciones ofrece un punto de observación estimulante desde el cual ver el pasado, presente y futuro de la relación de Dios con la humanidad. La Biblia revela un universo y una Tierra preparados meticulosamente para la vida, y para la vida humana en particular, a lo largo de su extensa historia. Cuando los preparativos estuvieron completos, Dios creó a Adán y lo colocó en un Huerto paradisíaco, le dio instrucciones acerca de sus responsabilidades y creó una ayuda para él. Luego Dios permitió a Satanás entrar en ese Huerto. El Dios soberano, omnisciente y omnipotente podría haber prohibido que entrara Satanás, pero no lo hizo, si bien sabía exactamente lo que ocurriría.
 
Dios sabía que los humanos serían seducidos por el mal, que fallarían en la prueba de obediencia. Pero su plan estaba implementado. A través del poder del Hijo encarnado, Jesucristo, el "segundo Adán", expió el pecado, atravesando las fronteras de la materia, la energía, el espacio y el tiempo. El Espíritu Santo comenzó una nueva obra en los humanos (aquellos que aceptan el regalo de la redención de Dios), para liberarlos de las garras del mal y llevarlos a la expresión completa de su poder y amor.
 
Aun ahora la nueva creación está siendo preparada para aquellos humanos que, en la medida que el Espíritu les permite, cambian su propensión al pecado y aun sus mejores esfuerzos contra el pecado, por el regalo de Dios de la justicia por fe. Cuando se cumpla el propósito del tiempo, cuando el tiempo haya permitido a todo el pueblo elegido por Dios elegirlo a Él, el tribunal del Gran Trono Blanco se reunirá. En ese momento de juicio final, Dios atará permanentemente el mal, lo separará de su pueblo y traerá a su pueblo a su presencia, a lo que Él describe como una creación completamente nueva.
 
El anticipo que Él da muestra cuán nueva y diferente deberá ser. Su física es diferente. Su dimensionalidad es diferente. Su "geografía" es diferente. Su "temporalidad" es diferente. Dios la hace diferente para liberar a los humanos de los límites relacionales cósmicos. Dios estará con nosotros y nosotros con Él de una forma completamente nueva que excede, en palabras del apóstol Pablo, lo que nadie pueda siquiera "pensar o imaginar".34
 
En otras palabras, ninguna mente humana puede apreciar plenamente lo que será la segunda creación. La primera creación está diseñada perfectamente para prepararnos, a través de la obra redentora de Dios, para la creación que aún está por venir. La nueva creación nos permite vivir más allá de los límites cósmicos en la presencia de Dios. La nueva creación tiene un esplendor, una alegría, una belleza, un amor y una luz incomparables. Mirando este futuro, o mirando desde este futuro, nuestra existencia limitada por el espacio y el tiempo parecerá -ya no paradójicamente- infinitamente breve y, sin embargo, eternamente significativa.
 
C.S. Lewis ofrece este atisbo desde la última página del último libro de las Crónicas de Narnia: "Y para nosotros esto es el fin de todas las historias . . . Pero para ellos fue solo el principio de la verdadera historia. Toda su vida en este mundo . . . sólo había sido la tapa y la portada; ahora, por fin, estaban comenzando el Primer Capítulo de la Gran Historia, que nadie en la tierra ha leído: que sigue para siempre: en la que cada capítulo es mejor que el anterior".35
 
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La mayor evidencia de diseño

 
La Biblia dice aún más acerca de la expansión continua del universo que de su principio. Cinco autores diferentes del Antiguo Testamento -Job, el rey David, Isaías, Jeremías y Zacarías- escriben acerca de esta expansión característica.36
 
El salmista argumenta que el universo se ha expandido como una carpa que se despliega. Me gusta señalar que la realidad física de la carpa es la superficie de la carpa. Asimismo, los cosmólogos reconocen que la materia y la energía están distribuidas a lo largo de las cuatro dimensiones en expansión que forman la superficie del universo.37 (Seis de las diez dimensiones iniciales se desplegaron hasta sólo 10-35 metros).
 
Job, en particular, argumenta que sólo Dios es responsable de estirar los cielos. Las palabras de Job reciben una poderosa confirmación en la investigación reciente. Primero, un artículo de Lawrence Krauss38 predice el establecimiento de dos factores que gobiernan la expansión del universo: la densidad de masa que (debido a la gravedad) tendería a frenar la expansión, y la densidad de energía del espacio, que tendería a acelerarla.
 
Krauss afirma que este descubrimiento representa "el problema más extremo de ajuste fino conocido en la física". Al decir "problema", quiere decir que, a fin de explicar la posibilidad de la existencia de vida física en cualquier momento de la historia del universo, el valor de la densidad de masa del universo (el factor de la gravedad que gobierna la expansión) deberá tener un ajuste fino mejor que 1 parte en 1060. 39 Y la densidad de la energía del espacio deberá tener un ajuste fino mejor que 1 parte en 10120. 40 Este número representa el ajuste fino más extremo conocido en la física.
 
Entre las muchas (más de 40 a la fecha) características diferentes del universo que se sabe que requieren un ajuste fino para la posibilidad de la existencia última de la vida, estas dos -la densidad de masa (determinante de la gravedad) y la densidad de energía del espacio- encabezan la lista de las que tienen el mayor ajuste fino medible.41 Así que, cuando Job dice que sólo Dios estira los cielos, apunta a un Creador de un poder y atención a los detalles inimaginablemente grandes. Aparentemente, la existencia de los seres humanos era algo deseado.
 
En cuanto a que el universo se vuelva cada vez más frío, varios versículos de la Biblia tratan el fenómeno, al menos en forma indirecta. 42 Tal vez el más explícito sea Jeremías 33:25, que declara la fijeza de las leyes físicas que rigen la creación. Romanos 8 agrega que la ley de la descomposición (o corrupción) es algo que la creación entera debe soportar hasta "la adopción de los hijos". Hasta la redención del pueblo de Dios y la nueva creación, todo el universo está sujeto a esta ley de descomposición, una referencia aparente (especialmente para un físico) a la segunda ley de la termodinámica, que está vinculada íntimamente a las cuatro fuerzas fundamentales de la física.
 
A través de este y muchos otros pasajes, la Biblia da a entender que las leyes de la física son leyes fijas. La deducción es la siguiente: Si las leyes físicas son fijas, la termodinámica está fija. Según la termodinámica, una cámara en expansión siempre se enfría con la expansión. Si uno comprime la cámara, la temperatura del aire en la cámara se calienta. Los motores de los automóviles funcionan según este principio. Y se aplica a todo lo que hay en el universo. Dada la constancia de la física y la universalidad de la termodinámica, la Biblia afirma (indirectamente pero seguramente) el enfriamiento continuo del universo a medida que se expande.
 

Referencias

  1. Para una discusión en detalle, ver "Extra-Dimensionality and the New Creation," en Beyond the Cosmos: What Recent Discoveries in Astrophysics Reveal About the Glory and Love of God, rev. ed. (Colorado Springs, CO: NavPress, 1999), pp. 217-28.
  2. Hugh Ross, Beyond the Cosmos, pp. 73-79.
  3. Génesis 1:1; Salmos 148:5; Isaías 45:18; Hebreos 11:3; Génesis 2:3; Isaías 40:26; Juan 1:3; Génesis 2:4; Isaías 42:5; Colosenses 1:15-17.
  4. Hugh Ross and John Rea, "Big Bang-The Bible Taught It First!" Facts for Faith, quarter 3, 2000, pp. 28-29.
  5. Según explicó Bruce Waltke en sus Kenneth S. Kantzer Lectures in Systematic Theology, dadas del 8 al 10 de enero de 1991 en Trinity Evangelical Divinity School, Deerfield, IL, las palabras hebreas shāmayim y 'eresm, cuando se colocan juntas, forman una palabra compuesta que, como la palabra compuesta inglesa butterfly (mariposa - butter: mantequilla, fly: mosca) cobra un significado propio.
  6. ugh Ross, The Creator and the Cosmos: How the Greatest Scientific Discoveries of the Century Reveal God, 3d ed. (Colorado Springs, CO.: NavPress, 2001), p. 102.
  7. Roger Penrose, Shadows of the Mind: A Search for the Missing Science of Consciousness (New York: Oxford University Press, 1994), p. 230. "¡Esto hace que la relatividad general de Einstein, en este sentido particular, sea la teoría conocida por la ciencia que ha sido probada con mayor precisión!".
  8. Stephen W. Hawking and Roger Penrose, "The Singularities of Gravitational Collapse and Cosmology," Proceedings of the Royal Society of London A 314, no. 1519 (1970): pp. 529-48, resumen disponible de Internet, consultado el 23 de enero de 2004.
  9. Lawrence M. Krauss and Gelnn D. Starkman, "Life, the Universe, and Nothing: Life and Death in an Ever-Expanding Universe," Astrophysical Journal 531 (2000): pp. 22-30.
  10. Ruth A. Daly and S. G. Djorgovski, "A Model-Independent Determination of the Expansion and Acceleration Rates of the Universe as a Function of Redshift and Constraints on Dark Energy," Astrophysical Journal 597 (2003): pp. 9-20.
  11. La teoría de la relatividad especial de Einstein dice que nada puede ser acelerado más allá de la velocidad de la luz en ausencia del factor de densidad de la energía del espacio. No hay ningún límite a cuán rápidamente el factor de densidad de energía (también llamada energía oscura) puede acelerar el crecimiento de la superficie del universo.
  12. Krauss and Starkman "Life in the Universe," p. 29.
  13. Isaías 34:4.
  14. Apocalipsis 6:14.
  15. Mateo 24:35; Marcos 13:31; Lucas 21:33.
  16. Yu N. Mushurov and I. A. Zenina, "Yes, the Sun is Located Near the Corotation Circle," Astronomy & Astrophysics 341 (1999): pp. 81-85; J.R.D. Lépine, I.A. Acharova, and Yu. N. Mishurov, "Corotation, Stellar Wandering, and Fine Structure of the Galactic Abundance Pattern," Astrophysical Journal 589 (2003): pp. 210-16; Peter Hoppe et al., "Type II Supernova Matter in a Silicon Carbide Grain from the Murchison Meteorite," Science272 (1996): 1314-16. Yu N. Mishurov, J.R.D. Lepine, and I.A. Acharova, "Corotation: Its Influence on the Chemical Abundance Pattern of the Galaxy," Astrophysical Journal Letters 571 (2003): pp. L113-15.
  17. Salmos 19:1-4; Salmos 50:6; Salmos 97:6.
  18. Robert H. Dicke, "Dirac's Cosmology and Mach's Principle," Nature 192 (1961): p. 440.
  19. Hugh Ross, Creator and the Cosmos, p. 96.
  20. See Hugh Ross, Creator and the Cosmos, pp. 157-160.
  21. Freeman Dyson, "Energy in the Universe," Scientific American 224 (September 1971): p. 59.
  22. Paul Davies, The Cosmic Blueprint: New Discoveries in Nature's Creative Ability to Order the Universe (New York: Simon & Schuster, Touchstone, 1988), p. 203.
  23. Brandon Carter, "The Anthropic Principle and Its Implications for Biological Evolution," Philosophical Transactions of the Royal Society A 370 (1983): pp. 347-60.
  24. S. Sahijpal et al., "A Stellar Origin for the Short-Lived Nuclides in the Early Solar System," Nature391 (1998): pp. 559-61; G. J. Wasserburg, R. Gallino, and M. Busso, "A Test of the Supernova Trigger Hypothesis with 60Fe and 26Al," Astrophysical Journal Letters500 (1998): pp. L189-93; Peter Hoppe et al., "Type II Supernova Matter in a Silicon Carbide Grain from the Murchison Meteorite," Science272 (1996): pp. 1314-16.
  25. Neil F. Comins, What if the Moon Didn't Exist? Voyages to Earths That Might Have Been (New York: HarperCollins: 1993), pp. 2-8; H. E. Newsom and S. R. Taylor, "Geochemical Implications of the Formation of the Moon by a Single Giant Impact," Nature 338 (1989): pp. 29-34; Jack J. Lissauer, "It's Not Easy to Make the Moon," Nature 389 (1997): pp. 327-28; Sigeru Ida, Robin M. Canup, and Glen R. Stewart, "Lunar Accretion from an Impact-Generated Disk," Nature 389 (1997): pp. 353-57.
  26. Brandon Carter, "Anthropic Principle," pp, 347-60; also see John D. Barrow and Frank J. Tipler, The Anthropic Cosmological Principle (New York: Oxford University Press, 1986), p. 566.
  27. Barrow and Tipler, Anthropic Cosmological Principle, pp. 556-70.
  28. Juliana Sackmann and Arnold I. Boothroyd, "Our Sun V. A Bright Young Sun Consistent with Helioseismology and Warm Temperatures on Ancient Earth and Mars," Astrophysical Journal 583 (2003): pp. 1024-39.
  29. Para una discusión de este proceso, ver Hugh Ross, " The Faint Sun Paradox," Facts for Faith, quarter 3, 2002, pp. 28-33; ver también "The Faint Sun Paradox," Reasons To Believe, disponible de Internet; consultado el 27 de febrero de 2004.
  30. Robert G. Brakenridge, "Terrestrial Paleoenvironmental Effects of a Late Quaternary-Age Supernova," Icarus 46 (1981), pp. 81-93.
  31. James F. Crow, "The Odds of Losing at Genetic Roulette," Nature 397 (1999): p. 293.
  32. Hugh Ross, " Anthropic Principle: A Precise Plan for Humanity," Facts for Faith, quarter 1, 2002, pp. 24-30; ver también "A Precise Plan for Humanity," Reasons To Believe, disponible de Internet; consultado el 27 de febrero de 2004.
  33. El texto de Génesis en el que Dios describe el gran aumento de dolor al tener hijos podría referirse no sólo al dolor físico sino también a un dolor más allá de mundo físico, un dolor que afecta a madres y padres. Ese dolor viene de saber anticipadamente que los preciosos hijos que uno tiene tienen libre albedrío y una naturaleza de pecado que sin duda se expresará, y que sus hijos serán afectados inevitablemente por el pecado de otros. Esta es una comprensión terrible, un dolor más severo, según mi esposa, que cualquier dolor de nacimiento corporal.
  34. 1 Corintios 2:9.
  35. C. S. Lewis, The Last Battle (New York: MacMillan, 1956), pp. 173-74.
  36. Job 9:8; Isaías 42:5; Isaías 48:13; Jeremías 51:15; Salmos 104:2; Isaías 44:24; Isaías 51:13; Zacarías 12:1; Isaías 40:22; Isaías 45:12; Jeremías 10:12.
  37. Las cuatros dimensiones en expansión son el largo, el ancho, la altura y el tiempo.
  38. Lawrence M. Krauss, "The End of the Age Problem, and the Case for a Cosmological Constant Revisited," Astrophysical Journal 50l (1998): p. 461.
  39. Krauss, "End of the Age Problem," p. 465.
  40. Krauss, "End of the Age Problem," p. 465.
  41. Ver Hugh Ross, " Fine-Tuning for Life in the Universe," Reasons To Believe, disponible de Internet; consultado el 26 de febrero de 2004.
  42. Génesis 1:1, 2; Eclesiastés 1:3-15; Romanos 8:18-23; Génesis 2:5, 6; Jeremías 33:25; Apocalipsis 21:1 a 22:5.


Introducción

¿Qué significa a nivel humano que un ingeniero diseñe un producto? En gran escala, ¿qué significaría decir que el universo es producto de un diseñador inteligente? ¿Y qué evidencia hay para apoyar esta afirmación? ¿Qué rasgos del universo sugieren que hay un "hogar" que ha sido elaborado cuidadosamente para nuestro beneficio? William Paley, en su obra clásica Natural Theology (1802), brindó evidencia tomada tanto de las ciencias físicas como de las biológicas a favor de un universo diseñado, pero la fortaleza de su argumento a favor del diseño estaba limitada por el conocimiento científico de su tiempo, y fue cuestionada posteriormente por la teoría de la evolución de Darwin. Sin embargo, los descubrimientos en astronomía y cosmología de la última mitad de siglo XX han provisto evidencia sumamente convincente a favor de un universo diseñado. Mi propósito en este artículo es brindar una indicación clara de lo que significa el diseño y luego resumir la base objetiva de la cosmología que indica que nuestro universo ciertamente está diseñado en forma única como un hábitat para la vida en general y para los humanos en particular.
 

¿Qué hace un ingeniero cuando diseña algo?

Para lograr entender lo que hacen los ingenieros cuando diseñan productos para los clientes, déjeme primero darle un ejemplo sencillo de cómo interactuamos con nuestro mundo cuando configuramos los sucesos físicos con un propósito. Suponga que quiero arrojar una bomba de agua desde la torre inclinada de Pisa a un amigo que está caminando en la plaza abajo (y no a otros turistas). Usando las ecuaciones que descubrió Newton para el movimiento y la atracción gravitatoria, yo podría describir el descenso de la bomba de agua hasta la plaza con la siguiente relación algebraica sencilla:
 
  H(t) = h0 - (G m / r2 ) t2 /2 - v0 t
(1)
 
donde "G" es una constante universal que indica el valor de la fuerza de atracción gravitatoria, "m" y "r" son la masa y el radio de la tierra respectivamente, y "h0" y "v0" son la altura de la torre desde donde voy a arrojar la bomba y la velocidad vertical con la que la arrojo. Teniendo definidas estas constantes y estas condiciones iniciales, puedo entonces calcular la altura de la bomba de agua. H(t) da la altura calculada de la bomba de agua en función del tiempo "t" desde cuando la arrojé. Esta ecuación puede ser usada para garantizar que mi bomba llegará a la plaza en el momento justo como para pegarle a mi amigo. Todo lo que tengo que hacer es determinar en qué instante mi amigo paseante estará exactamente debajo de mí en la plaza, y entonces puedo usar la Ec. 1, para determinar la velocidad inicial con la que necesito arrojar la bomba. Simplemente dejar caer la bomba está bien también; basta poner v0 = 0 y resolver para obtener el momento correcto para dejar caer la bomba. La precisión con la que debo especificar la velocidad de la bomba arrojada depende de la forma matemática de la Ec. 1, los valores especificados para la constante universal G y la condición inicial h0. Con la simple forma matemática de la Ec. 1, la constante de la fuerza de gravedad G y la altura de la torre inclinada de Pisa, tendría que ser relativamente fácil pegarle a mi amigo.
 
Los tres factores que son esenciales para predecir el movimiento de la bomba de agua desde la torre inclinada hasta la plaza abajo ilustran los factores que generalmente son necesarios para brindar resultados determinados en el trabajo de ingeniería: (1) la forma matemática que asume la naturaleza (como se ilustra en la Ec.1); (2) los valores de las constantes universales (G en Ec. 1); y (3) las condiciones de borde, que incluyen la altura "h0" de la torre desde donde arrojo la bomba y la velocidad inicial "v0" con la cual arrojo la bomba. Los términos "m" y "r" pueden considerarse como las condiciones de borde adicionales que son propias de la ubicación de la torre sobre la superficie de la tierra (en vez de algún otro lugar del universo). El ingeniero no tiene ningún control sobre las leyes de la naturaleza y las formas matemáticas que asumen. Tampoco tiene control alguno el ingeniero sobre las constantes universales, como la constante de la fuerza de gravedad. El ingeniero sólo puede fijar las condiciones de borde, que se hace mediante dibujos de ingeniería que especifican exactamente cómo será el artefacto una vez fabricado.
 
Ilustremos este proceso de diseño con los requisitos (o condiciones de borde) que deben especificarse cuando un ingeniero diseña un automóvil. Debe determinar cuidadosamente las condiciones bajo las cuales la energía química en la gasolina será liberada y convertida en momento de torsión en las ruedas del auto. Cada dimensión de cada pieza del motor, por ejemplo, es crítica para que las piezas trabajen en conjunto en forma armoniosa. El tamaño absoluto y la forma de las piezas (a diferencia del tamaño relativo para que encajen unas con otras) depende de las fuerzas a ser desarrolladas y transmitidas, que a su vez dependen del peso del auto y la velocidad que alcanzará cuando esté funcionando. El peso depende del tamaño, que a su vez depende de la cantidad de pasajeros y equipaje que llevará el auto. Estos factores luego determinan el tamaño de los cilindros y los pistones a ser usados en el motor y la proporción de gasolina inyectada en estos cilindros. Los sistemas de frenos y de suspensión tienen que ser dimensionados independientemente para que coincidan con los requisitos de peso, así como las especificaciones de las cubiertas. Note cuántas especificaciones están relacionadas entre sí y, por lo tanto, no pueden ser asignadas independientemente. Cuanto mayor es esta interdependencia de las condiciones de borde, más complejos y exigentes son los requisitos de diseño. Pequeños errores en la especificación de cualquiera de estos requisitos producirán un auto con un desempeño muy inferior o, peor aún, un auto que no funciona para nada.
 
En las próximas secciones vamos a analizar si el universo tiene estas características esenciales que asociamos con el diseño. Los resultados determinados en el mundo natural dependen de (1) la forma matemática que asume la naturaleza; (2) los valores de las constantes universales; y (3) las condiciones iniciales, o condiciones de borde. Mientras los ingenieros sólo pueden fijar las condiciones de borde, la aptitud de universo como un hábitat para la vida en general y para los seres humanos en particular depende de las tres características. Por lo tanto, consideraremos cómo cada uno de estos requisitos aparece como esencial para la creación de un hábitat natural adecuado para la vida.
 

La asombrosa forma matemática que asume la naturaleza

La matemática es una actividad intelectual abstracta que comenzó en Grecia en el siglo VI a.C con Pitágoras y fue desarrollada por Euclides y Aristóteles. Sus estudios comenzaron con línea rectas y círculos y se extendieron a elipses, creadas por el seccionamiento de conos. En el siglo III a.C., Apolonias de Perga escribió ocho tomos monumentales dedicados a estas curvas, describiendo sus propiedades como "milagrosas." Sin embargo, nunca se les ocurrió a estos matemáticos que estas formas abstractas hermosas de la matemática eran en realidad descripciones de fenómenos del mundo real. Imagine el alborozo de Johannas Kepler (1571-1630) unos dieciocho siglos después, cuando descubrió que las órbitas de los planetas alrededor del sol se ajustaban a estas mismas formas matemáticas hermosas pero abstractas. Kepler señaló:
 
"El principal objetivo de todas las investigaciones del mundo exterior debería ser descubrir el orden racional y la armonía que le ha sido impuesto por Dios y que Él nos ha revelado en el lenguaje de la matemática."
 
Galileo Galilei (1564-1642) señaló que "las leyes de la naturaleza están escritas con la mano de Dios en el lenguaje de la matemática." Morris Kline, en su libro Mathematics: The Loss of Certainty (La matemática: la pérdida de la certeza - 1980) señala que los matemáticos religiosos del siglo XVI y XVII, incluyendo a Newton, Galileo, Kepler y Copérnico, creían que el universo era ordenado y, por lo tanto, estaba descrito por la matemática, porque un Dios racional lo construyó así. Kline dice que estos científicos/matemáticos creían que:
 
"Dios había diseñado el universo, y era de esperar que todos los fenómenos de la naturaleza siguieran un plan maestro. Una mente que diseñara un universo seguramente habría empleado un conjunto de principios básicos para regir todos los fenómenos relacionados."
 
Aun estos cristianos devotos se hubieran sorprendido indudablemente de saber que todos los fenómenos increíblemente variados que vemos en la naturaleza son el resultado de una cantidad tan pequeña de leyes físicas-cada una de las cuales asume una forma matemática sencilla-que pueden ser escritas todas en un lado de una hoja, como vemos en la Tabla 1.
 
Tabla 1: Leyes fundamentales de la naturaleza
Mecánica (ecuaciones de Hamilton)
 
Electrodinámica (ecuaciones de Maxwell)
 
 
Mecánica estadística (ecuaciones de Boltzmann)
 
 
Mecánica cuántica (ecuaciones de Schrödinger)
 
 
Relatividad general (ecuación de Einstein)
 
 
 
El físico Eugene Wigner, en un ensayo ampliamente citado titulado The Unreasonable Effectiveness of Mathematics in the Physical Sciences (La efectividad irrazonable de la matemática en las ciencias físicas - Comm. Pure and Appl. Math, 1960) señala que los científicos en general dan por sentado la efectividad notable y aun milagrosa de la matemática para describir el mundo real. En palabras de Wigner:
 
"La tremenda utilidad de la matemática es algo que bordea lo misterioso... No hay ninguna explicación racional para esto... El milagro de lo adecuado del lenguaje de la matemática para la formulación de las leyes de la física es un regalo asombroso que ni entendemos ni merecemos..."
 
Albert Einstein, en una carta a un amigo (1956, Lettres a Maurice Solovine), al comentar acerca de la comprensibilidad matemática del mundo, señaló:
 
"Tal vez le parezca extraño que yo considere la comprensibilidad del mundo al punto que podemos hablar de esta comprensibilidad como un milagro o un misterio eterno. Bueno, a priori uno debería esperar un mundo caótico, que no pueda ser comprendido de ninguna forma mediante el pensamiento... El tipo de orden creado, por ejemplo, por la teoría de la gravedad de Newton es de una especie bastante diferente. Si bien los axiomas de la teoría son postulados por un ser humano, el éxito de una empresa tal presupone un orden en el mundo objetivo de un alto grado, que a priori uno no tiene ningún derecho de esperar. Ese es el milagro que se vuelve cada vez más persuasivo con el desarrollo creciente del conocimiento."
 
A diferencia de Einstein y Wigner, pero de acuerdo con Newton y sus contemporáneos, muchos físicos modernos consideran que la forma matemática asombrosa que asume la naturaleza es una evidencia de un diseñador/creador inteligente-es decir Dios más que un misterio. Por ejemplo, el distinguido físico ruso, Alexander Polykov, señala que: "Sabemos que la naturaleza está descrita por la mejor matemática posible porque Dios la creó." El astrofísico australiano, Paul Davies, dice: "Las ecuaciones de la física tienen en ellas una simplicidad, una elegancia y una belleza increíbles. Eso en sí mismo es suficiente para probarme a mí que debe haber un Dios que es responsable de estas leyes y responsable del universo."
 
Pero la forma matemática por sí sola es insuficiente para garantizar un universo que sea un hábitat adecuado. La forma matemática particular también es crítica. Por ejemplo, es esencial que la forma matemática provea sistemas estables al nivel atómico o cósmico. Las soluciones de las ecuaciones de Hamilton para la mecánica no relativista newtoniana y para la teoría general de la relatividad de Einstein en la Tabla 1 para un sol con planetas sería inestable, a menos que la energía potencial gravitatoria sea proporcional a r-1, un requisito que sólo se cumple para un universo con tres dimensiones espaciales. Para que la solución de la ecuación de Schrödinger (Tabla 1) para el átomo de hidrógeno dé niveles de energía estables y limitados, nuevamente se requiere un universo con tres (o menos) dimensiones espaciales. Las ecuaciones de Maxwell (Tabla 1) también sólo son válidas para un universo de tres dimensiones espaciales. Además, Courant y Hilbert (1962, Methods of Mathematical Physics - Métodos de la física matemática) han encontrado que la transmisión de señales electromagnéticas o acústicas de alta fidelidad están optimizadas en nuestro universo tridimensional, al decir:
 
"...este mundo nuestro, en el cual las señales acústicas o electromagnéticas son la base de la comunicación, parece haber sido escogido entre los modelos matemáticamente concebibles por su simplicidad y armonía."
 
En resumen, está claro que el carácter matemático específico de nuestro universo es esencial para que sea un hábitat adecuado para la vida; sin embargo, la razón por la que la naturaleza tiene esta forma matemática es problemática desde una metafísica naturalista.
 

El misterio de las constantes cosmológicas

Hay ciertas constantes universales que son una parte esencial de nuestra descripción matemática del universo. Encontramos una lista parcial en la Tabla 2, e incluye la contante de Planck (h), la velocidad de la luz (c), la constante de la fuerza de la gravedad (G), la masa del protón, del electrón, del neutrón, la carga unitaria del electrón o del protón, las constantes de la fuerza débil, de la fuerza nuclear fuerte y de acople electromagnético, y la constante de Boltzmann (k). Cuando se desarrollaron los modelos cosmológicos por primera vez a mediados del siglo XX, se suponía ingenuamente que la selección de un conjunto dado de constantes no era crítica para la formación de un hábitat adecuado para la vida. Los estudios posteriores de los parámetros que hicieron variar las constantes en forma sistemática han demostrado que cambios en cualquiera de las constantes produciría un universo dramáticamente diferente que no sería adecuado para la vida en ninguna forma imaginable.
 
Se han escrito mucho libros en los últimos diez años para detallar esta característica asombrosa de nuestro universo, a saber, que las constantes universales tienen que estar "justo a punto" para tener un universo apto para la vida. Una lista parcial incluye The Anthropic Cosmological Principle (El principio cosmológico antrópico) de Barrow y Tipler (1986), Universes (Universos) de John Leslie (1989), The Accidental Universe (El universo accidental) (1982), Superforce (Superfuerza) (1984) y The Cosmic Blueprint (El plano cósmico) (1988) de Davies, Cosmic Coincidences (Coincidencias cósmicas) de Gribbin y Rees, The Anthropic Principle (El principio antrópico) de Reinhard Breuer (1991), Universal Constants in Physics (Constantes universales de la física) de Gilles Cohen-Tannoudji (1993), The Creation Hypothesis (La hipótesis de la creación) editado por J.P. Moreland (1994) y Mere Creation (Mera creación) editado por William Dembski (1998). Voy a ilustrar este requisito de estar "justo a punto" para las diversas constantes universales y propiedades de la materia mediante varios ejemplos.
 
Tabla 2: Constantes universales
Constantes universales
 
 
Masa de las partículas elementales
 
 
Constantes de la estructura fina
 
 
Constantes universales
Boltzman's constant
Constante de Boltzman
Planck's constant
Constante de Planck
Speed of light
Velocidad de la luz
Gravitational constant
Constante gravitacional
Masa de las partículas elementales
Pion rest mass/energy
Masa/energía del pión en reposo
Neutron rest mass/energy
Masa/energía del neutrón en reposo
Electron rest mass
Masa del electrón en reposo
Proton rest mass
Masa del protón en reposo
Unit charge
Carga unitaria
Mass-energy relation
Relación masa-energía
Constantes de la estructura fina
Gravitation fine structure constant
Constante de la estructura fina gravitatoria ("Alfa-S")
Fine structure constant of the weak interaction
Constante de la estructura fina de la interacción débil ("Alfa-W")
Electromagnetic fine structure constant
Constante de la estructura fina electromagnética ("Alfa-E")
Fine structure constant of the strong interaction
Constante de la estructura fina de la interacción fuerte ("Alfa-S")
 
Constantes de la estructura fina-Cada una de las cuatro fuerzas de la naturaleza puede ser expresada adimensionalmente a fin de poder expresar sus fuerzas relativas según actúan en la naturaleza de una forma que facilite la comparación. Estas se resumen en la Tabla 2, y puede verse que varían en 1041, o 41 órdenes de magnitud (10 con 40 ceros adicionales después). Sin embargo, un cambio mínimo en cualquiera de estas constantes produce cambios dramáticos en el universo que lo convierten en inadecuado para la vida. Hay varios ejemplos que ilustran esta naturaleza de "ajuste fino" de nuestro universo.
 
Se ha encontrado que la magnitud relativa entre la fuerza de gravedad y la fuerza electromagnética es crucial por múltiples razones. Note en la Tabla 2 que la fuerza electromagnética es 1038 veces mayor que la fuerza de la gravedad. Es la fuerza de gravedad la que junta a los protones en las estrellas haciendo que se fusionen entre sí con la consiguiente liberación de energía. La fuerza electromagnética hace que se rechacen. Debido a que la fuerza de gravedad es tan débil en comparación con la fuerza electromagnética, la velocidad a la cual las estrellas "arden" por fusión es muy lenta, lo que permite que las estrellas provean una fuente de energía estable durante un período muy largo. Si esta relación hubiera sido de 1032 en vez de 1038 (es decir, la gravedad fuera mucho mayor), las estrellas serían mil millones de veces menos grandes, y arderían un millón de veces más rápido.
 
La distribución de frecuencia de la radiación electromagnética producida por el sol también es crítica, ya que necesita estar sintonizada con las energías de los enlaces químicos en la tierra. Si los fotones de la radiación fueran demasiado energéticos (demasiada radiación ultravioleta), entonces los enlaces químicos se destruirían y las moléculas serían inestables; si los fotones fueran demasiado débiles (demasiada radiación infrarroja), entonces las reacciones químicas serían demasiado lentas. La radiación producida depende de un equilibrio delicado entre la fuerza electromagnética (alfa-E) y la fuerza de gravedad (alfa-G), con la relación matemática que incluye (alfa-E)12, lo que hace que la especificación de la fuerza electromagnética sea especialmente crítica. Por otro lado, la energía de enlace químico proviene de cálculos mecánicos cuánticos que incluyen la fuerza electromagnética, la masa del electrón y la constante de Planck. Por lo tanto, todas estas constantes tienen que ser dimensionadas en su relación mutua a fin de ofrecer un universo en el cual la radiación esté sintonizada con las reacciones químicas necesarias que son esenciales para la vida.
 
Otra coincidencia interesante de ajuste fino es que el espectro de emisión para el sol no sólo tiene un pico en un nivel de energía que es ideal para facilitar la reacción química sino que también tiene un pico en la ventana óptica para el agua. El agua es 107 veces más opaco a la radiación ultravioleta e infrarroja que a la radiación en el espectro visible (lo que llamamos luz). Dado que el tejido vivo en general y los ojos en particular están compuestos mayormente por agua, la comunicación por la vista sería imposible si no fuera por el hecho que esta ventana única de la transmisión de la luz por el agua concuerda con la radiación del sol. Sin embargo, esta concordancia requiere una determinación cuidadosa de los valores de las constantes de la fuerza de gravedad y la fuerza electromagnética, además de la constante de Planck y la masa del electrón.
 
A continuación, considere el valor de la fuerza nuclear fuerte. El elemento más crítico de la naturaleza para el desarrollo de la vida es el carbono. Sin embargo, ha resultado aparente recientemente que la abundancia del carbono en la naturaleza es el resultado de un equilibrio muy preciso de la fuerza nuclear fuerte y la fuerza electromagnética, que determina los niveles de energía cuánticos de los núcleos. Sólo están permitidos ciertos niveles de energía para los núcleos y estos pueden considerarse como escalones de una escalera. Si la masa-energía de dos partículas que chocan da como resultado una masa-energía combinada que es igual o ligeramente menor que un nivel de energía permisible en la "escalera cuántica," entonces los dos núcleos se adherirán fácilmente o se fusionarán en la colisión, y la diferencia de energía necesaria para alcanzar el escalón será provista por la energía cinética de las partículas que chocan. Si este nivel de masa-energía para las partículas que se combinan es exactamente el correcto, o "justo a punto," entonces se dice que las colisiones tienen resonancia, lo cual significa una alta eficiencia de las colisiones que generan la fusión de la partículas que chocan. Si la masa-energía combinada da como resultado un valor que es ligeramente mayor que uno de los niveles de energía permisibles en la "escalera de energía," entonces las partículas simplemente rebotarán entre sí en vez de adherirse o fusionarse. Hoyle (1970) predijo la existencia del nivel de energía de resonancia desconocido del carbono, y posteriormente se encontró que existía. La fusión del helio y el berilio arroja un valor de masa-energía que es 4% menor que la energía de resonancia del carbono, que es compensado fácilmente por la energía cinética. De igual importancia fue el descubrimiento de que la masa-energía para la fusión del carbono con el helio era 1% mayor que el nivel de energía cuántico en la "escalera de energía" para el oxígeno, lo cual hace que esta reacción sea bastante desfavorable. Por lo tanto, casi todo el berilio se convierte en carbono, pero sólo una pequeña fracción del carbono es convertida inmediatamente a oxígeno. Estos dos resultados exigen la especificación del valor relativo de la fuerza nuclear fuerte y la fuerza electromagnética dentro de ~1%, lo cual es verdaderamente asombroso teniendo en cuenta su grandes valores absolutos y su diferencia en un factor de 100X, como vemos en la Tabla 2.
 
En forma más general, un aumento del 2% de la fuerza nuclear fuerte con relación a la fuerza electromagnética dejaría al universo sin hidrógeno, sin estrellas de larga duración que consumen hidrógeno y sin agua (que es una molécula compuesta por dos átomos de hidrógeno y un átomo de oxígeno), el solvente último para la vida. Una disminución de sólo 5% de la fuerza nuclear fuerte con relación a la fuerza electromagnética impediría la formación de deutones a partir de la combinación de protones y neutrones, lo que a su vez impediría la formación de todos los núcleos más pesados a través de la fusión de deutones para formar helio, la fusión del helio con el helio para formar berilio, y así sucesivamente. Rozental (1980) estima que la fuerza nuclear fuerte tuvo que ser entre 0,8 y 1,2 veces su valor actual para que hubiera deutones y todos los elementos de peso atómico 4 o superior.
 
Si la constante de acople de la fuerza débil (ver Tabla 2) fuera ligeramente mayor, los neutrones se descompondrían más rápidamente, reduciendo la producción de deutones y, por lo tanto, de helio y de elementos con núcleos más pesados. Por otra parte, si la constante de acople de la fuerza débil fuera ligeramente menor, el big bang habría consumido casi todo el hidrógeno convirtiéndolo en helio con el resultado final de un universo con poco o nada de hidrógeno y en cambio muchos elementos pesados. Esto no habría dejado ninguna estrella de larga duración y ningún elemento compuesto que contenga hidrógeno, especialmente agua. Breuer (1991) señala que la mezcla aproximada de hidrógeno y helio para proveer elementos compuestos que contengan hidrógeno, estrellas de larga duración y elementos más pesados es de aproximadamente 75% hidrógeno y 25% helio, que es justamente lo que encontramos en nuestro universo. Este equilibrio exige que la constante de acople de la fuerza débil (alfa-W) sea proporcional a la constante de acople de la fuerza de gravedad (alfa-G) en la siguiente proporción: (alfa-W)4 ~ (alfa-G), que podemos ver en la Tabla 2 que se cumple en la realidad.
 
Esta es sólo una lista ilustrativa pero no exhaustiva de ejemplos de coincidencias cósmicas que claramente demuestran que las cuatro fuerzas de la naturaleza han sido dimensionadas cuidadosamente para dar un universo que provee fuentes de energía de larga duración y una variedad de bloques constructivos atómicos que son necesarios para la vida. Se detallan muchos otros ejemplos en los libros citados, algunos de los cuales son bastante cómicos. Por ejemplo un valor más grande de la gravedad haría más probable que al caer nos quebremos debido a la fuerza de gravedad mucho mayor. Pero ¿qué deberíamos pensar acerca de partículas elementales y otras constantes universales como la velocidad de la luz y la constante de Planck? ¿Acaso también tiene que estar especificados muy precisamente?
 
Las masas de las partículas elementales y otras constantes universales-Ha sido sorprendente saber que las masas de las partículas elementales también deben ser especificadas muy cuidadosamente en su relación mutua y también con relación a las fuerzas de la naturaleza. Por ejemplo, Stephen Hawking (1980) ha señalado que la diferencia entre la masa del neutrón y la masa del protón debe ser aproximadamente dos veces la masa del electrón. La masa-energía del protón es de 938,28MeV, la masa-energía del electrón es de 0,51MeV, y el neutrón pesa 939,57 MeV. Si la masa-energía del protón más la masa-energía del electrón no fuera levemente menor que la masa-energía del neutrón, entonces los electrones se combinarían con los protones para formar neutrones, y toda la estructura atómica colapsaría, dejando un mundo de neutrones solamente. Si esta diferencia fuere mucho mayor, entonces todos los neutrones se descompondrían en protones y electrones, dejando un mundo de hidrógeno solamente, ya que los neutrones son necesarios para permitir que los protones se combinen para construir núcleos más pesados y los elementos asociados. Como están las cosas, el neutrón tiene justo el peso suficiente como para asegurar que el big bang haya generado un neutrón por cada siete protones, permitiendo una provisión abundante de hidrógeno como combustible para las estrellas y suficientes neutrones como para construir los elementos más pesados del universo. De nuevo, los valores relativos precisos para las masas de estas partículas elementales son considerados críticos para proveer un universo con fuentes de energía de larga duración y diversidad de elementos.
 
Brandon Carter (1970) ha provisto ejemplos de otras relaciones esenciales de las masas de partículas elementales a fin de permitir la formación de elementos más pesados en la naturaleza: la fuerza fuerte debe estar relacionada con la masa del neutrón y la masa del pión por (alfa-S)2 ~ 2 (masa del neutrón/masa del pión); la constante de la estructura fina electromagnética (alfa-E) ~ [(masa del neutrón) - (masa del protón)] / (masa del pión); y la estructura fina de la fuerza nuclear fuerte debe obedecer (alfa-S)2 ~ 1 / (9 alfa-E). La Tabla 2 puede ser usada para mostrar que cada uno de estos requisitos se cumple en la realidad. Es notable que se satisfagan todos estos requisitos, a pesar del hecho que estas masas y fuerzas parecen ser independientes en su asignación y no están conectados causalmente. Podrían afirmarse también requisitos adicionales para h, k, c y otras constantes.
 
Concluiremos esta sección sobre las coincidencias cosmológicas permitiendo que varios científicos distinguidos den su opinión acerca de las observaciones reseñadas más arriba. Por ejemplo, Freeman J. Dyson dice:
 
"Cuando miramos afuera hacia el universo e identificamos los muchos accidentes de la física y la astronomía que han resultado en nuestro beneficio, casi parece como si el universo debe haber sabido en alguna forma que estábamos llegando nosotros."
 
El ganador del premio Nobel, Arno Penzias, hace esta observación acerca del carácter enigmático del universo:
 
"La astronomía nos lleva a este evento único, un universo que fue creado de la nada y que está equilibrado delicadamente para proveer exactamente las condiciones requeridas para sustentar la vida. En la ausencia de un accidente absurdamente improbable, las observaciones de la ciencia moderna parecen sugerir un plan subyacente que podríamos llamar sobrenatural."
 
Sir Fred Hoyle, el famoso astrónomo británico que al principio (1951) argumentaba que las coincidencias eran sólo eso, coincidencias, para 1984 había cambiado de opinión, según se desprende de esta cita:
 
"Estas propiedades parecer atravesar la trama del mundo natural como una hebra de felices coincidencias. Pero hay tantas coincidencias extrañas esenciales para la vida que parecen exigir alguna explicación para justificarlas."
 

Los requisitos asombrosos para las condiciones iniciales

La forma matemática específica que asume la naturaleza y los valores altamente específicos de las diversas constantes universales y las masas de las partículas elementales no puede explicar por sí solos nuestro hábitat y la vida. Todo esto podría haber sido hecho de forma elegante, como ocurrió y explicamos arriba, y aun así la vida no hubiera ocurrido si las condiciones de borde en ciertos puntos críticos no hubieran sido fijados adecuadamente. En esta sección, discutiremos las condiciones iniciales para el big bang. Existe un problema similar para el origen de la vida y para la explosión del Cámbrico, pero dejaremos la discusión de estos temas para artículos más detallados en otra parte de esta edición especial.
 
El problema de valores de borde (o condiciones iniciales) fundamental con el big bang es el carácter crítico de la velocidad inicial. Si esta velocidad hubiera sido demasiado grande, la materia en el universo se habría expandido demasiado rápidamente y nunca se habrían formando los planetas, las estrellas y las galaxias. Si la velocidad inicial hubiera sido demasiado baja, el universo se habría expandido sólo por un tiempo breve y luego habría colapsado rápidamente bajo la influencia de la gravedad. Los modelos cosmológicos bien aceptados nos dicen que la velocidad inicial debe estar especificada con una precisión de 1 / 1055. Este requisito parece superar largamente a la casualidad y ha sido el impulso para alternativas creativas, más recientemente el modelo inflacionario del big bang. Sin embargo, la inflación misma parece exigir un ajuste fino para que ocurra y para que arroje irregularidades ni demasiado pequeñas ni demasiado grandes para que se formen las galaxias. Inicialmente, se estimaba que dos componentes de una constante cosmológica impulsora de la expansión debían cancelarse entre sí con una precisión mejor que 1 parte en 1050. Más recientemente, en Scientific American (enero de 1999), se afirma que la precisión requerida es de 1 parte en 10123. Además, la relación entre la energía gravitatoria y la energía cinética debe ser igual a 1,000000 con una variación de 1 parte en 100.000. Esta es un área de investigación activa en este momento y estos valores podrían cambiar con el tiempo. Sin embargo, parece que los requisitos esenciales de las condiciones de borde altamente especificadas estarán presentes para cualquier modelo que sea confirmado finalmente para el origen de big bang del universo.

Resumen

Mi ejemplo inicial de diseño era uno muy sencillo que involucraba una sola ley física, una constante universal y dos condiciones iniciales que podían ser determinadas de forma tal que mi bomba de agua llegara sobre la plaza de la torre inclinada de Pisa en el momento justo como para pegar a mi amigo paseante. Este es un problema de diseño relativamente sencillo. Sin embargo, para que el universo tuviera estrellas que generaran una diversidad de elementos, que proveyeran fuentes de energía a largo plazo con una radiación de longitud de onda adecuada para facilitar las reacciones químicas, y satisfacer muchos otros requisitos de un hábitat adecuado para la vida y para el origen de la vida, la forma matemática de las leyes de la naturaleza, las 19 constantes universales (no todas listadas en la Tabla 2), y muchas condiciones iniciales deben estar "JUSTO A PUNTO." Muchos de estos requisitos están interrelacionados. Por ejemplo, el requisito de la velocidad inicial está relacionado con el valor de la fuerza de gravedad. Hay tantos requisitos distintos interrelacionados que parece difícil imaginar cómo todos estos resultaron "accidentalmente" como necesitaban ser. Debido a los muchos requisitos cruzados, parece improbable que haya un conjunto alternativo de valores para estas constantes que "funcione." Además, los valores necesarios abarcan treinta órdenes de magnitud (1030), lo cual hace que su "selección" correcta accidental sea mucho más notable. Es bastante fácil comprender por qué tantos científicos han cambiado de opinión en los últimos 30 años, y están de acuerdo en que se requiere una gran dosis de fe para creer que el universo puede ser explicado como nada más que un accidente cósmico fortuito. La evidencia a favor de un diseñador inteligente se vuelve más convincente cuanto más comprendemos acerca de nuestro hábitat cuidadosamente fabricado.

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